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miércoles, 28 de diciembre de 2016



Como costumbre me metí a bañar, acababa de llegar a casa y siempre el agua hirviendo hace bien a mi cansado cuerpo. Empecé a quitarme los pantalones los cuales me quedan apretadísimos, y después de luchar contra ellos se dispusieron a salir de entre mis piernas y tobillos. Pasé a colgarlos como lo hago con toda ropa sucia para al salir del baño recogerla sin problema, saqué la blusa por mis brazos y mis pezones se endurecieron por el frío percibido, bajé mis bragas, mi vulva estaba entumecida al igual que el resto de mi cuerpo pues ya la piel se me había puesto de gallina, entré a la regadera mientras el vapor del agua ya se hacía visible; a decir verdad, disfruto demasiado tomar baños así de calientes. Mi cuerpo suele estremecerse como a la vez también relajarse, yo lo disfruto demasiado.

Es excitante obtener ese delicado roce y salvajismo de la hirviente agua que cae sobre mi cuerpo generándole un enrojecimiento a mis pechos que es donde más lo noto ya que al observar hacia abajo  mi mirada es con lo primero que se topa, lucen bien.

Después de 15 minutos de relajación y de higiene personal, tomé la toalla para secarme, temblaba del frío, me la enredé para cubrir las partes de mi cuerpo y salí de ahí, ya limpia y tranquila pero con el cabello mojado escurriéndose, eso entumecía mi cuello solo quería entrar a mi recámara y posarme bajo las colchas a espera del calor necesitado.

La casa estaba sola y al salir noté rápidamente a un extraño indagando en la cocina, no se le miraba el rostro porque un pasamontaña se la cubría, típico de los tíos ladrones. Era alto, un poco robusto, sus manos eran grandes, vestía con pantalones un poco deslavados y una chamarra oscura ah y casi lo olvidaba, portaba botas negras, no elegantes, me imagino que eran esas llamadas “puntas de fierro” lo que le daba una apariencia ruda y faltaba menos; interesante.

Ah decir verdad no sentí gran miedo, era más la pena de estar desnuda bajo una húmeda toalla, misma que podría ser despojada en un par de segundos dejando al desnudo mi celulítico cuerpo, sí, me generaba más miedo eso que cualquier otra atrocidad. 

Se preguntarán cómo habrá entrado el puto ladrón y ni yo me lo llegué a cuestionar, suelo dejar la puerta abierta por descuido, soy demasiada distraída que me importa poco la seguridad, como todos, jamás pensamos en que nos pueda pasar a nosotros, dejamos todo eso para los demás, un grave error pero existencial.

Lo único que me pasó por la cabeza hacer fue entrar a mi recámara y encerrarme, me daría tiempo de buscar ropa limpia y poder vestirme. Pero no fue así, en cuanto puse seguro la puerta ya estaba queriéndose desarmar de tan duros golpes, a pasar unos 60 segundos reafirmé la idea que tuve sobre aquellas botas; las patadas eran ensordecedoras. 

¿Acaso no le bastaba al bastardo tomar todo el dinero que le fuera posible y marcharse? No, tenía que joderme, joderme en sentido de molestarme, a menos eso pensé en ese instante.

Noté como la puerta estaba a punto de reventar y mientras forcejeaba para que no entrase, la toalla que tanto temía se me cayera, cayó. Sentía tanto frío me bajé a recogerla para devolverla a su lugar eventual. En ese descuido entró el tipo, sus ojos eran color claro pero exageradamente penetrables en los míos. Me miraban como si quisiera ahorcarme, vi su mano elevarse para tirar un golpe hacia mi rostro, lo hizo. Los golpes se sienten extraños cuando uno está entumecido físicamente y emocionalmente, parece adormecerse la parte atacada con un dolor inexistente y la mente viaja a lugares desconocidos olvidándonos de lo que está sucediendo en el presente.

Me vi en sus ojos enormes entonces recordé el golpe y solo le hice una ligera mueca pero no de disgusto sino burlesca pero a la vez conforme de que haya podido liberarse de esa carga, pobre hombre, seguramente está más incognoscible y perdido que yo. ¡Vaya! me dolía más su tristeza que cualquier otra paliza. Con el paso del tiempo, uno aprende a no juzgar sin antes ponernos en su lugar e idear cualquier posibilidad ajena a nosotros pero presente en esas almas violentas que les genera y les ha provocado ser así. 

Me tomó por la nuca enredándose de mis cabellos sus dedos y poder jalarlos, por consiguiente, mi cabeza se elevó, él no dejaba de mirarme, pienso yo que solo quería provocarme miedo y así alimentar sus vacíos pero lo que no sabía es que al igual que él, vacía estoy y no me asusto con facilidad porque no demuestro lo que siento o mejor dicho, no siento.

No conforme, pegó mi cara contra la suya y sus labios carnosos un poco partidos por el frío y resequedad en el ambiente se juntaron con los míos, no me introdujo su lengua al instante, supo esperar, en cuanto sentí su pene rozar la toalla que cubría justamente mis partes íntimas fue ahí donde su lengua se adentró un poco más, gemí, era excitante estar en manos de un hombre sin rostro, un hombre sin nombre, un hombre enfermo y falto de amor; imaginé su triste infancia y la trágica vida en su adolescencia. Quizá actualmente él ya contaba con más o menos unos 35 años, a lo mucho o podría ser traga años y pudiese tener hasta unos 40, pero dejémosle en 37 para no errar, se me da demasiado bien calcular la edad.

Su mano comenzó a masajearme sobre la toalla, no se aguantó que por no seguir acariciándome debajo subió su mano para toparse ahora con mis pechos, lo estaba disfrutando. Su hombría en ese momento radicaba en lo duro que ya lo tenía, no aguantaba las ganas por ser ultrajada y entre comillas –violada-, aunque dudaba en tomar ese papel, no sentía estar para jueguitos sino para liberarme del estrés y qué mejor siendo yo misma.

Pasé mi mano por su pene que pedía a bombeos de sangro salir de ese escondite que le impedía actuar contra mí, ahora yo su víctima. Una fiel sumisa. Sí, demasiado cliché pero, ¿Qué?, existe la veracidad en dicha palabra que no se me ocurre en estos momentos omitirla por algún otro sinónimo. Volviendo al tema, sus ganas eran equivalentes a las mías, quitó aquella toalla que cubría mi piel, misma piel que sería besada por su boca, boca con olor a cigarro y a alcohol, ambos olores que embriaga a mi lívido mental forzando a mi cuerpo necesitar de más placer. 

Mi vagina se contraía mientras su saliva se acercaba a mis muslos, lo próximo a sentir dentro no fue el músculo poderoso pasional de su lengua sino de sus dedos los cuales no tardaron en mojarse, mi vagina estaba ya preparada para sentir su vigor, su fuerza, sus movimientos, sus deseos, su firmeza pero sus dedos parecían más impacientes que su propio pene. Continuaba la espera.

Pasó a besarme el vientre, alrededor de mi ombligo, en esos momentos suelo acariciarles el cabello, me fascinan que lo traigan seco y sentir la suavidad del mismo pasar entre mis dedos pero, no me quedó más que solo tocar un triste pedazo de tela; el de su pasamontañas. Sus labios jugueteaban con mi clítoris y sus dedos seguían mojándose. Ambas sensaciones son las que hacen irme de mi mente, abandonar el cuerpo para entrar en una especie de sueño, de fantasía, un placer inexplicable, sin embargo, no duró mucho haciéndolo.

¿Te gusta, zorra? Le contesté gimiendo que más de lo que imaginaba, apartó mi pierna derecha de la izquierda y me azotó contra el sofá, ahí sentada con las piernas abiertas se dispuso a pasar su lengua por mi vulva, sus manos por mi cuello, pecho,  cerré los ojos esperando ser llenada por su miembro. No fue así, aún parecía no querer hacerme suya por completo. Odio esperar. Hay cosas que se necesitan ya.

Le bajé los pantalones para tomarlo por su pene e iniciar el acto sexual, me importaba poco si no quería, tenía qué. Bajé del sofá para medio acostarme boca abajo en el apoyabrazos pidiéndole que ya me la introdujera. 

Mis nalgas se movían en posición de perrito seduciendo, su mano dio una nalgada demasiado fuerte, juraría que ya existía un enrojecimiento en ellas porque la segunda nalgada fue en la opuesta, las apretaba con fuerza, ligeras mordidas se marcaban en ellas. Su pene se movía por todo mi trasero; yo ya no podía aguantar más pero él disfrutaba hacerme esperar.

Sujetó de mi cabello para jalarlo, lo hacía con tal fuerza que lastimaba mi cuello, se tensaban mis músculos al no poder regresar a la posición normal. Dolía. Y entre esa quejadera mental gemí aceleradamente pero fue un gemido muy acortado, sin esperarlo, fue resultado de su penetración, dejé salir tanto gemido posible, me estaba dando con tremendas ganas, me gustaba, me olvidé de lo lastimoso de mi cuello. Me soltó del cabello para tomarme de mis caderas y apoyarse de ellas.

Más duro me lo estaba haciendo que le pedí que parara a lo cual no respondió, no hizo nada en absoluto, su mano tapó mi boca y mis gritos de dolor se ahogaban, en realidad ya me estaba lastimando, las lágrimas bajaban hasta mojar sus nudillos y de repente paró.

Me giró hacia él, limpió mis mejillas mojadas y mordió mis labios con desesperación. Creí que se marcharía pero se sentó en el sillón aún con el pene endurecido, hizo que le diera la espalda y me sentó sobre él, controlaba el movimiento mediante mi cadera y cintura, en ocasiones con mis piernas, me sentía lastimada y cada vez que su pene entraba en mí por completo gritaba… a veces se detenía para besarme la espalda, llenarla de caricias, palparla y susurrarle palabras tiernas y también muy sucias…


-Mapachita


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Te deseo a ti mi amor, no sé si solo para tirarte sobre la cama y comerte a besos antes de dormir o es que esto va más allá de una cursilería y sea que también te quiero para coger.

Pero pensándolo bien ¿Por qué no?, ganas nunca me faltan y si te poseo a ti he de aprovecharte por completo, tomarte de la mano, jugar con tu lengua, lamer tu cuello mientras te tensas y a la vez te relajas conforme vas aceptando esa ligera excitación y te abres a la idea de que terminaremos sin ropa, cansados, sudados y de sexo extasiados.

Sí, ahora que recuerdo te he imaginado follándome, no dos veces por semana ni si quiera tres, sino todos los malditos días porque así de ti me enamoraría y eso es lo que he buscado porque no soy de las que se enamoran solo de la persona sino que me enamoro del buen sexo, de las placenteras caricias, las atenciones sobre mi cuerpo y que me den en exceso.

Siento esa urgencia porque llegues a casa y me encuentres sobre la barra y al mirarme debajo te abra las piernas, provocándote a que las tomes con tus manos mientras bajas tu bragueta y me poseas. Quiero gemirte justo en el oído y notes cuánto me excitas y cuánto me gusta que me penetres; que me sientas humedecerme mientras mis gemidos suenan aún más fuerte.

Tan solo quiero ser tuya y pasaré a ser solo de tu propiedad; no requiero otras manos sobre mis pechos, ni otros labios, ni otro cuerpo. Te necesito a ti.

Y sé que no estás en la realidad, es por eso que te he inventado en mi cabeza y es ahí donde te beso por completo y me desnudo ante ti, nos complementamos cuerpo a cuerpo, lengua con lengua, genitales con genitales entre otras cosas más pero  hasta ahí llega mi imaginación porque la verdad es que mientras sucede toda esa locura pasional no es más que una sola masturbación que hace arrojarme a ideas y sucesos que en vida me son inexistentes, que al llegar al clímax tristemente desaparecen dejándome en nada, vacía y de esta soledad aterrorizada.


 -Mapachita

lunes, 12 de diciembre de 2016

No me siento sola, estoy sola.


Tenía ilusiones y a veces vuelvo a tenerlas.

Y desaparecen en el momento que pongo nuevamente los pies sobre la tierra mientras me digo “Es imposible que alguien te quiera”.

Es extraño porque a pesar de que me considero merecedora de un verdadero amor siempre resulto serles insuficiente, eso me lleva siempre a pensar en que me falta demasiado para comenzar una relación pero ¿Cómo? Si siento que no puedo mejorar y no les puedo ofrecer más. 

Sería demasiado fácil culparlos a ellos y aunque en ocasiones lo haga, la verdad es que me culpo a mí y cargo con eso todos los días. No creo en el amor pero me gustaría experimentarlo y quizá también el descubrir que sí existe, que no solo es una falsedad como siempre lo he imaginado; que es posible el poderlo sentirlo y disfrutarlo.

Me he sentido tan sola que me he decepcionado de mí, he aceptando ya tantas veces el hecho de que algunos nacemos para estar solos y no a lado de alguien, que me lo he creído, pero aún así siento que no es justo, porque veo parejas felices que me da tanto deseo de también poseer algo así de lindo, pero sé que estoy hecha para nadie porque las circunstancias, las palabras, la indiferencia, el rechazo me lo han hecho saber una y otra puta vez.

Y aunque parezca que estoy bien me siento vacía y sumamente infeliz. No quiero sentirme sola ni quiero guardar sentimientos, solo anhelo encontrar a alguien para poder quererlo y que me quiera así, alguien que se quede; que no sé de cuenta de lo poco que soy porque si es así, también saldrá corriendo y es lo que no quiero.
























-Mapachita

jueves, 8 de diciembre de 2016


En el Parque



Siempre hay hombres que nos llegan a sorprender y terminan por controlarnos. Ese día había estado de mal humor, no quería salir con mis amigos ni mi novio a pesar de que ya se había llegado el fin de semana, así hay días; muy malos.


Pensaba en que solo quería estar acostada sobre la cama, escuchando música triste para poder deprimirme aún más o ver películas sin tener que salir de casa a divertirme, quería estar sola porque al fin de cuenta siempre creo que lo merezco. Vaya tontería.

Mi novio no paraba de rogarme para pasar una tarde juntos a lo cual le dije la verdad, que no tenía ganas de estar con nadie, que me sentía deprimida. Dejó de molestarme y encendí el televisor y para joder no había nada de mi interés, tomé de nuevo mi celular y ya no tenía mensaje de él sino de un hombre muy interesante.

No, no era un amigo pero ya le había visto un par de veces, jamás nos sonreímos, sin embargo, no tardé en responderle, la plática se hizo muy amena y me invitó a salir ese mismo día, pero seguía sin ganas además con novio, no.

Me invitó por el típico helado y al darme cuenta de que estaba aburrida decidí aceptar con una horrible culpabilidad.

Pasó por mí y nos dirigimos hacia una ciudad cercana, no era tan agraciado pero igual tenía demasiado carisma y ese toque erótico que debe contar todo hombre. Llegamos y sentía como el aire hacia volar mis cabellos enredándolos. Después de comprar el helado fuimos a sentarnos, el tiempo se fue rápido y empezaba a oscurecer, intentó besarme y yo no paraba de reír, estaba nerviosa pero a la vez quería besarlo también.

Y como todo chico listo comenzó a asechar mi sensible cuello, pasando su alargada lengua por todo alrededor, presionando sus labios con fuerza sin llegar a morderme, mi piel se estremecía y mi vagina comenzaba a palpitar de ganas y deseo.

Me dejé llevar, sí, yo sé que estuvo mal pero esas sensaciones difícilmente se pueden evitar así que seguí dejándole que prosiguiera, su saliva entraba en mis oídos mientras su lengua la penetraba, mis ganas de tenerle aumentaban.

De pronto recapacité y le paré un poco a su lujurioso comportamiento ¡ESTÁBAMOS EN UN LUGAR PÚBLICO! Le mencioné que me incomodaba que pudieran vernos a lo que dijo que nadie nos iba ver, que el lugar era algo escondido y que la luz no nos iluminaba tanto, sin embargo, yo sentía que la gente sí nos observaba pero en fin.

Le respondí a sus besos, eran apasionados. Empezó a tocarme las tetas y la sensibilidad en ellas parecía excitarme demasiado como igual a él. Bajó su mano para poder tocarme entre las piernas lo cual me generó inseguridad, abrí los ojos y un señor a lo lejos nos estaba viendo.

Estaba tan excitada y mojada que los volví a cerrar, sus dedos estaban por entrar a mi vagina que al ya tenerlos muy dentro solté un gemido sin percatarme del alto sonido.

Me los estaba introduciendo tan bien que mis piernas se cerraban para disminuir ese placer.
Los sacó y los lamió. Pasó a frotar mi clítoris con un cuidado que de verdad se agradece y me sentía ya muy húmeda, era excitante la forma en que me tocaba que ya le deseaba pero me olvidaba de que estaba en un parque.

Empezó por llegar más gente que le pedí mejor nos fuéramos y me llevara a casa además ya me sentía cansada y la culpa ya un poco me atormentaba, no le molestó, asintió con gusto.

Íbamos en el camino y su mano jugueteaba con mi pierna izquierda, me acerqué a él y mientras manejaba le bajé la bragueta y así disfrutar de su pene, sé que no se lo esperaba. Lo acaricié y mi lengua lo humedeció todo, chupé su glande antes de deslizar mis labios y mi lengua por todo ese pedazo de dureza.

Al pasar los bordos sentía atragantarme, su pene entraba por toda mi boca hasta llegar a mi garganta, parecía fascinarle.

Al llegar a casa le agradecí por esa linda tarde, bajé de su auto, entré a casa y oh sorpresa, mi novio me estaba esperando con una cajita de  chocolates.

Le abracé con mucha fuerza y le besé con esa misma boca que acababa de usar para chuparle el pene a aquel hombre…


-Mapachita

sábado, 26 de noviembre de 2016


SOY SU AMANTE
(audible/redactado)
PARTE I


PARTE II


Él me da los mejores besos ¿creen que besar es fácil?, quizá lo sea, sin embargo, no todos transmiten lo mismo y los de él me llegan hasta mojar haciéndome sentir mil cosas como por ejemplo vibraciones en mi vagina al punto de querérmelo follar. Y, ¿saben qué es lo más rico? que a pesar de que tiene esposa me doy el lujo de hacerlo. Admito que antes de conocerle me negaba a la idea de que estuviese casado pero con el paso del tiempo uno descubre muchas cosas; unas se logran aceptar mientras otras no y yo elegí tolerar. Nos vemos a escondidas, subo a su carro y tendemos a escaparnos. ¿Se oye bien, no?

Le encanta abrirme las piernas y meterme sus dedos hasta mojarlos ¡Hijo de puta, eso me excita, me calienta hasta lograr estacionarse en un lugar oscuro y pasa a recostarme en el asiento para lamer mi vulva y jugar con mi clítoris y yo me meneo, me muevo, me contraigo uff qué rico es pensarlo. Recibo el mejor sexo oral como también la más placentera masturbación. ¿Creen que porque es casado me alejaría de él? No dejas el placer de un día a la mañana ni del día que viene ni en meses. Si hay buen sexo te apegas a ello y no importa si lo que haces está mal o no lo esté;  uno solo goza sin darle a la situación algún otro interés que el hecho de coger y hacerlo más que bien, pues ¿para eso es el cuerpo, no? Para darle placer y saber a los estímulos responder.

Hay ocasiones en que él no puede ir a verme, eso de que esté casado complica a veces nuestra “relación” y sí, suelo molestarme, peleamos y aún estando molesta no se me quitan esos deseos de tirármelo y es que me excita tanto… pero me deja con las ganas, me dice que no puede porque tiene que hacer esto y aquello y pues qué puedo esperar, no me pertenece así que tengo que razonar, comprender y aceptar su rol de marido como sus responsabilidades desapegadas a mí, lo espero  aunque se me haga largo el tiempo.

Mientras trabaja me mensajea con mayor frecuencia aunque nos escribimos en sí todo el día, las conversaciones más interesantes son aquellas donde nos decimos guarradas. Me excita el que me diga lo que tiene ganas de hacerme y yo respondo con lo que deseo comerle.

¿Quieres que te la chupe?  Es lo que principalmente suelo escribirle mientras me muerdo los labios y el brillo en mi mirada aumenta, claro, porque sé que se le pone muy dura al decirle esas cosas, en cuanto lo lee me responde con esas palabrerías vulgares y sucias las cuales me prenden y fascinan, es cuando deseo tenerle al lado, encima o abajo.

Antes de dormir y en ausencia de él, veo porno. Y mientras disfruto masturbándome con esos vídeos en momentos lo imagino, fantaseo que él me está tocando, besando, estrujando y que me pone boca abajo lamiéndome la espalda y yo sintiendo su miembro que parece estar a punto de penetrarme.

¡Lo necesito ya dentro!, y puedo sentir ese orgasmo; mis paredes vaginales se contraen instantáneamente, mi vagina se moja y esos jugos se derraman hasta llegar a mi vulva. Mis dedos pueden sentir esa humedad; cómo quisiera ahora introducírtelos en tu boca y probaras del fruto que acabas de concebir con tan solo estar en mi mente; eres fantasía y también eres realidad.

Y al verte te beso con una intensidad que sé tu esposa de esa manera no te besaría porque la diferencia es que ella ya te tiene y cuando ya se posee con seguridad algo o alguien, los deseos, ganas, fuerzas disminuyen y en cambio en mí, todo eso se ve aumentando por esa falta de tenerte, es así como existe un mayor deseo y todo lo que hacemos es mucho mejor que lo que podría tener el resto.

Nos complementamos y a pesar de que el amor esté al lado de tu señora el mejor sexo lo tienes conmigo; no nos amamos pero sabemos complacernos y al placer mutuo adaptarnos.

Como mujer solitaria, tengo muchos vacíos y uno de esos me los llena el saber que él no puede dejarme, que le causo un efecto placentero y de mí no quiera alejarse; también obtengo ese mismo  efecto y más que sexo es como un estupefaciente que me da tranquilad, placer y más ganas de ti, poseerte, arañarte, controlarte, mandarte y cogerte.

Adoro su lengua recorriendo mis piernas hasta llegar a mis muslos rápidamente me resisto a aguantar más que lo que ese cosquilleo genera sobre mi más sensible piel y esas partes de mi cuerpo, gimo reaccionando a ese efecto de placer, lo haces como nadie. Tus dedos me cavan por dentro, salen, entran, jadeo, desespero y siempre termino pidiéndote que me la metas pero me haces esperar; me embistes con fuerza jalando de mi greña y saboreo la saliva de tu boca, disfruto tu palpitación, tus movimientos, la fuerza de tus brazos, pecho, labios pero más disfruto el no ser tu esposa, sino ser tu puta; ser la otra.




-Mapachita

lunes, 21 de noviembre de 2016

Mi Jefe


Imagíname con medias color piel, una blusa ligera, mis lentes y una faldita de oficina y tú detrás del escritorio con el puesto de Gerente. Entro cuestionándote si acaso gustas café pues recién comienza el día y se amerita.  Te la piensas mientras tu mirada se dirige en todo mi cuerpo observándome desde los tacones hasta la blusa que me aprieta pareciendo explotar sobre la parte de mis pechos, esos pechos que sé que deseas y que te encantaría saborear con tu húmeda y traviesa lengua. -Un café amargo, es lo que me respondes después de disfrutarme visualmente. Tú luces sexy, te menciono lo bien que te ves con esa corbata azul marino; mi favorita por cierto que me incita a quitártela y me la amarres al cuello.

En fin, voy y te traigo café tomándome la molestia de acompañarlo con una dona porque sé que tu mujer ni siquiera se levanta a hacerte de almorzar y me interesa tu bienestar. Con una sonrisa lo agradeces y me paso a retirar.

Se llega la hora para salir a comer y me invitas a pasar a tu oficina, has pedido que te lleven comida y para ser exactos, comida para dos. “Qué lindo” es lo primero que me pasa por la mente. No hablamos mucho pero nos miramos lo suficiente para saber que es claro y evidente que nos atraemos pero está mal, por eso no decimos mucho, solo disfrutamos la cercanía que tenemos por cuestiones laborales, aprovechamos ese hecho.

Me quedo horas extras porque esta tarde después de comer me lo has pedido, amablemente te he dicho que sí sin algún problema. Solo estamos nosotros dos en tu oficina y han pasado ya de las 8, tu mujer te marca por teléfono y tú contestas diciendo que es por cuestiones laborales el que no puedas presentarte a la cena de sus padres.

Por una parte me siento mal por eso pero debemos continuar con el trabajo y tengo que acercarme a ti para leer esa información en tu ordenador, la repaso varias veces e intento comprenderla mientras me das tus puntos de vista, me tomas de la cintura y me sientas sobre tus piernas, empiezas a moverme y siento tu erección en mis nalgas. Lo disfruto porque me gustas y sé que yo también te gusto.

Sabiendo que no está bien lo que está sucediendo me levanto de tus piernas para posicionarme de frente, acaricias mis piernas como si cuidaras de ellas, me besas y jalas de mi coleta, me dices lo mucho que me deseas y las ganas que tienes de follarme como a una sucia perra, te digo que eso está mal pero parece no importarte pues me pones de pie, bajas mi falda al igual que quitas tus pantalones y me subes sobre ti; me mueves, mi respiración aumenta por esas  ganas de que me penetres.

Tu pene está listo para ese momento en que bajo y es entonces donde gimo al sentirlo ya dentro.

Subo y bajo sintiéndola toda; es fantástico estar haciéndolo en tu oficina. Me acaricias los senos para después tomarme por los lados de mis piernas ayudando al movimiento de nuestros sexos, es excitante sentirte mío, me lo haces demasiado bien y te gimo al oído…



-Mapachita

domingo, 20 de noviembre de 2016

LOS HOMBRES SON DIFERENTES

Belleza masculina se posa ante mis ojos cuando lo que veo es sublime del deseo; el poseer ese hermoso cuerpo, penetrantes ojos e insaciable boca con ganas de plantarle un beso.

Y cada vez que escucho que todos los hombres son iguales es cuando me doy cuenta que las únicas iguales son aquellas que lo dicen, siguen utilizando el mismo cliché hecho en una estúpida frase que carece de realidad y no se dan la oportunidad de valorar aquellos hombres que valen hasta más que ellas. ¿Cómo es que pueden conocer a los magníficos seres masculinos cuando a lo único que le tiran son a los cabrones hijos de puta? Y esto genera que los categoricen a todos en un mismo hórrido plano. Creen que porque las han lastimado más de diez veces los siguientes lo harán hasta 20 mientras que la verdad es que quien se lastima es uno mismo y cuando se quiere estar con alguien se analizan a las personas y no se escogen solo al azar en un rápido momento. Se medita, se analiza, se aceptan las imperfecciones, se toleran ciertas actitudes, se les quiere tal y como son; pero no, intentan cambiarlos a su forma, se les priva de sus comportamientos, se les incita a la violencia aunque no parezca y como es difícil lograr adaptarlos a una forma de ser a la cual ellos no pertenecen les emana un enfermizo enojo y como realmente no son lo que ustedes “quieren” los juzgan, sin embargo, pudieron prevenirse de esa tragedia si lo que según querían en un hombre lo hubieran buscado y no tomar a cualquiera para después querer cambiarlo e implementarles lo que ustedes como mujeres desean. NO SON OBJETOS NI MUÑECOS, SON HUMANOS CON ERRORES ASÍ COMO TODOS. ¿Cuándo es que optarán por los buenos hombres?, ¿Cuándo se darán cuenta que no todos son iguales?, y, ¿Cuándo van aprender a diferenciar lo bueno de lo malo si siempre siguen eligiendo lo que les hace daño?

Culpan a todos los hombres por ser mentirosos, infieles, insensibles pero que acaso no se han preguntado el porqué los siguen eligiendo con esas mismas características que se ven a primera vista… Mujer, aprende a ver a través del hombre y no a través de lo que crees ni mucho menos de lo quieres ver.

-Mapachita

miércoles, 16 de noviembre de 2016



Mi nueva amiga

Mientras me duchaba en agua caliente pensaba en qué ponerme; el atardecer pintaba algo fresco y el ambiente un poco húmedo aún, la mañana había sido muy lluviosa y en la tarde el sol solo se había asomado unas efímeras veces.

Salí de bañarme, pasé la toalla seca por todo mi cuerpo y al final la enredé sobre mi cabeza. Mis manos cubrían de crema mis brazos, cuello, hombros, tetas, ombligo, pies y todas mis piernas.

Me dirigí hacia el cuarto desnuda ya que estaba sola y nadie podría observarme así; abrí el armario, cogí un vestido rojo quemado y una chamarra color marrón además de unas bragas que me habían regalado en mi cumpleaños; como ya saben detesto usar sostén así que este paso lo omití.

Cepillé mi cabello y medio lo sequé con la secadora, pinté mis labios rojos y salí de casa.
Vaya que hacía frío quizá era mejor si hubiera tomado unos jeans pero no me iba a regresar, iba ya un poco atrasada, sé que aún no tienen idea hacia donde me dirigía y no, no era a una cita.

Llegué a casa de una amiga que recién había conocido, me había pedido con antipación un favor y amablemente accedí. Ese día ella se quedaría sola en casa y estaba pasando por momentos muy difíciles solo quería tener compañía antes de dormir; para ello me invitó a ver una película.

Me deshice de la chamarra y pasé a ponerme cómoda, la verdad es que la película era de romance por ende sabrán que era demasiado sosa y aburrida, sin darme cuenta me quedé dormida.

Desperté y el romanticismo había por fin terminado pero no estábamos dos en la habitación, había una tercera persona la cual desconocía, pasa que me miraba de una forma muy extraña mientras besaba a mi apenas conocida amiga.

Ella se percató de que había despertado y su mirada fue algo misteriosa; no pude definir si es que el que le hubiera pillado la había apenado o lo contrario, un gusto y excitación el que yo la viera besándose con ese hombre que aparentaba una edad muy avanzada pudiendo ser hasta su padre.

Me dijo que era un amigo suyo y esperaba que no me molestase su presencia a lo que le dije no. Lo raro fue que al decírmelo no la noté muy segura de que realmente fuera un “amigo”.

Dialogaban en secreto y mejor me dirigí hacia la cocina por un vaso de agua con el permiso de ella, regresé y presencié una escena demasiada subidita de tono, él estaba sobre mi amiga besándola apasionadamente, quise irme pero pidió que me quedara. Difícilmente accedí y me senté a lado de ellos imaginando qué ocurriría.

A decir verdad el hombre no era nada feo, sí, le calculaba unos 40 años a lo mucho pero se mantenía en forma y realmente me llamaba mucho la atención pero ¡coño!, lo más seguro era que fuesen ellos ya pareja.

El cuarto estaba oscuro con la tv encendida y ya me estaba sintiendo un poco incómoda cuando él mientras la besaba pasó su mano por mi desnuda pierna. Sentí un rico cosquilleo y es que mi piel es demasiada sensible ante cualquier roce o toqueteo.

Lo miré pero él no me veía a mí, su mano empezó a subir por mis ingles hasta llegar a mi ropa interior la cual estaba ya un poco húmeda, la hizo hacia un lado y metió sus dedos, jadié sin pensarlo y mi amiga no se inmutó pues seguía besándolo.

En cuestión de segundos ya lo tenía sobre mí y me besaba, su lengua era muy alargada, seguía masturbándome, lo hacía de una forma tan deliciosa que podría disfrutarlo todo el día si fuese posible, parecía tener mucha experiencia con sus manos yo solo podía gozarlo ¿para qué pensar en mi amiga si a ella parecía no molestarle?

Quitó mi vestido y rozó mis pezones con su lengua, mi amiga acariciaba mi cabello pero yo seguía concentrada en él, no esperé más y pasé a liberarlo de esa presión en sus pantalones, era grande y el grosor no lo era tanto pero lo devoré como a un bocado. Mientras le hacía sexo oral ambos se besaban y a mí eso parecía excitarme.

Dejé de chupársela y nos comenzamos a besar, me recostó sobre la almohada y se posicionó a un lado, sentía como mi amiga me abría las piernas y comenzaba a sentir su lengua sobre mi clítoris. Sus dedos entraban y salían de mi vagina, el placer era inexplicable, gemía y en eso él mordía mis pezones lo cual intensificaba mi excitación. El placer parecía ser doble. Y lo realmente lo era.

Le pedí que me penetrara y lo hizo, sentí muy rico, mi amiga estaba a un lado  e intento meterme su lengua en la boca pero no pudo lograrlo ya que giré mi cabeza…no le molestó, lamió y besó mis pezones y él seguía dándome muy duro mientras sus dedos entraban entre mis labios para llenarlos de saliva y él poder posteriormente chuparlos.

Estaba por tener un orgasmo cuando ella logró besarme y seré sincera, su beso fue tan lleno de pasión  que mis paredes vaginales empezaron a contraerse y liberar el resultado de lo delicioso que la estaba pasando.

Él se apartó de mí y penetró a mi amiga, como yo ya había disfrutado tan solo cerré los ojos y esperé a que finalizaran su sexual acto.

Pasaron un par de semanas y llegué a dejarle un obsequio ya que me había invitado a cenar por ser el día de su cumpleaños, recuerdo que no eran muchas las personas en la sala; sus papás, dos primas, una tía y el hombre al que nos habíamos tirado aquella noche. ¿Y saben? No era su amigo, el hijo de puta era su tío.


-Mapachita 

sábado, 12 de noviembre de 2016



Noche hParte II
Bajé por tu cuerpo para poder saborearte, tu erección me provocaba a lamerte ahí abajo, en tu miembro, el cual era tamaño promedio pero muy ancho, lo tomé con mi mano izquierda masturbándolo con cuidado mientras mi lengua se encargaba de lubricarte; por cada lado, de arriba hacia abajo.

Lamí tu glande, lo succioné y pasé a bajar por todo tu miembro humedeciéndolo con mi boca, te lo chupaba como una niña disfruta de su dulce, tu mano tomaba mi cabello y alzabas mi mirada para que con la tuya se encontrara, hundías mi cabeza mientras te comía atragantándome de ti; podía sentir todo tu pene dentro de mí y esa saliva escurrir.

Acaricié mis pezones con una mirada seductora la cual sé que te encantó, posicioné tu pene entre mis pechos y empecé a masturbarlo con ellos. Cerraste los ojos y lo disfrutabas; se sentía tan calientito y duro que solo pensaba en sentarme sobre él pero debía esperar un momento más.

 Me frenaste y  me tomaste de la barbilla acercándome a ti para después besarme, me pediste quitarme toda la ropa y sin dudarlo lo hice, me ordenaste sentarme encima, abrí mis piernas para montarte y fui colocándome lentamente sobre tu pene; la humedad facilitó la entrada y me estremecí de ese placer y ganas ya acumuladas de ser penetrada.

Te di sentaditas con mucha fuerza y mis pechos resentían esas caídas, tus manos se ocupaban de mi cintura empezándome a mover con mayor rapidez y fuerza.

Gemía, sentirte dentro era una sensación muy rica, tu dedo se introducía sobre mi ano y el placer aumentaba más, lo metías y de ratitos lo sacabas, en esos momentos mi excitación era provocada a otro nivel y mis paredes vaginales se contraían.

Me bajaste al suelo desesperado pidiéndome que me hincara, te masturbaste frente a mí mientras yo me tocaba el cuerpo desnudo y con ligero sudor; mis cabellos enredados  que cubrían mis senos, terminaste dejándome salpicada de tu leche, abría la boca sacando mi lengua para soborear de ella; rica y caliente tal y como a esta gatita le gusta.

-Mapachita

miércoles, 9 de noviembre de 2016


Noche húmed
Llego a tu departamento mojada por la lluvia, entro a la sala y no estás a la vista, me dirijo hacia el baño para hacer pis, termino y paso a observarme en el espejo, luzco realmente fatal, el rímel corrido, cabello enredado y para joder mis pezones bajo la blusa marcados.

Escuchas ruidos y corres a ver quién ha entrado, claro, soy yo. Te pido disculpas por haber llegado sin avisar y sin tocar la puerta, estaba abierta y seguir bajo la lluvia no me parecía nada agradable así que decidí entrar sin antes preguntar.

Y sé que no terminamos de la mejor manera la última vez pero necesitaba refugiarme; sabes bien que le temo al resfriado y a los relámpagos si voy caminando debajo de tantos árboles.
Después de mirarte con algo de culpa y pena, te abrazo como si todo estuviera bien, como si fuéramos los grandes amigos no como los ex novios rencorosos, el resto así lo haría. Yo no. Sentí que disfrutabas abrazarme y ¿para qué mentir? Tenía ganas de verte y de abrazarte.

Me preparaste café tal y como me gusta; cargado y sin azúcar.

Tenía frío, te noté observarme justamente los pechos, no pude hacer otra cosa que sonrojarme y me preguntaste ¿Es el frío o es que estás deseosa de mí? Te respondí que había sido la lluvia y tan solo te acercaste. Quizá eras tú el de las ganas de que yo estuviera junto a ti; de igual forma no tenía problema con eso, aún podemos disfrutarnos, pensé. Dudo en que pudiese yo resistir.

Al tenerte cerca cerré los ojos sintiendo las palmas de tus manos rodeando mis pechos lentamente y sin presionarlos tanto. Disfrutaba tus caricias tan suaves ocasionando que entrase en un estado de tranquilidad y de pronto ya tenía junto a los míos tus labios. Mordiste un poco el labio inferior sin darme un beso; no aún. Ibas tan despacio y yo esperando.

Besabas mi cuello con ligero erotismo y tus dedos presionaban mis pezones, bajaste hacia ellos y por encima de la blusa los lamiste, mordiste y más los endureciste. Empecé a jadearte un poco cuando dejaste mis senos de fuera, gozabas acariciarlos y llenarnos de saliva. Volteaste a verme y fue ahí cuando decidiste besarme, tu cautela disminuyó y lo hiciste con ganas y mucha fuerza.

Te sentaste en el sofá cargándome de frente, seguiste jugando con mis pezones y moviéndome sobre tu pene que aún estaba dentro de tus pantalones. Nos seguimos besando, tu lengua en mi garganta la sentía, por el momento era solo la lengua pero después iba ser otra cosa la que me tragaría.


-Mapachita

domingo, 6 de noviembre de 2016


Fantaseo contigo...

Me caliente el imaginarte sobre mí, respirar tu aliento, embriagarme de tu cuerpo mientras disfruto lamer cada parte de ti; es rico pensar el que mis manos puedan acariciar tu espalda al momento de que me besas apasionadamente y te mueves sobre mí sin aún siquiera penetrarme ¿te excita verme a los ojos y notar ese deseo centrado solo en ti? te miro así porque me prendes demasiado y es impresionante la forma en que me pierdo en tu mirada. Te pienso y es que no dejo de imaginarme tus dedos excitándome en el momento de que tu boca juegan con mis pezones, gimo, jadeas, sudamos y nuestras ganas se intensifican. Fantaseo con que me hagas venir en un juego de lengua, dedos y besos…


-Mapachita

jueves, 3 de noviembre de 2016



La cita intrigante.

Vestía un vestidito floreado. Para facilitar la comodidad de la ropa decidí no ponerme sostén, cogí la primera tanga que vi de color rosada muy mona y con bolitas aterciopeladas.

Me percaté que si me agachaba demasiado el vestido se alzaba al punto de dejar mi culo de fuera pero ya era tarde y debía estar lista para esa cita la cual había agendado la noche anterior vía instagram.

Sí, lo sé, se escucha demasiado aterrorizante pero de antemano sabía que la persona con la que hablaba era real y vaya que tenía un cuerpo y una cara especial para poder fantasear mientras me tocaba al tener algo de ganas.

¿Una cita con él?, no podía negarme ya me urgía el tenerle cerca, tomarle, besarle y se escuchará antimoral pero ¿por qué no con él acostarme? Joder, dos meses sin intimidad con alguien, me parecía justo y para qué privarme de algo tan fascinante.

Tomé mi bolso por si sí o por si no eché dos condones. Salí de casa dispuesta a verme con ese interesante y guapo hombre. No es de asombrase, me gustan mayores y me llevaba 10 años. Además era soltero, sin hijos y su actitud realmente me prendía mucho. Para ser sincera quería follarle.

Quedamos de vernos en un bar cerca de casa, llegué y pronto lo vi, vestía un pantalón de vestir con una camisa azul marino, zapatos limpios y una sonrisa pícara y hermosa. Está de más decir que las sonrisas perfectas me obsesionan, me enamoran y con esa mirada seductora “wow”, era más de lo que en fotos aparentaba.

Lo saludé de beso y abrazo, por su puesto educadamente sin mostrarme impresionada de lo que tenía frente a mis ojos. Pude sentirme un poco excitada mientras al acercarme para saludarle me tomó con su enorme mano la espalda. Tuve que controlarme.

Tomamos un par de copas, reímos, jugamos y habíamos entrado ya en un círculo de confianza; sin pena de decir las cosas, hacer uno que otro chiste de nosotros lo que ocasionó que su mano ya pasara algo de largo.

Me posicionaba su mano sobre la mía, la colocaba en mi rodilla, en mi hombro en forma de “palmadita” pero sin mostrarse atrevido. Sus ojos me transmitían lujuria y perversión pero sus palabras eran serias y con tanto respeto que era imposible descifrarle.  

Se hizo tarde y salimos del bar. Nos despedimos enseguida pero sin querer irnos realmente. De pronto me estrujó hacia él e introdujo su lengua en mi boca, no duró más de 5 segundos. ¿Estás sola en casa? Preguntó, apresuradamente le respondí que sí y nos encarreramos para llegar a ella.

Sentía algo de mareo al tomar aire fresco, por fin llegamos, entramos y era como si hubiera metido a casa a otra persona. Su sonrisa pasó de encantadora a perversa y su mirada comenzó a observarme como si quisiera matarme, pero no se asusten, eso lo hizo verse más interesante de lo que ya era aunque todo puede esperarse.

Corrí hacia la recámara, que por cierto la había dejado desordenada, él me siguió sin pensarlo dos veces y me empujó hacia la cama cayendo boca abajo, tomo mis brazos dejándolos ambos hacia atrás mientras las sometía con su mano izquierda. Con su mano derecha acarició mis piernas desde abajo acercercándola a mi vagina pero sin llegar por completo a ella. Después apretó mi cuello y jaló mi cabello con rudeza.

¿Esto te gusta? Y gemía que sí. Mis manos empezaban por dolerme pero no me quejé, estaba disfrutando su juego. Volví a sentir sus dedos desplazándose por mis piernas y esta vez sí llegaron a su punto, hizo de lado la tanga, acarició mi clítoris el cual ya estaba duro y húmedo, lo frotó con delicadeza y pasó a meterme un dedo muy despacio, lo sacó y entonces metió los dos con más fuerza. No podía hacer otra cosa que gemir y gozar mientras lo tenía justo detrás de mí, sentía rico y quería más

Soltó mis manos y fue bajando… su lengua jugaba con mis labios vaginales y mi clítoris, sentía sus dedos dentro de mí y su lengua jugando sobre mis muslos y genitales.

Era delicioso, me dio la vuelta, me vio a los ojos y tapó bruscamente mi boca se acercó para observarme frente a frente y sonrió enfermamente. Reconozco que eso me excitó aún más. Bajó mi vestido dejando de fuera mis pechos, los acarició, besó, mordió. Me dejó totalmente desnuda al pasar los minutos.

Pasó toda su lengua por mi cara, cuello, senos, vulva, piernas, pies y él seguía todavía con ropa.

Dejó de palparme y comerme para quitarse la camisa como también dejando fuera sus pantalones y quedó en bóxers. Me besó desenfrenadamente, su pene lo sentía ya muy duro, quise sacárselo pero no dejaba que lo hiciera.

Se bajó los bóxers y dejó al descubierto su delicioso miembro, sus rodillas avanzaban hacia delante y pronto ya lo tenía en mi boca, simulaba penetrarme, lo hacía rápidamente que sentía atragantarme mientras me decía en un tono bajo “Bebé, cómetela toda”.

Después de unos minutos me sujetó del cuello intentando pasar su pene por mi cerrada garganta. La sacó de mi boca y se reacomodó, me dio tres bofetadas, me puso boca abajo para penetrarme analmente sin ni siquiera preguntarme, al principio fue muy doloroso después le agarré el gusto y él no paraba de embestirme con esa incontrolable fuerza. Me apretaba la nuca y me llenaba el oído de saliva y palabras muy sucias.

Sabía que estaba a punto de venirse porque su fuerza al tomar mi cabello iba aumentando, el cuello me lo lastimaba al ser jalada por su enorme brazo. Explotó el orgasmo, salió de mí, volteó mi cuerpo hacia él y comenzó a morderme los pechos, morder mi boca y no lo van a creer, orinó mi cara mientras sus dedos abrían mis labios, qué tipo tan enfermo. ¿Y saben qué? lo volví a ver pero eso después se los contaré.

-Mapachita