Mi vecino
Esa noche él
entró mientras yo estaba en la cocina
no me percaté de
ningún ruido ya que picaba verdura para la cena
por lo que el
ruido que yo provocaba no dejaba que me diera cuenta
de que mi vecino
se las estaba ingeniando para entrar.
De unas semanas
atrás él ya me echaba miradas sugestivas,
una ocasión se
acercó a mi patio para hacerme una pregunta
demasiado boba,
pero amablemente le respondí,
a veces me daba
miedo verle a altas horas de la noche
cerca de mi
jardín pero como somos vecino no quería
pensar que
podría robar cosas de mi casa, quizá andaría
ocupándose
de cosas suyas en
su patio que está junto al mío.
Su piel morena
como la noche, bien formado, ojos penetrantes,
de esos que
intimidan y más sabiendo que cuenta con un cuerpo
fornido y algo
ejercitado, podría jurar que era raza de descendencia africana,
¡MALDITAS
ETIQUETAS!, al parecer vivía solo y no llevaba mucho tiempo ahí,
solía salir sin
playera, sin embargo, no captaba tanto mi atención,
prefiero los
güeros para ser honesta además de que me daba desconfianza,
no por su color
sino por esa actitud que cargaba consigo; altanero y algo enfermo.
Entró a la casa y
lo supe cuando me sujetó por detrás, se pegó a mí susurrándome
palabras que no
podía comprender de lo bajo que las decía, su aliento calentaba mi cuello
y orejas, no hice
ningún movimiento, sus manos se colocaron sobre mi cadera,
se acercaba tanto
a mi trasero que podía sentirlo caliente…
tocaba todo mi
cuerpo estremecido por su presencia,
seguía yo
inmutada, mi mente estaba pensando en cómo
quitármelo de
encima pero era suficientemente fuerte como para que yo pudiera
pelear contra él.
Grité en el momento que me jaló el cabello, mordió
mi espalda y me
volteó hacia él, sus ojos me comían en el primer par de segundos
que los vi, tomó
el cuchillo de mi mano y lo pasó entre mis labios,
reía en silencio
quizá pensando en que me moría de miedo,
pidió me
desabrochara la blusa pero no lo hice,
de pronto el
cuchillo empezó a hacerlo, rasgándola hasta
que me dejó en
sostén.
Los apretó con
sus enormes manos, me quejé y quise zafarme de él,
entonces fue ahí donde me
hizo un ligero corte en la cara
como muestra de su poder, de que era capaz de hacer cualquier cosa
si intentaba hurí de él, me quedé quieta y sus manos seguían jugando
con mis senos, bajó mis pantalones y me acercó sus partes bajas,
podía percibir una exagerada dureza como un grande tamaño,
solo pensaba en que si me violaba quizá podría dejarme adolorida,
puesto que tenía ya tiempo sin mantener relaciones sexuales así que
estaba desacostumbrada, me tenía muy pegadita a él, estaba
disfrutando
el tener a su presa de frente, su sonrisa era grande con esos dientes color marfil,
con unos labios carnosos, comenzó a besarme, no de la manera que
muchos acostumbran,
eran muy suaves y de buen sabor, sus dedos se colaron por mis bragas
para masturbarme
y el momento en que me sintió lubricada vino lo impresionante,
sacó de sus pantalones su gran miembro; había visto penes grandes y
hermosos
pero el de él, era gigante y demasiado grueso, él bien sabía que me
iba asombrar
ya que en el momento en que me veía, llevaba el ego en su mirada.
¡Date la vuelta!, me ordenó con fuerte voz. Le di la espalda y su
brazo hizo el trabajo de
acomodarme a su mayor comodidad, bajó mi ropa interior y su pene lo
agitaba pegando en
mis nalgas, la verdad es que lo único que pensaba en ese momento era
en que
estaba por penetrarme un trozo muy grande, oí que escupió sobre su
mano
acto seguido, la pasó por mi vulva la cual tal vez y no queriendo
tanto ya estaba en espera
de recibirlo…pujé en el instante en que intentó penetrarme,
mi vista comenzó a nublarse un poco por la razón de tensarme por el
esfuerzo
que mi vecino estaba ejerciendo en mi vulva y vagina. Le dio con
mayor fuerza
y es como pudo entrar la primera parte de su pene, esa fricción era
increíble,
a pesar que dolía un poco, el saber que la tenía grande, provocaba excitarme hasta que
pude sentirla toda dentro de mí fue cuando la excitación pasó a ser demasiada, lo
hacía delicioso,podía sentir sus testículos hirviendo golpeándome al compás de su movimiento,
estiraba mi cabellera cada vez más fuerte, mis gemidos se
potencializaban
impresionantemente, me llevó hacia el suelo poniéndome boca arriba
con mis piernas sobre
sus hombros y seguía dándome duro, sus manos pellizcaban mis pezones,
pasaba su lengua
por mi boca hasta descargarse por completo en mi cara.
No satisfecho con eso, regresando del baño y al paso de unos minutos
me mandó a peinarme y hacerme dos coletas, volví y justo en la sala
me hincó,
metió su pene en mi boca para que se lo chupara mientras me sujetaba
con sus manos
las dos colitas que me había hecho ya en el cabello, su miembro
estaba delicioso,
con un sabor dulce, lo masturbaba con mis manos mientras mi boca
también jugaba el mismo rol, mi vecino, qué rico estaba el tipo.
-Mapachita

Excelente relato...jos
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ResponderEliminarAtrevido relato, se lee muy agradable.
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ResponderEliminarmuy bueno Corina!
ResponderEliminarMuchas gracias
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