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miércoles, 26 de septiembre de 2018


PARTE II

Bajo candado permanecía dentro de mi departamento escuchando una de las magníficas composiciones de Chopin, me sentía extasiado mientras observaba la figura de Irene sobre la alfombra, estaba hecha mierda. Me he tirado a su hija y ahora también a ella, ¿quién iba decirlo? Soy afortunado, me la he rifado como el hdp que soy y eso hasta cierto punto me enorgullece. Después de haber irrumpido en su departamento a follarme a su niñita he sentido cómo una fuerza en mí se ha apoderado, fue una puerta hacia un potencial de violencia sexual con el que he vivido reprimido pero hoy me siento libre y durante la mañana he aprovechado la oportunidad de que la hija ha salido a la escuela e Irene se había quedado en casa sin ir a trabajar, estuve muy al pendiente desde temprano, pues no había podido conciliar el sueño de tanto imaginar perversidades; la invité a casa a beber una taza de café para charlar, no se imaginó que mis intereses realmente eran otros, tal vez sí pero no a tal grado ni mucho menos con semejante violencia. Terminando el café hice lo incorrecto, a menos para el resto, porque no para mí. 
La golpeé con la taza en la cabeza pero no fue suficiente, así que la bofeteé con dureza para que quedara semi inconsciente, la ve que estuve en su apartamento robé el uniforme de su hija que más de universidad parecía de colegiala de bachillerato, no era el único conjunto que había así que qué más daba tomarlo, en ese momento no supe ni por qué lo hice pero ahora pensándolo mejor sí que funcionaría. 
Le quité la ropa para ponerle la de su hija, se veía preciosa con uniforme, la llevé a la cama y me excité al levantarle la faldita para follarla como perra en celo, la até de las manos mientras la penetraba fuertemente, poco a poco comencé a sentirla más húmeda lo cual me volvía aún más loco.

Quedó desnuda completamente en un abrir y cerrar de ojos, la dominé por completo al tiempo en que me daba su cálida espalda, suave como el algodón, mordía cada centímetro de ella y jadeaba de deseo y dolor. Cansado de tal posición la acomodé de lado y continué penetrándola, la sensación era alucinante, tanto que quería eyacular pero esperé, en momentos paraba y después continuaba haciéndola mía, era un maravilloso espectáculo, tirándome a la buena de mi vecina, aquella que parecía inalcanzable por tan sofisticada que se veía pero ahora era mía al igual como ya lo había sido su hija. Preciosas las dos; quejumbrosas pero suertudas al tenerme a mí de amante llenándolas de satisfacción. 

Se lo hice en la cama, en el suelo, en el sofá, mantenía controlado mi pulso, mi respiración, no quería acabar tan rápido porque me encanta disfrutar cada segundo y cada respiro desde su nariz y aliento.
Cada movimiento, cada gesto, cada reproche, cada beso, todo me parecía perfecto, mi pene estaba caliente de tanta fricción junto a su vagina, el sudor caía por mi rostro, sus lágrimas mojaban sus ojos, y solo quería venirme ya, empaparle su cara o venirme dentro, cualquier opción era buena. 

No sé si era solo mi imaginación o era una magnífica realidad pero parecía estar gozando. Siempre he creído que una violación comienza algo violenta para la víctima pero está en ella que siga siendo incómoda, dolorosa, terrible u optar por disfrutarla, porque es un placer que nos brindó la naturaleza, no tiene que ser tan malo y su cara me lo demostraba, sus jadeos pasaron a ser gemidos y su vagina estaba súper lubricada; ya no mordía mis labios al besarla, creo que sí era ya un hecho de que me estaba gozando como yo estaba gozándola a ella. Y ahí estaba disfrutándolo Irene, mi delicioso postre después de que su hija fue mi cena. 

-Mapachita

lunes, 3 de septiembre de 2018

Mi nombre es Javier y me encanta el porno…


Veía demasiada pornografía en mi tiempo libre, era excitante verle las caras a las actrices mientras eran penetradas por sus parejas, observar cada facción de ellas, escuchar cada gemido salir de sus tensas bocas y notar cómo sus pezones cambiaban de color de acuerdo a su excitación; al principio eran grandes y claros para después contraerse y oscurecerse, era ahí donde imaginaba mis dientes acechándolos, quería comerlos y percibir su textura con mi lengua y dientes.
 

Mi vecina estaba preciosa, la fantaseaba todas mis noches vistiendo lencería en tono rojo chillante, la idealizaba entre las sábanas de mi cama como también entre mis piernas haciéndome un oral, era casi de mi edad, tenía unos 42 años pero se mantenía en forma al igual que yo, intercambiábamos miradas y una que otra palabra en los pasillos del edificio, cuando compartíamos el elevador me la comía con la mirada y parecía no incomodarle, quizá porque ella sabía que era guapa y a eso uno se acostumbra.
A solas le dedicaba mis orgasmos, quería desvestirla y llenarle el cuerpo de esperma.

Me gustaba la pornografía donde podía verlas suplicar por su libertad, en donde el control lo tenía el hombre, con sus bocas cerradas sin poder hablar, siendo maltratadas como si solo se tratasen de un objeto sexual, un simple cuerpo a disposición de un hombre hambriento de lujuria, cada vez tenía más ganas de hacerlo realidad, debía tomar ya la iniciativa pero el miedo o la timidez me lo impedía.


Fue aquel 27 de Julio que por primera vez no la vi a solas, iba con una adolescente de unos 17 o 18 años, ¡vaya sorpresa! Era muy hermosa, quedé perplejo, las saludé amablemente y me la presentó como su hija, ahora iba vivir con ella. Me contó que antes era con su padre con quien vivía y no con Irene, su madre, nos despedimos y quedé satisfecho de poder saludarlas pues no tenía mucha comunicación con mi vecina pero no pude ignorarlas, lucían tan bellas y moría de ganas por probarlas, aunque fuera solo a una de ellas. Ya no sabía si era Irene o su hija quien me motivaba más para víctima de mis deseos carnales. Pasaba más tiempo masturbándome solo imaginando situaciones sexuales. Era momento de actuar.

Una noche decidí afrontar ese maldito sentimiento de ganas e ira, salí de mi habitación y me dirigí hacia casa de Irene, toqué la puerta en tres ocasiones hasta que pude ver como la puerta estaba a punto de abrirse, mi corazón palpitaba rápidamente, ya no sabía que se suponía que debería de decir, me arrepentí en ese momento pero era demasiado tarde, abrió la hija. 

Pregunté por su madre, respondió que no estaba que probablemente tardaría en regresar pero que ella le avisaría que pasé a buscarla, su carita radiaba inocencia y ternura, me la quería comer, deseaba palparla e introducirle todo mi pene sin piedad alguna. “Hoy o nunca” me dije, así que entré aceleradamente y cerré la puerta colocándole el seguro, ella gritó e intentó huir de mí pero fue en vano puesto que la alcancé a tomar del cabello, la giré hacia mi rostro y observé su miedo, me acerqué a su boca para morder sus labios tono rosado al natural, le ordené que no gritara y que hiciera todo lo que yo le fuese pidiendo porque si no me obedecía podría golpearla demasiado al grado que perdiera sus signos vitales y no era un puto juego. Lucía tan inofensiva que facilitaría las cosas, supuse inmediatamente que no me delataría ni causaría algún otro problema, le pedí fríamente se hincara mientras me desabrochaba la cremallera del pantalón, mi pene estaba realmente erecto, su mirada reflejaba temor pues sabía lo que estaba esperando de su boca, no quería hacerlo y yo moría por sentir su lengua y sus labios rodear mi glande y después comerse el resto.

Y lo hizo, era fascinante la sensación de que estuviera lamiéndome al momento en que sus lágrimas caían por sus rojizas mejillas, estaba cumpliendo mis órdenes, no porque quisiera sino porque no tenía otra opción mejor y eso me encantaba. Le pedí se dirigiera a su recámara a gatas y la seguí, entramos y la acosté sobre la alfombra, quise que siguiera devorándome. Tantas habían sido mis fantasías que debía aprovechar el momento, por segundos me preocupaba de que Irene irrumpiera en el departamento estropeando nuestro momento placentero, entonces debía apurarme y a la vez no quería.



El tiempo era un factor muy importante, sabía que era un iluso si me disponía a cumplir la mayoría de fantasías que había pasado por mi mente en mis tiempos de holgazanería en un determinado tiempo, entonces la arrojé hacia la cama, la puse de espaldas y para pronto la despojé de sus prendas como de las mías, había llegado el momento de penetrarla , entró en seco, no estaba lubricada y se notaba en la fricción y el dolor que se presentaba pero el simple hecho de saber que la estaba lastimando me provocaba más, se lo hice con lozanía y ella no paraba de quejarse y sus quejidos eran alimento para saciar mi perversidad, estaba al tope, quería eyacular, realmente no me sentía lleno, aún estaba ese vacío acechándome pero era peligroso pasar más tiempo ahí en casa de Irene, decidí terminar y me vine dentro, su vagina ardía y yo estaba perdido en ese efímero orgasmo, mismo que esta vez no había sido impulsado por una estúpida masturbación y el porno de a casi diario. Me vestí, le aconsejé se vistiera de prisa y cerrara su boca a menos que yo le pidiera se hincara entre mis piernas. Regresé a mi habitación a ducharme y a volver a fantasear, esta hambre no había aún acabado, al parecer apenas estaba por comenzar.

-Mapachita

miércoles, 15 de agosto de 2018

Y sobre la cama él me poseía de una manera casi indescriptible, podía sentir sus testículos generar un rebote contra mis genitales lo cual me prendía como si de estopa estuviera hecha y sus movimientos cerillos fueran; mordisqueaba mis orejas, mis mejillas y en ocasiones mis hombros, los cuales se estremecían del dolor que sus dientes les generaban; volteaba a ver su rostro pues estaba sobre mí mientras le daba la espalda, sus ojos reflejaban una enorme ira, un deseo parecido al del asesino frente a su víctima, ¡y me encantaba ser su víctima!, cada vez me penetraba más duro y mis gemidos se hacían más profundos.  
Paró de embestirme y me llevó fuera de la cama, sin cuestionar introdujo su pene dentro de mi boca y comenzó a penetrarme oralmente, no podía controlar el ritmo, él tenía el dominio de su miembro y de mi boca, la metía cuantas veces deseaba, casi no podía manejar la succión ni mi lengua para poder hacerle el mejor oral de su puñetera vida, puesto que lo hacía demasiado rápido, aún así lo disfruté, su pene era desmesuradamente apetecible al contacto de mis labios y mi saliva, saliva que escurría para después caer sobre mis pechos mismos que se percibían hinchados y enrojecidos, realmente antojables, no podría mentirles. Tan solo imaginen mis pezones endurecidos, unos pechos suaves, bonitos, llenos de fluidos... 
Su excitación era ya demasiada que no quiso eyacular sobre mi boca así que se quitó para posteriormente tomarme del cuello, acercarse por mi espalda y penetrarme una vez más, sentía sus labios sobre mi cuello y su mano tratándome de ahorcar, perdía el aliento, se me nublaba la vista, y él no dejaba de aparearme, perdí un poco el conocimiento y fue entonces, que se dispuso a arrojarme hacia la cama para seguir haciéndomelo y eyacular en mis nalgas.

-Mapachita



martes, 24 de julio de 2018

Fantasía lésbica
PARTE II. (PARTE I)

Sentí cómo estaba humedeciéndome al imaginarme cosas que necesitaba que pasaran, entonces dejé de imaginar, volví a centrarme en su voz, a tomar el hilo de lo que platicaba, me noté interesada, asentía a lo que decía y en un momento paró de hablar, me ofreció agua y tomé su oferta. Se dirigió hacia la salida de su cuarto, observé detalladamente sus calcetas y piernas traseras.

Si tan solo fuera tan fácil de tomarla por atrás y besarle el cuello, si tan solo pudiera ser más impulsiva y jalarla del cabello, pero si hiciera eso posiblemente fracasaría en mi intento de seducirla, sería muy extraño y la asustaría, ¡Coño!, no podía parar a mis sucios pensamientos. Regresó con el agua, tomé el vaso y al pasar de los minutos, fingí que el agua se me tiraba sobre la blusa. 

Debido a lo mojado, me quité la blusa dejando al descubierto mi sostén y mi busto, ella se sonrojó y percibí su mirada sobre ellos a la vez que apartaba la mirada, ella estaba sonrojada, era más que seguro que sí le gustaba así que solo pude  sonreír apenada.

Muy en el fondo sabía que ella no se atrevería a tener algo qué ver conmigo, observé su cuerpo unos 10 segundos y entonces miré sus ojos, ambas sabíamos de la presencia de nuestra atracción, cerré la puerta con seguro y me dirigí hacia ella. La volteé y la empiné un poco, le hice el cabello hacia un lado para besarle por completo el cuello trasero, ella jadeaba, no me puso ningún “pero”, entonces seguí mi juego. 
Le besé los labios, su boca estaba húmeda y caliente, quité su indumentaria para dejarla completamente desnuda, ella temblaba, no la veía muy segura de sí pero el control ya lo tenía yo, no había vuelta atrás…  acaricié su clítoris, metí mis dedos en su vagina, estaba muy estrecha lo cual me excitó demasiado, no aguanté más y entonces bajé hacia su vulva y empecé a lamerla delicadamente, embriagándome de tu sabor vaginal. Lo estaba gozando, era algo nuevo para ella y lloraba de excitación al mismo tiempo en que gemía y me pedía más. Percibía sus contracciones vaginales, su impregnación, su energía. Subí hacia su boca, la besé durante el tiempo en que ella probaba su acuosidad sexual desde mi saliva. Estábamos completamente desnudas, tocando nuestras siluetas que hervían de pecar, de hacer lo incorrecto, de violar la moral y, sin embargo, era delicioso hacerlo. 
Acariciaba sus pechos diminutos, quería tirarla a la cama pero nos recostamos sobre el sofá, nos besamos demasiado con unas ganas incontrolables, ella estaba exageradamente extasiada, supongo que igual que yo, la crucé entre mis piernas para movernos deliberadamente y hacer que nuestros clítoris se presionaran con el ritmo  corporal, era todo un deleite, su cara empapada de sudor enrojecida por el fervor, su cabello mojado, sus pezones erectos y más la sensación de nuestras partes juntándose entre sí, era muy placentero, estaba a punto de llegar el orgasmo cuando pude sentir que ella brotaba en orgasmos y eyaculación, me puso demasiado, no dudé en dejarme ir e inundarme también, seguramente nuestros gemidos traspasaron la puerta de lo fuerte que fueron, lamí su cara para saborear su sudor y mordí sus labios para que sangraran, meramente por salvajismo y control. 


-Mapachita

miércoles, 30 de mayo de 2018

Fantasía lésbica
PARTE I.
Me había gustado desde que la vi, su cabello era sedoso, sus manos pequeñas y una sonrisa que me llevaba a imaginármela riendo sobre mis sábanas. Quería tocarle las tetas sobre la blusa y percibir esos gemidos ocasionados por el placer de mis manos y el cosquilleo de mi lengua. Era demasiado excitante y a la vez inocente, a sus 15 años ¿qué podía tener de experiencias sexuales?, si aún ni entraba a la prepa.  Le llevaba tres años y muy apenas hablábamos, yo suponía gustarle y quizá era eso la razón por la que empezaba a fantasear con ella; seamos realistas, siempre estamos fantaseando en busca de nuevas experiencias y más si nos sentimos deseados por los demás.
Ideaba mis labios junto a los de ella, ambas besándonos sintiendo ligeramente nuestras lenguas al tiempo en que mis dedos se entrelazaban en su cabello y sus manos rodeaban mi cintura. Deseaba tenerla. Un par de noches me recosté sobre la cama, la inventaba en mi cabeza, veía cómo sus manos acariciaban mis pezones y mientras lo creía yo me masturbaba, me acariciaba el clítoris mientras me mordía los labios de tan extasiada que estaba.
Fui a su casa a pasar solo a saludarla, puesto que vivía a solo unas cuadras, me inventé un motivo, creí sería buena idea llevarle un trozo de pastel, su madre me dejó entrar y me dirigió hacia la recámara de su hija, ella se levantó de la cama y me saludó con gusto, tenía cuadernos tirados, un plato de comida, servilletas sucias, realmente un desorden de puberta.  Nos saludamos de beso y su mamá pasó a retirarse, me senté en un pequeño sofá junto a su cama y ella alegremente me contaba algunas situaciones que había recién tenido y sonreía; como lo dije antes, me parecía exageradamente linda, vi como sus piernas me invitaban a acariciarlas y al subir la mirada notaba su falda a cuadros, tenía ganas de quitársela y perderme en su ropa interior, saborear lo que había ahí en su centro de vida, recorrer lo que nadie aún recorría para después deshacerme de toda su ropa, moría horriblemente por estar sobre ella, besarle toda, probarla entera, masturbarla con delicadeza, ya no sabía lo que decía, cada instante la escuchaba menos, estaba perdida fantaseando con ella, pensando en hacerla mía, quitarle la inocencia, mojarme con ella, más que fantasía ya era una puta urgencia…

-Mapachita

miércoles, 11 de abril de 2018

Sexo y arena
Noté cómo un tipo de lejos me observaba, tenía unos ojos hermosos y dejaba al descubierto su pecho, parecía ser muy  varonil. Estaba dentro de un bar que se ubicaba junto a playa, era ya como más de la medianoche cuando me dirigí hacia el baño en busca de mi amiga la cual estaba echándose un tremendo polvo con un hombre de cabello rubio, claramente sonreí, ya decía yo que estaba tardando demasiado y extrañamente había decidido ir sola, sin mi compañía como es de costumbre, para llegar a esa conclusión tuve que abrir una de las puertas donde su bolso se veía en el suelo junto a sus tacones y unos zapatos, solo quería cerciorarme de que todo estuviera bien. Salí del sanitario, estuve otro rato más sin volver a voltear a ver aquel hombre que había penetrado mi mente, a veces no hay que ser tan obvias, no quise mostrarme interesada. Le envié un mensaje a mi amiga de que iría a dormir, que se cuidara, que nos veíamos al día siguiente. Me dirigí hacia afuera, miré el mar y me perdí en la oscuridad y la brisa, no había nadie, creo haber ido algo retirado de donde me encontraba, me senté en una piedra pensando en varias situaciones que tenía pendientes. Las vacaciones iban bien, las noches habían sido relajantes y ahora me encontraba frente a un paisaje que recordaría siempre; la luna alumbraba el mar, las estrellas brillaban entre sí, y el viento erizaba mi piel. Percibí a alguien a acercarse, me asusté por no saber quién podría ser, en ese momento me arrepentí de haber llegado algo lejos a mitad de la noche. Me paré inmediatamente y fue entonces que esforzándome en observar, conocí su mirada, esos ojos deslumbrantes con los que me había topado tiempo atrás en el bar, eran esos mismos los que me llevarían a pecar. Su olor impregnaban hasta mi ropa, perfume, alcohol, cigarro, que sin decir más, me tomó de las caderas con sus manos y comenzó a besarme en una forma demasiado excitado, mi cuerpo se llenó de calor accediendo a sus mojados besos. Su lengua se retorcía por dentro, sus dedos se colaban entre mis piernas buscando el punto donde yo explotaría de placer, me masturbó delicadamente, podía saborear sus ganas y darme cuenta de las mías, ese olor no lo olvidaría; mis favoritos para ser realista. Lo acaricié sobre sus pantalones, su miembro se sentía demasiado erecto, quería sacarlo para poder recorrerlo por completo, con mis dedos, con mi boca, con mis labios. Pero no tuve tiempo de empaparlo con mi saliva, me sentó sobre la piedra, se deshizo de mi blusa, sacó mis pechos y se dedicó a palparlos, besarlos, morderlos. Entonces, me recostó sobre la arena boca abajo ya sin ropa, sabía lo que estaba por suceder, su bragueta hizo ruido, segundos más tarde sentí su peso sobre mí, su pene estaba entre mis nalgas jugueteando un poco, después me penetró fuertemente provocando mis gemidos y uno que otro grito de dolor, eyaculó demasiado rápido sobre mi espalda, nos dormimos. Un par de horas más tarde proseguimos con lo nuestro, nos besamos desesperadamente descubriéndonos aún más nuestros cuerpos, me hizo suya por largos intervalos, no dejaba de verle a la cara, ya había tardado en correrse lo cual me excitaba porque era delicioso lo que me hacía sentir en esos momentos, las olas del mar se escuchaban a lo lejos, la luz empezaba a hacerse notar aunque muy ligeramente, el aire era aún fresco y sus ojos en mis recuerdos permanecen eternos.   
 -Mapachita

lunes, 12 de marzo de 2018

Con las piernas abiertas sentada sobre el sofá acaricio mis muslos con las yemas de mis dedos y lo hago despacio, subo, bajo, vuelvo a subir y las sensaciones se elevan mientras espero ardiente ese toque final. Gimo sin aún haber llegado a tocarme la vagina, gimo porque la imaginación me lo permite, jadeo excitada sabiendo que mis dedos están a punto de rozar mi vulva y sumergirse dentro de mí.
Es delicioso masturbarse; me acaricio mientras pienso en ti, saco mis dedos para frotar mi clítoris, lo presiono circularmente, estoy húmeda gracias a mis fantasías donde apareces entre mis piernas mirándome a los ojos, con tu ligera sonrisa insinuando que estás a punto de comerme, y yo con gusto te doy el permiso de hacerlo, porque me urge, porque me gustas, porque lo gozo
Te hundes entre mis piernas y juegas con tus labios, tu saliva, movimientos y exquisitas destrezas, me sigo masturbando queriendo imaginarte todavía más, deseo excitarme por completo, tu boca hace maravillas con mi clítoris y tus dedos se guían a la perfección entre mi vagina, te pido que pares, es demasiado, estoy a punto de colapsar, no paras, sigues masturbándome y lamiendo con mis caderas moviéndose alrededor de tu cabeza, subes a besarme los pechos, a morderme los pezones y besarme la boca, sabes a vida, a placer, sabes a mi ardiente vagina.Y es entonces que dejo de respirar para después expulsar todo el aire con los ojos cerrados, con la boca jadeando, mis pies acalambrados, disfrutando de tan satisfactorio orgasmo.

-Mapachita

sábado, 10 de febrero de 2018

Házmelo así…
Bésame con la ropa puesta, no me desnudes hasta que la piel me hierva y la sangre me enrojezca. Rodea con tus labios mi cuello, muérdeme despacio y dirige tus manos por encima de mis prendas, siente mi figura, fuma mi aliento, imagíname desnuda mientras te beso. 
Tócame por debajo del vestido sin quitarme la ropa interior, percibe esa humedad que has provocado, date cuenta de esas ganas que tengo por ser a ti entregada, pero espera, deshazte de mi ropa, sígueme acariciando, lléname de saliva, de palabras, de suspiros y miradas lascivas.  
Húndete en mí, respira en mi vulva, come de ahí, quiero que tu lengua lama mi clítoris y mis labios vaginales y al masturbarme con tus dedos tu boca presione mi clítoris, sí, todo al mismo tiempo, turnándote, haciendo lo posible porque alcance el orgasmo; momento único, maravilloso, indescriptible, regocijante. 
Después sube a besarme, pellizca mis pezones excitados generándoles leve dolor, que sepan que están vivos y que los deseas al igual que el resto de mi cuerpo. Baja hasta los pies, rózalos con las yemas de los dedos, clava tus dientes y saboréalos dedo por dedo. Y no se te olvide mirarme que lo estaré disfrutando.
Bésame las piernas hasta llegar a mis muslos, céntrate justo ahí; lame, besa, acaricia, palpa, acomódame para que me penetres después de haberme calentado de pies a cabeza. Que me inyectes es lo único que deseo, la razón por la que espero. 
Sepárame las piernas, quítate los pantalones y bóxers y hazla entrar en mí, poséeme con rudeza que ya no aguanto más, presiona mi clítoris delicadamente y ven a besarme, me excito más sintiendo tu lengua dentro de mi boca juntándose con la mía. Dándonos besos a medias por causa de mis jadeos, de mis labios abriéndose como respuesta a tan excitante momento. 
Placentero es verte a la cara, las venas marcándose en tu frente, el sudor cayendo, tus dientes forzados, tu mirada de fuerza e ira, te veo y enloquezco. Mis pechos se mueven al compás de tus movimientos al punto en que me duelen. Sigues y sigues dándome más, sabes que me encanta, conoces lo que me prende, lo que me gusta, lo que más me humedece. 
Y sé que lo sabes porque introduces tus dedos en mi boca, me besas por completo la cara, me disfrutas de frente y me tomas después por detrás, sujetas mi cuello privándome de la respiración y de todo control, ambos sabemos que solo soy tuya y que las marcas de tus manos que dejas en mi cuello también le harán saber al resto.
¿Y sabes que también me encanta?, que después de que hayas eyaculado, de haber descansado, prosigas a masturbarme nuevamente, repitas parte del juego previo para hacerlo una vez más. Que de sexo aún no llenamos, caricias nos faltan por darnos, gemidos aún me guardo y mi cuerpo pide ser otra vez llenado. 


-Mapachita

sábado, 13 de enero de 2018


Se llamaba Gustavo, y le encantaba verme excitada.
Gemía en todo momento de que me penetrara, mantenía su mano sobre mi boca para agudizar mis ruidos haciendo parecer que quisiese ocultar las pistas de lo que sería una violación, evitando que lo delataran. Lo hacía con fuerza, como un león en celo buscando la maravillosa reproducción.
Gustavo era como un macho alfa, solo a mí me pertenecía a pesar de que tenía una obsesiva fascinación por las mujeres, no importaba que fueran altas, de baja estatura, morenas, de piel blanca o cabello rizado, si le parecían seductoras se ponía como único objetivo tirárselas. Y no, no me molestaba siempre y cuando no lo guardara en secreto y me lo contara. Les podrá parecer extraño pero cuando me las describía, me excitaba al imaginarlo follar con ellas. Él sabía lo que ocasionaba cuando me hablaba de esas mujeres y es por eso que le añadía más detalles de lo que habían sido sus aventuras de tarde o media noche. Terminábamos en la cama como unos enfermos sedientos de terminar con nuestras ganas de instinto sexual, con bestialidad y desenfreno. 
Amaba sus dedos dentro de mí, esa temperatura fría que entraba y salía de mi vagina, calentaba sus dedos traviesos que no parecían cansarse al igual que su lengua cálida adentrándose en mi boca, nos besábamos, nos masturbábamos, jugábamos con nuestros fluidos satisfaciendo todo existente deseo.

 ¡Oh, Gustavo!, qué rico era succionarte, comer de tu miembro, acariciarlo con mis manos, cubrirlo con mi lengua, mis labios, mi saliva y después observarte directo a los ojos, esos ojos que a veces estaban cerrados, mirando hacia arriba o perdidos en la lujuria de la presente sensación, estabas concentrado solo en tu pene y mi boca, te devoraba porque me gustaba, porque quería y porque realmente lo disfrutaba.
 Me tomabas en donde estuviese, me estremecía al sentirte tan cerca cuando te hacía lejos, pero ahí estabas, junto a mí, tocándome el cuerpo, me hacías sentir objeto y eso dilataba y mojaba mi vagina, ¡Cómo me encantabas, Gustavo!, siempre estabas lleno de ganas al igual que yo, comíamos y vivíamos de solamente sexo.
En ocasiones olías a otros perfumes, sabías a otras salivas y había marcas en tu cuello y/o espalda, aún así me sonreías porque te sentías tan viril, tan fuerte y tan hombre, que solo te bastaba acercarte para debilitarme y ponerme a tus pies, pasaba mis manos por sobre tus pantalones, sentías esa exquisita emoción, jugaba un poco, nos calentábamos, delicia de erección.
Me despojabas de la ropa, mordiendo mi cuello hasta llegar a mis pezones que esperaban tu respuesta, tu ira, tu indecencia. Después chupabas de mi vulva logrando humedecerla para albergar tu pene cual parecía querer explotar, y me penetrabas, jadeaba, gritaba y te pedía que lo hicieras con mayor fuerza y entonces sudabas, sudábamos, emitías quejidos salvajes y gozaba mirarte, eso me ponía aún más de lo que ya estaba, lo más rico era que eyaculabas, podías hacerlo fuera o dentro, eras todo mi delirio. Y te sigo recordando, me masturbo con tu recuerdo y cuando se me acaban tus imágenes, las invento.

-Mapachita