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domingo, 26 de marzo de 2017

Soy Mario y mi novia se llama Sofía, ambos teníamos 18 años y les contaré una de mis experiencias que tuve a lado de ella.

Era una tarde lluviosa, habíamos ido a comer, nos perdimos por un callejón para hacer guarradas sin que nadie nos viera, le metí la mano bajo su blusa, noté como sus pezones estaban levantados por las gotas de la lluvia, los pellizqué con la intención de que sintiera rico y lamió mis labios, provocándome, mi pantalón estaba que estallaba por el bombeo de sangre. A lo lejos se veía un automóvil moviéndose sigilosamente, venía por el callejón donde nos encontrábamos comportándonos como lo que éramos, unos adolescentes deseosos de placer. Nos asustamos y preferimos caminar como si estuviéramos de paso, se emparejó el auto con nosotros, bajaron de él dos hombres para subirnos, ataron nuestras manos y taparon nuestros ojos, estábamos asustados, quizá era un secuestro que terminaría en asesinato, no podíamos saber exactamente lo que estaba por suceder, Sofía lloraba y uno de los hombres al parecer la calló con un golpe ya que se escuchó un fuerte sonido, no dije nada, no tenía palabras qué decir, era más el miedo que tenía que el desear defendernos de ellos, además ¿Cómo?, si nos tenían inmóviles. Era imposible. Nos bajaron y metieron en un cuarto, el polvo entraba por mis fosas nasales, estornudé un par de veces mientras Sofía lloraba y tosía. Le dije que se relajara, que todo estaría bien, en eso llegó un hombre y me quitó la venda que me habían colocado sobre los ojos, la habitación contaba con una cama desordenada, una silla, baño y ropa tirada sobre el suelo color oscuro. Los pechos de mi novia se transparentaban, me dio pendiente que el hombre los notara y quisiera hacerle daño, él lucía como de unos 50 años, ni delgado ni obeso, no era muy atractivo y olía a cigarro, no cuestioné nada, llegó otro señor el cual sí era gordo y su expresión era de una persona muy agresiva. Se le acercó a Sofía y la sentó en la cama mientras el otro hombre me sentaba en la silla para disponerse a atarme los pies, podía ver todo pero mi novia seguía vendada suplicando por su libertad. El obeso señor le levantó la blusa y acarició su sostén negro, apretaba con lujuria sus pechos y reía en tono de perversión, ella gritaba pidiéndole la dejara en paz, le colocó una mordaza y la recostó, pasó las yemas de sus dedos por los pezones que los tenía ya de fuera y endurecieron aún más, me provocó celos, seguramente lo estaba disfrutando porque de otra manera no tendría sus pezones erectos, sus dedos bajaban por su ombligo llegando al botón de su pantalón, lo desabrochó y bajó colocándolo sobre el suelo, hizo a un lado su ropa interior y le metió dos dedos, Sofía gimió a la vez que sus lágrimas se le escurrían sobre la cara, el señor dejó de fuera su pene e inició un sexo muy rudo, la estaba penetrando con una fuerza aterradora al mismo tiempo en que apretaba sus senos y le golpeaba la cara, su nariz sangraba por las nasales. El hombre que estaba a mi lado me cuestionó si me gustaba lo que estaba viendo pero lo ignoré, seguí observando, parecía ser irreal, no estaba del todo seguro. Dejó de hacerle daño y el otro hombre se acercó a mi chica quien se veía destrozada tanto física como mentalmente. Le acomodó la venda que cegaban sus grandes ojos, mi novia manoteaba y la cogía por las manos con fuerza pues había logrado zafarse de lo que le mantenía las manos atadas, le dio la vuelta quedando Sofía bocabajo y él ya desnudo le metió el pene en su ano a la vez que la controlaba desde los brazos pegados a la espalda, el anal  le generó gran dolor, sus gritos eran horribles y no sé cómo fue posible que empecé por excitarme, el verla con otro hombre realmente estaba aumentando mis ganas de masturbarme, empecé por verla distinto, como jamás imaginé, pensando en que ella lo estaba disfrutando demasiado concediéndome el deseo de verla tener sexo con otros hombres muy ajenos a mí.  Mi mente ya no estaba en blanco, ahora la sangre fluía con mayor fuerza y mi pene alcanzando su máxima erección. La seguía penetrando analmente y Sofía ya tenía la garganta desgastada por tanto gritar, le saco el pene y pasó a eyacularle sobre las nalgas, estaban enrojecidas por la fuerza en que la estuvo tomando. El otro no estaba aún satisfecho, colocó su miembro en la boca de ella metiéndosela hasta el fondo, así estuvo un pequeño lapso hasta venirse, el semen le escurría entre las comisuras de la boca, su cara hacía gestos de gran disgusto. Mi excitación era tanta que deseaba me chupara la mía y montarla sin darle importancia a que ya estaba agotada y sin fuerza alguna, pero eso me ponía más. Quería también golpearla todas las veces suficientes para lograr un orgasmo a sabiendas de que era yo quien tenía el control sobre ella.

Al final de la noche, le dejaron caer gotas de cera quemándole la piel, cortaron su cabello además de que siguieron golpeándola y para joder ambos la orinaron, su cuerpo estaba deshecho, marcado, jodido, realmente hecho mierda. No pidieron rescate alguno, sólo buscaban cumplir sus fantasías por lo que nos dejaron libres, claro, bajo amenaza. No lo sé, pero fue la mejor noche de mi vida.

-Mapachita 

lunes, 20 de marzo de 2017


Mi profesor
...
Ese maestro era muy listo y los temas que nos proporcionaba eran para mí de gran interés, cuando recién llegó a mi preparatoria no me pareció guapo, al contrario, me cayó mal. Demasiado estricto y pesado. Sin embargo, sus clases eran muy buenas que me mantenía atrapada al escucharle hablar de las emociones, la diversidad de personalidades y todo lo que tenía que ver con la psicología. Le fui dando importancia y a admirarlo pero solo hasta ahí. Él no coqueteaba con nadie como solían hacerlo otros profesores por lo que se daba a respetar y yo le respetaba. En ocasiones mi amiga intentaba seducirlo de una forma indirecta pero fallaba en sus intentos, una mañana el profesor nos otorgaba la clase y en eso, ella me pasó un papel con una frase escrita en la que decía que se quería tirar al profe, yo carcajeé, pues me parecía una bobada habiendo tanto alumno guapo por la escuela dispuestos a satisfacer, el profesor se dio cuenta y me quitó ese papelito el cual sería motivo de no entrar a las siguientes dos clases. Me dio pena pero los aprovecharía para trabajar en otros proyectos que ya tenía pendientes. Al día siguiente asistí a la cafetería que queda cerca de la escuela, fui sola y vi llegar a mi maestro, siempre tan serio, formal y sin expresión alguna, pasó de largo, ni me vio pero una vez tomada su orden, de regreso al tratar de escoger un lugar para sentarse me notó. Fue sorprendente porque me sonrió, jamás le había visto ese gesto en su plana cara y me pareció lindo, se sentó y dialogamos un par de minutos, se despidió tocándome el hombro y se dirigió hacia la barra para coger su café y salir del local. Fue a partir de ese momento que me empezó a llamar la atención, sé que era mayor, que además de eso era su alumna, que quizá ni se fijaría en mí pero la realidad era que mucho menos yo me atrevería a tener algo qué ver con él. Alucinaciones. Terminé mi café y el panecillo que se me había antojado a última hora y fui a casa, en el camino me alcanzó por sorpresa mi novio, nos abrazamos como un par de enamorados y nos perdimos en un largo beso. Estuvimos platicando en la sala para después terminar recostados en la cama del cuarto. Comenzó a besar lentamente mi cuello, mi piel sentía su energía erizándome por completo, sus manos acariciaron mis pechos, mis ganas aumentaban poco a poco hasta que sus dedos trataron de entrar por mi pantalón, le pedí que parara, que por más que yo le quería, para tener sexo no me sentía preparada, me dio la razón y después se marchó de la casa con el motivo de que tenía tarea por hacer y que  estando a mi lado no podría aguantarse ese deseo de hacerme suya por primera vez. Se fue. Me quedé acostada viendo hacia la pared, estaba ligeramente excitada y recordé a mi profesor, esa hermosa sonrisa que extrañamente me brindó y qué decir del momento cuando me tocó el hombro, lo que pasa es que cuando una persona es tan ajena a nosotros o existe un gran respeto hacia ellas, el tener un contacto físico genera que ese límite que teníamos establecido pase a otro nivel. No dejaba de recordar ese momento, sentir su tacto sobre mí fue increíble, encendió un interés, interés que me llevaría a probar nuevas experiencias.  Se terminó la sanción y volví a asistir normalmente a sus clases, mis ojos ya lo veían diferente que en ocasiones ni atención le ponía a lo que decía sino en su mirada, su cuerpo y esas grandes manos, me hacía crearme fantasías hasta que un día creo se percató de cómo lo observaba, eso creo ya que al terminarse la clase pidió me quedara, no lo dijo para que todo el grupo escuchara, solo que al pasar por su escritorio dijo “Quédate, no te vayas” a lo que yo asentí con la cabeza mientras me hervía la sangre, mi amiga salió disparada después de mencionarle que la alcanzaba más al rato, cuestionó el porqué pero no le di señas ni nada. Me quedé a solas con él y me comenzó a hablar sobre un proyecto que les había asignado al grupo en mi ausencia, mencionó que quizá debería ya de saberlo por parte de mis compañeros pero realmente ni tuve el interés de cuestionarles sobre las clases perdidas y al notarme extrañada, sonrió, porque se percató de que no tenía idea alguna sobre de lo que estaba hablando. –Lo siento profesor. Solo contestó con un “Descuida”. Comentó que se le hacía tarde que si quería pasar a su casa para hablarme sobre esa tarea porque había pensado que podía interesarme puesto que era la que más le ponía atención y sería una lástima que no trabajara en ello, no pensé para mal y le dije que estaba bien que me dijera la hora y el día para estar presente ahí junto con mi amiga, quien no había podido tampoco asistir a esas clases. Me pidió fuese sola que él estaba seguro que a ella ni le interesaría. Quedamos de vernos a las siete de la tarde de ese mismo día. Se acercó la noche y llegué a su casa, no quise irme tan descuidada pero tampoco tan seductora, podría tomarlo de muy mala manera así que portaba un vestido largo color rosado con un leve escote, casi nada, no llevaba sostén ya que mis pechos no eran tan grandes además la vestimenta no era entallada sino flojita. Casual pero formal. Toqué el timbre y enseguida salió a recibirme, volteó hacia los lados como deseando no ver a nadie sobre las calles y después me recibió en su casa, era pequeña pero muy lujosa amueblada con diseños en tono marrón oscuro. Me ofreció el sofá de la esquina para que me sentara y se dirigió a la cocina para traerme un poco de agua, regresó y él no se sentó a mi lado como lo había pensado, comenzó a hablarme sobre ese asombroso proyecto el cual quería que yo me esforzara en hacerlo y poder ser la mejor de la clase supuestamente porque me veía gran potencial, me explicó detalladamente y muy formal, como siempre, me otorgó un fólder con información y los puntos que tenía que desarrollar, le di las gracias y me levanté para retirarme de su casa, en ese momento él también lo hizo y me tomó del brazo pidiéndome que esperara un rato más o si es que llevaba apuro, le mencioné que mi novio estaría esperándome con mi madre para cenar lo cual le generó disgusto, solo diez minutos y te vas, dijo. Le hice caso y esta vez se sentó al lado mío, observé con más calma a su alrededor y vi unas fotografías en donde estaba con su familia, eso parecía. Se percató de que estaba observándolas, posicionó su mano en mi pierna y me comentó que estaba casado pero que su esposa estaba de vacaciones junto a sus hijos que descuidara, que no llegaría y pensaría mal de ambos ya que la plática era solamente de la escuela. No le puse demasiada atención, su mano hizo efecto en mi cerebro así que me puse un poco nerviosa pero intenté calmarme porque ya me generaba demasiada tentación. Logré calmarme e inmediatamente le hice algunas preguntas del proyecto, las contestó pero su mano subía de poco a poco para lograr tocarme mis partes aún con el vestido puesto, no impedí sus movimientos, me besó así que cerré los ojos, pasó a recostarme sobre el sofá sin dejarme de besar ni tocarme por encima de la ropa, mi pulso se aceleraba y empezaba por lubricarme de lo excitada que me ponía el profesor, levantó mi vestido y bajó, subió por mis piernas con su lengua hasta que llegó a mi vulva donde comió de mí, sentir su lengua en mis labios vaginales como disfrutarla también dentro fue riquísimo. Me deshizo de mi vestido y mordió mis pezones, lamió mi cuello y volvió a besarme la boca, sabía a vagina. Nuestras lenguas jugaban entre sí y realmente lo quería tener dentro ya, se bajó sus pantalones y pude notar lo erecto que estaba, me dio miedo porque sabía que me dolería por ser mi primera vez pero se miraba tan interesante y experimentado que sería ideal para que me iniciara en el sexo además me tenía muy mojada, tapó con su mano mis ojos y por consiguiente ya no pude ver nada, su pene estaba cerca de mi pelvis y su boca lamía mis senos, estaba disfrutándolo y sin imaginarlo, me penetró bruscamente, grité, no lo esperaba y mi vagina estaba muy cerrada pero suficientemente lubricada para recibirlo, me penetró como si de una puta de tratara, ya podía verle y su mirada estaba perdida en mis ojos, mordió mi nariz, cachetes, labios, cuello, mientras tanto yo sentía ese grosor de su miembro entrando y saliendo de mí hasta que terminó eyaculándome la boca. Sabor amargo. Quizá imaginé sería más romántico en el sentido de poseerme suavemente y lindas caricias, no fue así pero no puedo decir que no me gustó porque estaría mintiendo, el simple hecho de que fuera mi profesor con una edad madura era suficiente para haber disfrutado haber sido suya. Desde ese momento conocí lo maravilloso del sexo. Seguí con mi novio pero solo nos tocábamos de vez en cuando, mi profesor me pedía no me liara con nadie más que no fuese con él y así fue, nos perdíamos en hoteles para disfrutarnos, saciarnos el deseo y llenarnos de fluidos producto del mejor sexo. Una ocasión en la escuela todos estaban  citados en el auditorio del plantel ya que se recibiría al nuevo director de la carrera, me dirigí hacia los baños del taller porque los del aula estaban fuera de servicio, entré a orinar y al abrir la puerta para continuar a lavarme las manos, mi profesor estaba ahí, se metió conmigo, cerró la puerta y  besó todo mi cuerpo, me puso de espaldas para empinarme, bajó mis bragas y su saliva se escurría desde mi ano hasta pasar por mi vulva, me lamía de orilla a orilla, sus dedos empezaron por masturbarme la vagina, no podía gemir tan fuerte pues podían escucharnos pero era un delicioso momento, me azotó con dos nalgadas lo que sí ocasionó ruido, sin embargo, nadie escuchó, de repente me introdujo todo su pene y de dispuso a darme muy placenteramente, mi vagina se contraía de excitación, jaló mi cabello y me dijo al oído con su voz ronca que eyacularía dentro para no ensuciarme que ya estaba por venirse, gruñó con fuerza y su semen calientito salió para llenarme por completo...ese hombre me volvía loca, era un pervertido y me provocaba sensaciones inimaginables…eso es a lo que llamo experiencias fascinantes.



 -Corina Rdz.

viernes, 17 de marzo de 2017

  
¿Sabes?, a veces pienso en tus ojos porque es ahí donde noto tu deseo, las ganas de tomarme por la cintura para plantarme un beso. De los besos  surgen infinidad de acciones, experiencias y placenteras pasiones, así que bésame, poséeme, tócame más de mil veces, entiende que quiero ser tuya; sentada, de pie, a una orilla, acostada o en el suelo que enfría mi espalda y puede ser ahí donde espere  con ansias tu llegada, con fuerza dentro de mí, sin que ni siquiera pares,  mi respiración inhales y nos fundamos en fuego sin mencionarnos un terrible y tierno te quiero. Somos más sexo que amor y por eso si veo que vienes, mis manos irán justo a rozarte tu miembro que resalta sobre el pantalón, sé que te excitas al verme y es que también sé que el no llevar sujetador te prende. Te acaricio de principio a fin, disfrutando de tu energía corporal, misma que fusionarás con la mía y la usarás para esas fantásticas embestidas. Gemiré tan fuerte que tu orgasmo se adelantará al saber que me encanta cómo entras y sales que es  impresionantemente la forma en que me das. Mi vagina para ese momento ya estará húmeda preparada para tu venida y mi boca entre abierta para recibir tus labios y tu ardiente saliva.  


-Mapachita

martes, 7 de marzo de 2017

Su pulgar lo pasaba por mi boca, recuerdo que le gustaba pasar sus asquerosas manos sobre mis pechos que aún no estaban ni siquiera desarrollados. Solía entrar a mi cuarto cuando yo dormía y satisfacer sus más oscuros deseos, no estaba bien, sin embargo, no le podía detener, él tenía el control y si yo decía algo mencionaba que nadie me iba a creer, podía tener razón así que mientras me hacía suya, callé…

Mi madre dejó a mi padre tiempo después de que yo nací, para pronto, ya contaba con un padrastro, quien parecía al principio darme todo su amor, apoyo y protección hasta que su comportamiento con el paso de los días, cambió. Ya no era una bebé, me había recién graduado de 4º de primaria, no es que recuerde mucho pero esa noche me llevaron a cenar y se llegó la hora de llegar  a casa y poder por fin dormir. Digo “dormir” porque se suponía que así lo haría, pero no, esa noche mi padrastro interrumpiría en mi habitación y me despojaría de la pijama rosada que tenía borreguitos pintados. Fue la primera vez que tuve un contacto íntimo con él, obviamente forzado. Los ruidos me despertaron, la puerta se abría y el despertador que estaba justo en el buró marcaba las cero horas, percibía que alguien se acercaba, estaba oscuro y no podía ver su rostro…

-No hagas ruido, me dijo. Sentí escalofríos al saber que era mi padrastro a quien siempre llamé padre. Se metió debajo de las sábanas y comenzó a lamerme detrás de las orejas, me quedé paralizada, sin saber qué hacer, para cuando menos imaginé estaba sobre mí, levantó mi playera y sus dedos recorrían mis pezones que apenas se daban a notar, bajó mi pijama e intentó penetrarme de lo cual tardó mucho para hacerlo, era doloroso, tosco y aferrado, mi llanto se ahogaba en su mano, mi madre no podía escucharme y su pene estaba por entrar por completo, mis partes ardían, colapsaban al desgarrarse pero a él no le importó, me penetró hasta que eyaculó, tomó las sábanas y salió de la habitación, al día siguiente tardé en salir del cuarto, mi mamá me obligó a hacerlo porque tenía que comer y seguir la rutina y ahí, en la mesa estaba mi padrastro, actuando con normalidad así que fingí estar bien, creí que lo esa noche sería la única vez. Tan equivocada estaba. Mi padrastro me llevó a la escuela, no mencionó nada de lo ocurrido ni yo lo hice, antes de bajarme del carro, se despidió con un beso muy pegado a mis labios y me dio una pequeña y ligera nalgada diciéndome que me portara bien junto a una risa depravada.

Pasaban los días y temía que la noche se llegara, en cualquier instante él podía entrar, el que le pusiera seguro a la puerta no era una opción, tenía la llave. Llegaba por las noches al cuarto y pasaba minutos tocando mis partes, después según él, me hacía el amor. Era repugnante; tanto lo que conmigo hacía como lo era su olor.

Habían pasado ya semanas, hasta que una noche entró muy borracho, me estrujó y hasta me abofeteó, su lengua pasó por todo mi cuerpo, se bajó los pantalones y me atragantó con su pene, el cual no sabía muy bien y olía mal, fue la primera y no última vez que me obligó a hacerle sexo oral. Le gustaba que le mirara a los ojos mientras su pedazo de porquería estaba dentro de mi boca, pedía gimiera lo que le provocaba llegar más fácilmente al orgasmo, era un puerco desagradable y yo una niña aterrada, controlada por su furia y descontrol emocional, fueron demasiadas las ocasiones que abusó de mí, nadie supo, era nuestro secreto, él decía que era su niñita y después pasaría a ser su mujer. Qué tontería.



-Mapachita

viernes, 3 de marzo de 2017

La mamá de mi amigo



Soy un chico de 19 años, estudio la universidad y uno de mis mejores amigos se llama Pedro, por lo general hacemos la tarea en su casa y es muy común el que su mamá, una señora muy bien cuidada de 45 años nos hace de comer o en dado caso de cenar, depende a la hora en que terminemos nuestras labores como estudiantes.

Son solo él y su mamá, el padre los dejó ya hace años atrás y el punto es que para ser sincero, siento que su madre me mira de una forma obvia y especial, soy un chico atractivo, de ojos expresivos, juego fútbol americano por lo tanto tengo un cuerpo ejercitado y no aparento 19 años. Las chicas suelen buscarme con regularidad y me gusta jugar con ellas, solo les doy lo que buscan y paso así, de la misma manera con las siguientes aunque siempre hay una que otra tonta que piensa que le voy hacer caso como para una relación formal lo cual me es indiferente, estoy en la mejor etapa de mi vida como para cerrarme al mundo que aún me espera con nuevas experiencias.

Una ocasión Pedro se metió a dar un baño y me quedé en su recámara viendo la televisión mientras también repasaba unos proyectos finales, la puerta estaba abierta y escuché unos pasos que se acercaban y fijé mi mirada hacia la entrada de la habitación y vi pasar a su madre en ropa interior más no me  vio y sé que no sabía que yo estaba ahí porque al llegar a su casa, mencionó Pedro que ella dormía. No podía quitarme su imagen de mi cabeza, una tanga color carne transparente ayudaba a resaltar sus lindos glúteos y su vulva con poco vello púbico con un sostén en tono rosado de encaje y su cabello algo despeinado pero recogido, realmente hermosa y excitante.

En unos minutos, intentó entrar al cuarto, pero, ¡Oh sorpresa!, me vio ahí, sentado y se escabulló de inmediato para después regresar ya vestida, apenada y pidiéndome una disculpa, al parecer creyó que estaba sola en casa a lo cual le mencioné que no se preocupara y sin querer le dije que se miraba preciosa en esa tanga, lo sé, ni si quiera filtré mis pensamientos, y vaya que la calentura que traía no me dejó pensar en lo que tenía qué decir, sin embargo, colocó su mano con esas uñas alargadas en tono rojo , y me susurró al oído, “Tú también me gustas” a lo cual no pude responder además de que en eso entró Pedro, quien ni se percató del pequeño coqueteo que acabábamos de tener.

Llegué a casa cansado, tomé una ducha, me acosté en bóxer y mi mente le seguía dando vueltas a esas caderas, y como era de esperarse, se me estaba endureciendo, me masturbé pensando en esa mujer y ese recuerdo de sentir su mano sobre mi pierna como también el susurro pegado a mi oreja, imaginando que sus dedos recorrían mi entrepierna y acariciaba mi pene sobre el pantalón al mismo tiempo en que mis manos se adentraban en su blusa… eyaculé.

Pasaron dos semanas y hubo una reunión de los familiares de Pedro, obviamente por parte de su mamá a la cual fui invitado así que asistí pero no solo sino acompañado de una chica a la cual me estaba tirando cada sábado. Al llegar quedé fascinado con la vestimenta de esa señora quien ya era la dueña de mis fantasías nocturnas y mañaneras. Su vestido era corto, color púrpura,  pegado a su encantadora figura, su cabello ondulado y unos tacones que la hacían ver aún más alta de lo que ya era. Nos saludó cordialmente pero noté algo en ella y era, que seguramente estaba algo celosa. Acabó la cena y solo quedábamos nosotros, la chica, Pedro, su madre y yo, bebíamos vino y uno que otro bocadillo para el antojo. Mi amigo había estado yendo al gym durante esas dos semanas, por lo cual estaba agotadísimo y nos dejó a solas para irse a dormir. La situación se puso tensa porque aunque intentáramos hablar los tres, no se lograba alguna química ni comunicación continua. Marcaron al celular de mi acompañante y tuvo que salir al patio. La divina señora me sonreía, estaba algo pasada de copas y me pasó su mano sobre el cabello de una manera seductora, podría asegurarlo. Me hice el indiferente, como si no estuviese pasando algo entre nosotros ni suponer tampoco que pasaría, pero ella, tan lista y decidida supo cómo manejarlo, se acercó a mí y me dijo solo unas pocas palabras: “Vé a dejar a tu chica, después regresas que estaré esperándote”. ¡Vaya impresión!, aunque lo más impresionante es que así como lo ordenó, lo hice.

Al volver a casa de Pedro, ella ya no estaba en la sala, así que tuve que dirigirme a su cuarto, la puerta estaba entrecerrada, completé de abrirla cuidadosamente y entonces fue cuando la vi, acostada, observándome y solo vestía una bata la cual dejaba al descubierto su cuerpo con esa tremenda transparencia. Cerré la puerta.

Abrió sus piernas, no llevaba nada puesto, mis manos se posicionaron en sus rodillas y mi lengua embestía su vulva, su clítoris agrandado y me profundizaba en su vagina, el olor era exquisito y junto con su humedad parecía el paraíso. Sus gemidos me la ponía dura cada vez más y en mi cabeza solo pasaba esa idea de que estaba por follarme a la mamá de mi amigo, 26 años más que los míos pero gemía tan rico que dejé de lado mis pensamientos, me dejé llevar, me la comí a toda ella, nos besamos como enfermos, me hizo el más rico sexo oral permitiendo que le eyaculara dentro de su boca. Recuperé fuerzas de inmediato, la puse boca abajo y por fin la penetré, lo hice fuerte y a ella le encantaba, lo estaba disfrutando y yo estaba extasiado dándole lo que ella había estado esperando.

Quise penetrarla sobre ella pero poder verle la cara y lucía verdaderamente perversa, con aún más ganas de que le siguiera follando. Coloqué mi mano derecha en su cuello, su respiración se agotaba lentamente, le daba un aire y continuaba haciéndolo…le lamí sus pezones resaltados producto de la excitación como también la sujetaba  de vez en cuando de las piernas. No usamos condón, me dijo cuánto lo estaba gozando junto a esos gemiditos que erizaban mi piel, se la saqué y me vine sobre su cara.

Una señora demasiada pervertida pero con porte elegante, sería ese apenas el comienzo de nuestra aventura, de la cual Pedro jamás se enteraría.

-Mapachita