Vistas de página en total

jueves, 22 de septiembre de 2016


Tus dientes lastimaron mis sensibles pezones, hijo de puta, cómo te fascina causarme dolor que bien sabes lleva algo de lo hermoso de la excitación. ¿Qué haría sin ti bebé?, me ahogas con tu pedazo de sexo mientras comienza a escurrirme la saliva, me tomas como un juguete forzándome con tanta rudeza a comerme eso que por hombre llevas y lo haces tan agresivamente que traspasas mi garganta, siento como pasa por toda mi boca, no digo que se sienta mal, en parte me pone muy caliente porque me encanta que lleves el control y disfrutes lo que haces conmigo, yo, por siempre tu putita perra. Gimo, gimo, gimo cada vez que tu pene sale de mi cavidad bucal que es cuando puedo emitir un sonido. Tu pene tan húmedo, tan mojado, y mi saliva no para de chorrear, me canso un poco y lo tomo con mi mano, te masturbo un ratito para después comérmela toda, te la aprieto rico por las ansias que me causa por estar de zorra con un hombre tan rudo y sucio, paso mi lengua por todo lo duro de ti, la succiono rápido, lento, rápido, lento, te la lleno tanto de saliva que me facilita el seguir tragándomela, siento pronto la palpitación y terminas dentro de mi boca con tu calientito esperma, te observo pícara a los ojos, mi boca llena y prosigo a abrir mi garganta para que pase todo lo que tenga que pasar…te sonrío traviesamente y deslizo mis dedos bajo mis labios limpiándome el resto de humedad.


-Mapachita

martes, 13 de septiembre de 2016



PARTE II.

Tus manos sofocaban mis gritos,
mi desesperación cada vez aumentaba más de lo que era normal
levantabas salvajemente mi vestido,
no sé cómo pude vestirme así esa tarde mientras caminaba por ese sucio baldío,
jamás pensé en que tú, hijo de puta, ibas a obligarme a estar contigo
de una forma tan masoquista y enfermiza…
Me jalabas el cabello como si en verdad estuvieras molesto,
Vi cómo desabrochabas tu cinturón para después azotarme tan fuerte
mientras me empinabas para tener sobre mis nalgas un mayor control
¿te gustaba que llorara por ese dolor que me causabas?
¿Serás enfermo?, me arrodillaste y sacaste eso que le denominaste “Dulce”,
hiciste que lo chupara durante un largo tiempo,
cansaste mi mandíbula, pero cómo te excitaba que te lo llenase de saliva
y lo comiera por entero hasta que me dieran ganas de vomitar, no era placentero.
Me tapaste la boca con un pañuelo y vendaste mis ojos,
Después sentía cómo colocabas cinta sobre mis muñecas
Y el sentirme inmóvil hizo que de ti aún más temiera…
Las primeras bofetadas dolieron… ya no sentí el resto,
Mi cara la sentía ardiendo pero fue peor cuando por fin decidiste penetrarme,
Y no, no empezaste de la forma “natural”, ni mucho menos lento,
Me la metiste analmente, fue demasiado rudo, demasiado fuerte, demasiado  todo.
Ya ni gritar podía mucho menos defenderme puesto que amordazada me tenías
Y todo mi cuerpo ya te pertenecía, me hacías tuya como si fuese un juguete…
Eyaculaste sobre mi cara, orinaste después sobre mi cuerpo,
estaba empapada y el olor de tu orina era repugnante,
quitaste el pañuelo de mi boca y me diste un beso y aún recuerdo que dijiste
“Muy bien putita, este es el comienzo…”
-Mapachita

lunes, 12 de septiembre de 2016


¿Por qué sigues haciendo de todo esto un puto martirio?, y ya no sé si el problema soy yo o si ni uno de los dos lo es. Mis pensamientos se destruyen entre ellos, defendiendo ciertas historias, historias que jamás son resueltas en finalidad con la verdad o mentira que es.

Me encuentro sola y no sé el porqué, lo sé tal vez; más no conozco la realidad en su totalidad. Todo el tiempo me encuentro confundida y no doy respuestas abstractas a este montón de dudas que lastiman mi sentir, que le pegan a esas ganas de vivir y estas mismas se retraen y se convierten en el miedo de existir.

¿Qué hago cuando ya no hay razones por las cuales ser feliz, cuando todo deja de importar, cuando solo se espera que llegue la noche para poder dormir e irnos a la cama con la esperanza de que mañana sea un mejor día? Con esa tonta idea de empezar de nuevo y cargar energías para ser como antes pero los días siguen igual y no se ve algún cambio, ese que uno espera hallar.

¿Qué hacer cuando nos sentimos solitarios, enfermos, invisibles? Sentimos que todo va cayendo y difícil es que se levante porque por más que lo intentemos no podemos parar. El sentido se fue, el amor se había ido mucho más tiempo atrás, ni siquiera el odio guarda su lugar, ni nada. Somos idiotas que fracasamos a toda hora sin la obtención de un logro que nos llene los vacíos. ¿Qué hacer cuando ya no tenemos nada qué dar? Yo no sé.

Posdata: Me siento perdida en un lugar de tristeza donde dele el ser nada, donde cansa la espera y me ahogo en temores que no puedo curar.

-Mapachita

sábado, 3 de septiembre de 2016

Eran las 8 de la mañana, ya había desayunado me dirigí a mi recámara para recostarme en el sofá, ese sofá que guardaba grandiosos momentos, de esos recuerdos perversos que a uno a veces se le es imposible borrar por completo…

Comencé a idealizarme en un acto lujurioso, me empecé a excitar y fui bajando mis dedos hacia abajo para que se hundieran en mí. Ya saben a qué me refiero, y mientras más iba imaginando, el ritmo de mi mano acumulaba un mayor movimiento.

Mordía mis labios pues el placer era exquisito fantaseando con tu cara, sí, esa que pasa por mi cabeza durante el día y más en esos momentos cuando lo que más deseo es que me des por mis orificios, esos que tanto te gustaba follar y sé que aún has tener ganas de hacerlo pero ya no estás y de mis necesidades he de hacerme ya cargo; una mano se ocupa de masturbarme mientras la izquierda toca mi pezón el cual se erecta quedando listo para ser mordido, solo en mi imaginación pues me encuentro sola pero se siente tan rico… cómo desearía que estuvieras aquí para saciarte de mí y yo encargarme de tu descarga ya sea dentro, fuera, sobre mi cara, mi boca, espalda, ano, donde tú quisieras.

Sabes que aunque me toque sola, eres el dueño de estos fluidos placenteros que tanto te extrañan más no piden que vuelvas pero si me encantaría que chuparas mi vulva, también, que me metieras esos dedos que hacían deliciosamente me retorciera…      

-Mapachita

jueves, 1 de septiembre de 2016


Estaba ahí, sonrojado mientras le seducía, era obvio el deseo que por él sentía, ya le había notado antes, sus ojos brillaban, sus manos eran grandes y ya imaginarán lo que en mi mente se alborotaba; un manjar de sucios pensamientos, quería follarle más de un par de veces.
Y cuando le tenía cerca, pasé mis manos por su lindo y seco cabello, suavemente para hacerlo en una forma de seducción, pasé mi dedo por sus labios, abriéndoselos ligeramente, sé que él ardía como yo también lo hacía. Solo me miraba fijamente sin decir nada, sonreí para hacerle saber lo que buscaba pero seguía ahí, serio, inmóvil y tuve que seguir incitándole.
Me excitas, le susurré al oído y su corazón palpitaba aún más fuerte. De repente, me sujetó el brazo, me atrajo hacia él y me plantó un beso, de esos con demasiada saliva y una feroz fuerza, dejó de hacerlo y solté un gemido.
Estaba ya humedeciéndome, le pasé mi lengua por su cuello hasta llegar a la barrera que hacían los botones de su camisa,  los desabroché apresuradamente y mi lengua seguía un largo camino hacia sus pantaloncillos los cuales bajé para embriagarme de su ser,  disfruté hacerle sexo oral, su miembro era de un tamaño perfecto y me fasciné de lo suave de su glande, quería devorarle. Subí nuevamente para encontrarme con sus ojos, me quitó la blusa y después el sujetador, dejó mis pechos al aire libre, mis pezones se encontraban duros, los acarició descontroladamente, los chupó y mordió, yo gemía y gritaba, me excitaba y dolía.
Vestía una falda, de esas cortas que les encanta a los chicos pervertidos. Su mano entró por debajo haciéndome las bragas a un lado para meterme sus dedos, yo ya mojaba y sentía demasiado placer el que me masturbara, me besaba hundiéndome toda su lengua en mi boca, y yo no dejaba de gemir, joder ¡Cómo me encanta!.

Saco lentamente sus dedos de mi vagina, me dio la vuelta para empinarme sobre el buró que había en ese viejo cuarto, alzó mi falda, bajó mi ropa interior y sin pensarla dos veces, me penetró con demasiada euforia ¿imaginan mis ruidos de placer?, el aún debe recordarlos; sus manos sujetaban mis pechos que no paraban de moverse por esa brutalidad en su ritmo de follarme, sacó su pene de mi vagina y pasó después a introducírmelo analmente, grité fuerte cuando entró por primera vez, grité un poco menos en las siguientes veces, el dolor disminuía para convertirse en una rica y deliciosa sensación, al pasar los minutos terminó en mi ano, cansado, agotado, sudando y yo encantada de habérmelo tirado pues como ya les decía, ya le traía demasiadas ganas aunque era novio de mi mejor amiga.  

-Mapachita