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miércoles, 26 de septiembre de 2018


PARTE II

Bajo candado permanecía dentro de mi departamento escuchando una de las magníficas composiciones de Chopin, me sentía extasiado mientras observaba la figura de Irene sobre la alfombra, estaba hecha mierda. Me he tirado a su hija y ahora también a ella, ¿quién iba decirlo? Soy afortunado, me la he rifado como el hdp que soy y eso hasta cierto punto me enorgullece. Después de haber irrumpido en su departamento a follarme a su niñita he sentido cómo una fuerza en mí se ha apoderado, fue una puerta hacia un potencial de violencia sexual con el que he vivido reprimido pero hoy me siento libre y durante la mañana he aprovechado la oportunidad de que la hija ha salido a la escuela e Irene se había quedado en casa sin ir a trabajar, estuve muy al pendiente desde temprano, pues no había podido conciliar el sueño de tanto imaginar perversidades; la invité a casa a beber una taza de café para charlar, no se imaginó que mis intereses realmente eran otros, tal vez sí pero no a tal grado ni mucho menos con semejante violencia. Terminando el café hice lo incorrecto, a menos para el resto, porque no para mí. 
La golpeé con la taza en la cabeza pero no fue suficiente, así que la bofeteé con dureza para que quedara semi inconsciente, la ve que estuve en su apartamento robé el uniforme de su hija que más de universidad parecía de colegiala de bachillerato, no era el único conjunto que había así que qué más daba tomarlo, en ese momento no supe ni por qué lo hice pero ahora pensándolo mejor sí que funcionaría. 
Le quité la ropa para ponerle la de su hija, se veía preciosa con uniforme, la llevé a la cama y me excité al levantarle la faldita para follarla como perra en celo, la até de las manos mientras la penetraba fuertemente, poco a poco comencé a sentirla más húmeda lo cual me volvía aún más loco.

Quedó desnuda completamente en un abrir y cerrar de ojos, la dominé por completo al tiempo en que me daba su cálida espalda, suave como el algodón, mordía cada centímetro de ella y jadeaba de deseo y dolor. Cansado de tal posición la acomodé de lado y continué penetrándola, la sensación era alucinante, tanto que quería eyacular pero esperé, en momentos paraba y después continuaba haciéndola mía, era un maravilloso espectáculo, tirándome a la buena de mi vecina, aquella que parecía inalcanzable por tan sofisticada que se veía pero ahora era mía al igual como ya lo había sido su hija. Preciosas las dos; quejumbrosas pero suertudas al tenerme a mí de amante llenándolas de satisfacción. 

Se lo hice en la cama, en el suelo, en el sofá, mantenía controlado mi pulso, mi respiración, no quería acabar tan rápido porque me encanta disfrutar cada segundo y cada respiro desde su nariz y aliento.
Cada movimiento, cada gesto, cada reproche, cada beso, todo me parecía perfecto, mi pene estaba caliente de tanta fricción junto a su vagina, el sudor caía por mi rostro, sus lágrimas mojaban sus ojos, y solo quería venirme ya, empaparle su cara o venirme dentro, cualquier opción era buena. 

No sé si era solo mi imaginación o era una magnífica realidad pero parecía estar gozando. Siempre he creído que una violación comienza algo violenta para la víctima pero está en ella que siga siendo incómoda, dolorosa, terrible u optar por disfrutarla, porque es un placer que nos brindó la naturaleza, no tiene que ser tan malo y su cara me lo demostraba, sus jadeos pasaron a ser gemidos y su vagina estaba súper lubricada; ya no mordía mis labios al besarla, creo que sí era ya un hecho de que me estaba gozando como yo estaba gozándola a ella. Y ahí estaba disfrutándolo Irene, mi delicioso postre después de que su hija fue mi cena. 

-Mapachita

lunes, 3 de septiembre de 2018

Mi nombre es Javier y me encanta el porno…


Veía demasiada pornografía en mi tiempo libre, era excitante verle las caras a las actrices mientras eran penetradas por sus parejas, observar cada facción de ellas, escuchar cada gemido salir de sus tensas bocas y notar cómo sus pezones cambiaban de color de acuerdo a su excitación; al principio eran grandes y claros para después contraerse y oscurecerse, era ahí donde imaginaba mis dientes acechándolos, quería comerlos y percibir su textura con mi lengua y dientes.
 

Mi vecina estaba preciosa, la fantaseaba todas mis noches vistiendo lencería en tono rojo chillante, la idealizaba entre las sábanas de mi cama como también entre mis piernas haciéndome un oral, era casi de mi edad, tenía unos 42 años pero se mantenía en forma al igual que yo, intercambiábamos miradas y una que otra palabra en los pasillos del edificio, cuando compartíamos el elevador me la comía con la mirada y parecía no incomodarle, quizá porque ella sabía que era guapa y a eso uno se acostumbra.
A solas le dedicaba mis orgasmos, quería desvestirla y llenarle el cuerpo de esperma.

Me gustaba la pornografía donde podía verlas suplicar por su libertad, en donde el control lo tenía el hombre, con sus bocas cerradas sin poder hablar, siendo maltratadas como si solo se tratasen de un objeto sexual, un simple cuerpo a disposición de un hombre hambriento de lujuria, cada vez tenía más ganas de hacerlo realidad, debía tomar ya la iniciativa pero el miedo o la timidez me lo impedía.


Fue aquel 27 de Julio que por primera vez no la vi a solas, iba con una adolescente de unos 17 o 18 años, ¡vaya sorpresa! Era muy hermosa, quedé perplejo, las saludé amablemente y me la presentó como su hija, ahora iba vivir con ella. Me contó que antes era con su padre con quien vivía y no con Irene, su madre, nos despedimos y quedé satisfecho de poder saludarlas pues no tenía mucha comunicación con mi vecina pero no pude ignorarlas, lucían tan bellas y moría de ganas por probarlas, aunque fuera solo a una de ellas. Ya no sabía si era Irene o su hija quien me motivaba más para víctima de mis deseos carnales. Pasaba más tiempo masturbándome solo imaginando situaciones sexuales. Era momento de actuar.

Una noche decidí afrontar ese maldito sentimiento de ganas e ira, salí de mi habitación y me dirigí hacia casa de Irene, toqué la puerta en tres ocasiones hasta que pude ver como la puerta estaba a punto de abrirse, mi corazón palpitaba rápidamente, ya no sabía que se suponía que debería de decir, me arrepentí en ese momento pero era demasiado tarde, abrió la hija. 

Pregunté por su madre, respondió que no estaba que probablemente tardaría en regresar pero que ella le avisaría que pasé a buscarla, su carita radiaba inocencia y ternura, me la quería comer, deseaba palparla e introducirle todo mi pene sin piedad alguna. “Hoy o nunca” me dije, así que entré aceleradamente y cerré la puerta colocándole el seguro, ella gritó e intentó huir de mí pero fue en vano puesto que la alcancé a tomar del cabello, la giré hacia mi rostro y observé su miedo, me acerqué a su boca para morder sus labios tono rosado al natural, le ordené que no gritara y que hiciera todo lo que yo le fuese pidiendo porque si no me obedecía podría golpearla demasiado al grado que perdiera sus signos vitales y no era un puto juego. Lucía tan inofensiva que facilitaría las cosas, supuse inmediatamente que no me delataría ni causaría algún otro problema, le pedí fríamente se hincara mientras me desabrochaba la cremallera del pantalón, mi pene estaba realmente erecto, su mirada reflejaba temor pues sabía lo que estaba esperando de su boca, no quería hacerlo y yo moría por sentir su lengua y sus labios rodear mi glande y después comerse el resto.

Y lo hizo, era fascinante la sensación de que estuviera lamiéndome al momento en que sus lágrimas caían por sus rojizas mejillas, estaba cumpliendo mis órdenes, no porque quisiera sino porque no tenía otra opción mejor y eso me encantaba. Le pedí se dirigiera a su recámara a gatas y la seguí, entramos y la acosté sobre la alfombra, quise que siguiera devorándome. Tantas habían sido mis fantasías que debía aprovechar el momento, por segundos me preocupaba de que Irene irrumpiera en el departamento estropeando nuestro momento placentero, entonces debía apurarme y a la vez no quería.



El tiempo era un factor muy importante, sabía que era un iluso si me disponía a cumplir la mayoría de fantasías que había pasado por mi mente en mis tiempos de holgazanería en un determinado tiempo, entonces la arrojé hacia la cama, la puse de espaldas y para pronto la despojé de sus prendas como de las mías, había llegado el momento de penetrarla , entró en seco, no estaba lubricada y se notaba en la fricción y el dolor que se presentaba pero el simple hecho de saber que la estaba lastimando me provocaba más, se lo hice con lozanía y ella no paraba de quejarse y sus quejidos eran alimento para saciar mi perversidad, estaba al tope, quería eyacular, realmente no me sentía lleno, aún estaba ese vacío acechándome pero era peligroso pasar más tiempo ahí en casa de Irene, decidí terminar y me vine dentro, su vagina ardía y yo estaba perdido en ese efímero orgasmo, mismo que esta vez no había sido impulsado por una estúpida masturbación y el porno de a casi diario. Me vestí, le aconsejé se vistiera de prisa y cerrara su boca a menos que yo le pidiera se hincara entre mis piernas. Regresé a mi habitación a ducharme y a volver a fantasear, esta hambre no había aún acabado, al parecer apenas estaba por comenzar.

-Mapachita