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miércoles, 28 de diciembre de 2016



Como costumbre me metí a bañar, acababa de llegar a casa y siempre el agua hirviendo hace bien a mi cansado cuerpo. Empecé a quitarme los pantalones los cuales me quedan apretadísimos, y después de luchar contra ellos se dispusieron a salir de entre mis piernas y tobillos. Pasé a colgarlos como lo hago con toda ropa sucia para al salir del baño recogerla sin problema, saqué la blusa por mis brazos y mis pezones se endurecieron por el frío percibido, bajé mis bragas, mi vulva estaba entumecida al igual que el resto de mi cuerpo pues ya la piel se me había puesto de gallina, entré a la regadera mientras el vapor del agua ya se hacía visible; a decir verdad, disfruto demasiado tomar baños así de calientes. Mi cuerpo suele estremecerse como a la vez también relajarse, yo lo disfruto demasiado.

Es excitante obtener ese delicado roce y salvajismo de la hirviente agua que cae sobre mi cuerpo generándole un enrojecimiento a mis pechos que es donde más lo noto ya que al observar hacia abajo  mi mirada es con lo primero que se topa, lucen bien.

Después de 15 minutos de relajación y de higiene personal, tomé la toalla para secarme, temblaba del frío, me la enredé para cubrir las partes de mi cuerpo y salí de ahí, ya limpia y tranquila pero con el cabello mojado escurriéndose, eso entumecía mi cuello solo quería entrar a mi recámara y posarme bajo las colchas a espera del calor necesitado.

La casa estaba sola y al salir noté rápidamente a un extraño indagando en la cocina, no se le miraba el rostro porque un pasamontaña se la cubría, típico de los tíos ladrones. Era alto, un poco robusto, sus manos eran grandes, vestía con pantalones un poco deslavados y una chamarra oscura ah y casi lo olvidaba, portaba botas negras, no elegantes, me imagino que eran esas llamadas “puntas de fierro” lo que le daba una apariencia ruda y faltaba menos; interesante.

Ah decir verdad no sentí gran miedo, era más la pena de estar desnuda bajo una húmeda toalla, misma que podría ser despojada en un par de segundos dejando al desnudo mi celulítico cuerpo, sí, me generaba más miedo eso que cualquier otra atrocidad. 

Se preguntarán cómo habrá entrado el puto ladrón y ni yo me lo llegué a cuestionar, suelo dejar la puerta abierta por descuido, soy demasiada distraída que me importa poco la seguridad, como todos, jamás pensamos en que nos pueda pasar a nosotros, dejamos todo eso para los demás, un grave error pero existencial.

Lo único que me pasó por la cabeza hacer fue entrar a mi recámara y encerrarme, me daría tiempo de buscar ropa limpia y poder vestirme. Pero no fue así, en cuanto puse seguro la puerta ya estaba queriéndose desarmar de tan duros golpes, a pasar unos 60 segundos reafirmé la idea que tuve sobre aquellas botas; las patadas eran ensordecedoras. 

¿Acaso no le bastaba al bastardo tomar todo el dinero que le fuera posible y marcharse? No, tenía que joderme, joderme en sentido de molestarme, a menos eso pensé en ese instante.

Noté como la puerta estaba a punto de reventar y mientras forcejeaba para que no entrase, la toalla que tanto temía se me cayera, cayó. Sentía tanto frío me bajé a recogerla para devolverla a su lugar eventual. En ese descuido entró el tipo, sus ojos eran color claro pero exageradamente penetrables en los míos. Me miraban como si quisiera ahorcarme, vi su mano elevarse para tirar un golpe hacia mi rostro, lo hizo. Los golpes se sienten extraños cuando uno está entumecido físicamente y emocionalmente, parece adormecerse la parte atacada con un dolor inexistente y la mente viaja a lugares desconocidos olvidándonos de lo que está sucediendo en el presente.

Me vi en sus ojos enormes entonces recordé el golpe y solo le hice una ligera mueca pero no de disgusto sino burlesca pero a la vez conforme de que haya podido liberarse de esa carga, pobre hombre, seguramente está más incognoscible y perdido que yo. ¡Vaya! me dolía más su tristeza que cualquier otra paliza. Con el paso del tiempo, uno aprende a no juzgar sin antes ponernos en su lugar e idear cualquier posibilidad ajena a nosotros pero presente en esas almas violentas que les genera y les ha provocado ser así. 

Me tomó por la nuca enredándose de mis cabellos sus dedos y poder jalarlos, por consiguiente, mi cabeza se elevó, él no dejaba de mirarme, pienso yo que solo quería provocarme miedo y así alimentar sus vacíos pero lo que no sabía es que al igual que él, vacía estoy y no me asusto con facilidad porque no demuestro lo que siento o mejor dicho, no siento.

No conforme, pegó mi cara contra la suya y sus labios carnosos un poco partidos por el frío y resequedad en el ambiente se juntaron con los míos, no me introdujo su lengua al instante, supo esperar, en cuanto sentí su pene rozar la toalla que cubría justamente mis partes íntimas fue ahí donde su lengua se adentró un poco más, gemí, era excitante estar en manos de un hombre sin rostro, un hombre sin nombre, un hombre enfermo y falto de amor; imaginé su triste infancia y la trágica vida en su adolescencia. Quizá actualmente él ya contaba con más o menos unos 35 años, a lo mucho o podría ser traga años y pudiese tener hasta unos 40, pero dejémosle en 37 para no errar, se me da demasiado bien calcular la edad.

Su mano comenzó a masajearme sobre la toalla, no se aguantó que por no seguir acariciándome debajo subió su mano para toparse ahora con mis pechos, lo estaba disfrutando. Su hombría en ese momento radicaba en lo duro que ya lo tenía, no aguantaba las ganas por ser ultrajada y entre comillas –violada-, aunque dudaba en tomar ese papel, no sentía estar para jueguitos sino para liberarme del estrés y qué mejor siendo yo misma.

Pasé mi mano por su pene que pedía a bombeos de sangro salir de ese escondite que le impedía actuar contra mí, ahora yo su víctima. Una fiel sumisa. Sí, demasiado cliché pero, ¿Qué?, existe la veracidad en dicha palabra que no se me ocurre en estos momentos omitirla por algún otro sinónimo. Volviendo al tema, sus ganas eran equivalentes a las mías, quitó aquella toalla que cubría mi piel, misma piel que sería besada por su boca, boca con olor a cigarro y a alcohol, ambos olores que embriaga a mi lívido mental forzando a mi cuerpo necesitar de más placer. 

Mi vagina se contraía mientras su saliva se acercaba a mis muslos, lo próximo a sentir dentro no fue el músculo poderoso pasional de su lengua sino de sus dedos los cuales no tardaron en mojarse, mi vagina estaba ya preparada para sentir su vigor, su fuerza, sus movimientos, sus deseos, su firmeza pero sus dedos parecían más impacientes que su propio pene. Continuaba la espera.

Pasó a besarme el vientre, alrededor de mi ombligo, en esos momentos suelo acariciarles el cabello, me fascinan que lo traigan seco y sentir la suavidad del mismo pasar entre mis dedos pero, no me quedó más que solo tocar un triste pedazo de tela; el de su pasamontañas. Sus labios jugueteaban con mi clítoris y sus dedos seguían mojándose. Ambas sensaciones son las que hacen irme de mi mente, abandonar el cuerpo para entrar en una especie de sueño, de fantasía, un placer inexplicable, sin embargo, no duró mucho haciéndolo.

¿Te gusta, zorra? Le contesté gimiendo que más de lo que imaginaba, apartó mi pierna derecha de la izquierda y me azotó contra el sofá, ahí sentada con las piernas abiertas se dispuso a pasar su lengua por mi vulva, sus manos por mi cuello, pecho,  cerré los ojos esperando ser llenada por su miembro. No fue así, aún parecía no querer hacerme suya por completo. Odio esperar. Hay cosas que se necesitan ya.

Le bajé los pantalones para tomarlo por su pene e iniciar el acto sexual, me importaba poco si no quería, tenía qué. Bajé del sofá para medio acostarme boca abajo en el apoyabrazos pidiéndole que ya me la introdujera. 

Mis nalgas se movían en posición de perrito seduciendo, su mano dio una nalgada demasiado fuerte, juraría que ya existía un enrojecimiento en ellas porque la segunda nalgada fue en la opuesta, las apretaba con fuerza, ligeras mordidas se marcaban en ellas. Su pene se movía por todo mi trasero; yo ya no podía aguantar más pero él disfrutaba hacerme esperar.

Sujetó de mi cabello para jalarlo, lo hacía con tal fuerza que lastimaba mi cuello, se tensaban mis músculos al no poder regresar a la posición normal. Dolía. Y entre esa quejadera mental gemí aceleradamente pero fue un gemido muy acortado, sin esperarlo, fue resultado de su penetración, dejé salir tanto gemido posible, me estaba dando con tremendas ganas, me gustaba, me olvidé de lo lastimoso de mi cuello. Me soltó del cabello para tomarme de mis caderas y apoyarse de ellas.

Más duro me lo estaba haciendo que le pedí que parara a lo cual no respondió, no hizo nada en absoluto, su mano tapó mi boca y mis gritos de dolor se ahogaban, en realidad ya me estaba lastimando, las lágrimas bajaban hasta mojar sus nudillos y de repente paró.

Me giró hacia él, limpió mis mejillas mojadas y mordió mis labios con desesperación. Creí que se marcharía pero se sentó en el sillón aún con el pene endurecido, hizo que le diera la espalda y me sentó sobre él, controlaba el movimiento mediante mi cadera y cintura, en ocasiones con mis piernas, me sentía lastimada y cada vez que su pene entraba en mí por completo gritaba… a veces se detenía para besarme la espalda, llenarla de caricias, palparla y susurrarle palabras tiernas y también muy sucias…


-Mapachita


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Te deseo a ti mi amor, no sé si solo para tirarte sobre la cama y comerte a besos antes de dormir o es que esto va más allá de una cursilería y sea que también te quiero para coger.

Pero pensándolo bien ¿Por qué no?, ganas nunca me faltan y si te poseo a ti he de aprovecharte por completo, tomarte de la mano, jugar con tu lengua, lamer tu cuello mientras te tensas y a la vez te relajas conforme vas aceptando esa ligera excitación y te abres a la idea de que terminaremos sin ropa, cansados, sudados y de sexo extasiados.

Sí, ahora que recuerdo te he imaginado follándome, no dos veces por semana ni si quiera tres, sino todos los malditos días porque así de ti me enamoraría y eso es lo que he buscado porque no soy de las que se enamoran solo de la persona sino que me enamoro del buen sexo, de las placenteras caricias, las atenciones sobre mi cuerpo y que me den en exceso.

Siento esa urgencia porque llegues a casa y me encuentres sobre la barra y al mirarme debajo te abra las piernas, provocándote a que las tomes con tus manos mientras bajas tu bragueta y me poseas. Quiero gemirte justo en el oído y notes cuánto me excitas y cuánto me gusta que me penetres; que me sientas humedecerme mientras mis gemidos suenan aún más fuerte.

Tan solo quiero ser tuya y pasaré a ser solo de tu propiedad; no requiero otras manos sobre mis pechos, ni otros labios, ni otro cuerpo. Te necesito a ti.

Y sé que no estás en la realidad, es por eso que te he inventado en mi cabeza y es ahí donde te beso por completo y me desnudo ante ti, nos complementamos cuerpo a cuerpo, lengua con lengua, genitales con genitales entre otras cosas más pero  hasta ahí llega mi imaginación porque la verdad es que mientras sucede toda esa locura pasional no es más que una sola masturbación que hace arrojarme a ideas y sucesos que en vida me son inexistentes, que al llegar al clímax tristemente desaparecen dejándome en nada, vacía y de esta soledad aterrorizada.


 -Mapachita

lunes, 12 de diciembre de 2016

No me siento sola, estoy sola.


Tenía ilusiones y a veces vuelvo a tenerlas.

Y desaparecen en el momento que pongo nuevamente los pies sobre la tierra mientras me digo “Es imposible que alguien te quiera”.

Es extraño porque a pesar de que me considero merecedora de un verdadero amor siempre resulto serles insuficiente, eso me lleva siempre a pensar en que me falta demasiado para comenzar una relación pero ¿Cómo? Si siento que no puedo mejorar y no les puedo ofrecer más. 

Sería demasiado fácil culparlos a ellos y aunque en ocasiones lo haga, la verdad es que me culpo a mí y cargo con eso todos los días. No creo en el amor pero me gustaría experimentarlo y quizá también el descubrir que sí existe, que no solo es una falsedad como siempre lo he imaginado; que es posible el poderlo sentirlo y disfrutarlo.

Me he sentido tan sola que me he decepcionado de mí, he aceptando ya tantas veces el hecho de que algunos nacemos para estar solos y no a lado de alguien, que me lo he creído, pero aún así siento que no es justo, porque veo parejas felices que me da tanto deseo de también poseer algo así de lindo, pero sé que estoy hecha para nadie porque las circunstancias, las palabras, la indiferencia, el rechazo me lo han hecho saber una y otra puta vez.

Y aunque parezca que estoy bien me siento vacía y sumamente infeliz. No quiero sentirme sola ni quiero guardar sentimientos, solo anhelo encontrar a alguien para poder quererlo y que me quiera así, alguien que se quede; que no sé de cuenta de lo poco que soy porque si es así, también saldrá corriendo y es lo que no quiero.
























-Mapachita

jueves, 8 de diciembre de 2016


En el Parque



Siempre hay hombres que nos llegan a sorprender y terminan por controlarnos. Ese día había estado de mal humor, no quería salir con mis amigos ni mi novio a pesar de que ya se había llegado el fin de semana, así hay días; muy malos.


Pensaba en que solo quería estar acostada sobre la cama, escuchando música triste para poder deprimirme aún más o ver películas sin tener que salir de casa a divertirme, quería estar sola porque al fin de cuenta siempre creo que lo merezco. Vaya tontería.

Mi novio no paraba de rogarme para pasar una tarde juntos a lo cual le dije la verdad, que no tenía ganas de estar con nadie, que me sentía deprimida. Dejó de molestarme y encendí el televisor y para joder no había nada de mi interés, tomé de nuevo mi celular y ya no tenía mensaje de él sino de un hombre muy interesante.

No, no era un amigo pero ya le había visto un par de veces, jamás nos sonreímos, sin embargo, no tardé en responderle, la plática se hizo muy amena y me invitó a salir ese mismo día, pero seguía sin ganas además con novio, no.

Me invitó por el típico helado y al darme cuenta de que estaba aburrida decidí aceptar con una horrible culpabilidad.

Pasó por mí y nos dirigimos hacia una ciudad cercana, no era tan agraciado pero igual tenía demasiado carisma y ese toque erótico que debe contar todo hombre. Llegamos y sentía como el aire hacia volar mis cabellos enredándolos. Después de comprar el helado fuimos a sentarnos, el tiempo se fue rápido y empezaba a oscurecer, intentó besarme y yo no paraba de reír, estaba nerviosa pero a la vez quería besarlo también.

Y como todo chico listo comenzó a asechar mi sensible cuello, pasando su alargada lengua por todo alrededor, presionando sus labios con fuerza sin llegar a morderme, mi piel se estremecía y mi vagina comenzaba a palpitar de ganas y deseo.

Me dejé llevar, sí, yo sé que estuvo mal pero esas sensaciones difícilmente se pueden evitar así que seguí dejándole que prosiguiera, su saliva entraba en mis oídos mientras su lengua la penetraba, mis ganas de tenerle aumentaban.

De pronto recapacité y le paré un poco a su lujurioso comportamiento ¡ESTÁBAMOS EN UN LUGAR PÚBLICO! Le mencioné que me incomodaba que pudieran vernos a lo que dijo que nadie nos iba ver, que el lugar era algo escondido y que la luz no nos iluminaba tanto, sin embargo, yo sentía que la gente sí nos observaba pero en fin.

Le respondí a sus besos, eran apasionados. Empezó a tocarme las tetas y la sensibilidad en ellas parecía excitarme demasiado como igual a él. Bajó su mano para poder tocarme entre las piernas lo cual me generó inseguridad, abrí los ojos y un señor a lo lejos nos estaba viendo.

Estaba tan excitada y mojada que los volví a cerrar, sus dedos estaban por entrar a mi vagina que al ya tenerlos muy dentro solté un gemido sin percatarme del alto sonido.

Me los estaba introduciendo tan bien que mis piernas se cerraban para disminuir ese placer.
Los sacó y los lamió. Pasó a frotar mi clítoris con un cuidado que de verdad se agradece y me sentía ya muy húmeda, era excitante la forma en que me tocaba que ya le deseaba pero me olvidaba de que estaba en un parque.

Empezó por llegar más gente que le pedí mejor nos fuéramos y me llevara a casa además ya me sentía cansada y la culpa ya un poco me atormentaba, no le molestó, asintió con gusto.

Íbamos en el camino y su mano jugueteaba con mi pierna izquierda, me acerqué a él y mientras manejaba le bajé la bragueta y así disfrutar de su pene, sé que no se lo esperaba. Lo acaricié y mi lengua lo humedeció todo, chupé su glande antes de deslizar mis labios y mi lengua por todo ese pedazo de dureza.

Al pasar los bordos sentía atragantarme, su pene entraba por toda mi boca hasta llegar a mi garganta, parecía fascinarle.

Al llegar a casa le agradecí por esa linda tarde, bajé de su auto, entré a casa y oh sorpresa, mi novio me estaba esperando con una cajita de  chocolates.

Le abracé con mucha fuerza y le besé con esa misma boca que acababa de usar para chuparle el pene a aquel hombre…


-Mapachita