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lunes, 18 de diciembre de 2017

Noche de terror.
Parte IV. (parte I: AQUÍ parte II: AQUÍ parte III: AQUÍ)
Continuación:

Asustadiza pegué un brinco de mi cama, no podía ver nada pero sí escuchar la puerta intentándose abrir por la fuerza, me quedé sin saber qué hacer, tenía miedo de enfrentarme a tal situación, de pronto, el ruido dejó de escucharse y pasó a un silencio absoluto. Eso me llenó de dudas inquietantes, ¿quién habría sido?, ¿entrará a casa?, ¿se estará tomando un descanso o simplemente se ha marchado? ¡Qué incertidumbre! Vibró mi celular que se encontraba como de costumbre en el buró.

Sabía que era él quien me acababa de mandar ese mensaje, no quise acercarme a leerlo, tenía miedo, entonces entró una llamada, mi recámara tomó un ligero tono de lucidez mientras el celular sonaba y al voltear hacia la ventana noté como una sombra pasó por el lado de afuera, mis ojos se llenaron de lágrimas, intentaría entrar, pensé me asesinaría, quizá había llegado mi momento para decirle adiós a la vida, pero, ¿por qué yo?, ¿por qué razón? No podía imaginarme a algún conocido capaz de semejante atrocidad. Llamar a emergencias era la idea perfecta mas no pude puesto que la puerta se abrió de golpe y no la principal sino la de mi dormitorio, por lo que supe en ese momento que la otra ya la había abierto mas no había entrado por alguna razón prefirió esperar, tal vez el mensaje y la llamada era para aterrorizarme, eso le excitaría más seguramente al enfermo quien había estado molestándome por días.

La oscuridad no me permitía verle la cara, no podía distinguir sus facciones, solo su sombra, sentía que se acercaba a mí y yo inmóvil sin poderme desplazar hacia un lugar seguro, no podía huir de él, lo peor de todo que no podía observarle del todo.

De repente dejé de percibir su sombra, no sabía dónde se había posicionado, estaba aterrorizada, sollozando de pánico, detrás sentí como su respiración se aceleraba y disminuía, su energía hacía contraste con la mía, en eso, decidida corrí hacia la puerta buscando una salida a la terrorífica situación en la que me encontraba junto a ese demente, pero me sujetó del cabello paralizándome para que no escapara de sus manos las cuales jalaban mis cabellos y mi brazo izquierdo.

Me arrastró hacia la cama aventándome desinteresadamente, caí boca abajo con ganas de levantarme y correr; pero inerte físicamente. Sus manos se deslizaron por mis piernas mientras mi bata de dormir empezaban a cubrir sus manos, mi piel se estremecía y mi mente se destrozaba al pensar lo que estaba por suceder, quizá, el abuso sexual sería algo mínimo, morir era lo que podría seguir. Su mano giró un poco al llegar justo a mis bragas y con su índice y dedo anular dio círculos sobre mi clítoris pero aún con la ropa interior puesta, pude notar cómo me estremecí más, jadeaba en mis oídos y era inquietante escucharle.

De pronto, sus dedos bajaron mis calzoncillos, pasaron segundos sin que hiciera algo, entonces abrió un poco más mis piernas, lo percibí acercándose a mis nalgas y la humedad de su lengua me sorprendió al introducirla en mi ano, después ya no fue su lengua si no su dedo pulgar, gemí por la extraña sensación y contraje mis músculos como señal de miedo y rechazo, se retiró de mis partes íntimas y del cabello hizo que me pusiera de rodillas dándole la espalda todavía, me deshizo de la bata que traía, dejándome solo con una blusa que portaba sin sostén alguno. Lamió por completo mi vulva, pegándome de nalgadas y más jalones de cabello, mis quejidos no le molestaban tanto ya que cada vez lo hacía con mayor fuerza.

Me dijo “No te muevas, espera, no demoraré”, se bajó de la cama y supe que se quitaba la ropa porque era evidente el sonido que generaba al caer sus prendas al suelo. Se acercó nuevamente, olfateó mis genitales dejando escurrir su saliva sobre ellos, fue así como sucedió lo que tenía que pasar conforme a sus objetivos de esa noche. Me penetró precipitadamente, grité de dolor, siguió haciéndolo con ferocidad, sus ruidos parecían bramidos, me sujetó del cuello inhibiendo mi respiración y me observaba fijamente, solo veía un poco de brillo en su mirada, pasó a taparme la boca mientras seguía penetrándome virilmente. Una luz de un automóvil al pasar hizo vislumbra su rostro, haciendo énfasis en esos ojos llenos de ira, agridulce placer y odio. Lo más preocupante era que no conocí su cara, jamás lo había visto, lo que hacía de la noche algo más aterrador, no conocía sus intenciones, no sabía de dónde carajos había salido ni por qué me había elegido.
Volvió la oscuridad y el sexo siguió, la vagina me ardía y no podía pedirle que dejara de hacerlo porque seguía tapándome la boca además de haberlo podido hacer, hubiera ignorado mi petición. Pero, llegó el punto en que por fin paró, respiré mejor, en mi mente di gracias de poder descansar de mis partes íntimas las cuales estaban adoloridas pero no creía que fuera todo lo que iba a acontecer. Me colocó boca arriba para morder mis pezones, el dolor explotaba en mi mente para mal, realmente era doloroso y sé que lo hacía con ese motivo, el de verme sufrir. Bajó a mi vientre mordiendo parte por parte hasta alejarse de mi piel para concentrarse en su miembro, lo llevó hacia mi boca haciendo que entrara por completo, sentía atragantarme provocándome náuseas, me decía con voz grave que lo tragara todo o lo iba lamentar, lo medio succioné y recordé aquel sueño donde me lo ponía frente a mi cara, y ahora estaba sucediendo pero sin poder verlo.
Me masturbó unos momentos y se embriagó de mi vulva, surgió un leve placer, mi clítoris se hallaba hinchado y mis pezones erectos. Se acercó para besarme los labios de la boca dejando ir su lengua hasta querer tocar mi garganta, para ese momento me penetró muy fuerte que grité terminándome en gemido” ¿Te gusta mi amor?”, preguntó jadeando. Hice caso omiso, prosiguió a embestirme sin delicadeza alguna y me besaba donde alcanzara; cuello, labios, hombros, nariz, él lo estaba disfrutando demasiado, eso pudo generarme excitación, mordí sus brazos en forma de jugueteo y empezó a golpearme la cara hasta que mi nariz sangró, en mi rostro había lágrimas, sangre escurriendo y qué mejor forma de terminar para él que eyaculándome la cara. Su cálido semen inundaba cada poro buscando unirse al sangrado ya provocado, mantuve mis ojos cerrados y no sé cómo pero caí en un sueño profundo, al despertar él ya no estaba, me levanté, encendí la luz y vi que sobre la cama había un sobre y esta vez sí se alcanzaba a ver que venía firmado…

-Mapachita

sábado, 2 de diciembre de 2017

Noche de terror.
Parte III. (parte I: AQUÍ parte II: AQUÍ)
Continuación:

Tomé el sobre con miedo, entré rápidamente a casa para después sentarme en la sala mientras temblaba de pánico. No tenía remitente pero sí tenía mi nombre escrito con letras grandes por el lado trasero, era bonita letra y en color rosa, muy cursi.

No quise abrirlo al instante aunque el nervio me mataba, así que primero me hice un café cargado sin azúcar quizá para sentirme más tranquila y ver qué tenía el sobre.

Lo abrí, solo dos palabras tenía escritas y una foto, no era yo siendo espiada ni alguna imagen de flores o frases de amor, era algo más, algo que no pensé que vería en ese momento, era su miembro viril, sentí pena junto con una risita, no podía creerlo ¡ja, ja, ja! ¿Qué clase de tipo era como para que tuviese que mandar una foto de su pene? Estaba impresionada. ¿Se trataría de alguna broma o este tipo podría ser realmente peligroso? La foto era buena, digo, no estaba tan mal como las que suelen subir en las redes sociales, era de buen tamaño y grosor.
Era un pedazo de papel que decía: “Será todo tuyo”. Imaginen que les suceda eso, bueno, a las mujeres, en caso de los hombres fuera una vagina y un par de tetas lo cual sería asombroso para ustedes que por naturaleza son muy sexuales, pero para mí era un choque de sentimientos, sabía que estaba siendo acechada por alguien y que además ya contaba con una foto de sus genitales, y lo peor es que me resultó agradable pero no dejaba de perturbar mi mente, ¿Quién era? No tenía idea y además afirmaba que sería mío. Ese día solo pensé en todo lo que me estaba sucediendo hasta perderme en sueños extraños y sexuales.

En mis sueños veía su pene moverse de un lado a otro, lo notaba borroso como si mi cabeza estuviera inflamada dificultando mi visión. Lo acercaba lentamente a mi cara, podía sentir su calor y humedad rozar mi piel, me sentía excitada y sudorosa. No veía su rostro, solo su pene, me lo entregó en mi mano ayudándome a masturbarlo, mi vagina estaba calentándose, desperté agitada con ganas de tener un orgasmo pero me faltó un poquito más para poder detonarme en deliciosas sensaciones. Entonces, en la oscuridad escuché que forcejeaban con la puerta. 

-Mapachita

jueves, 16 de noviembre de 2017

Noche de terror.
Parte II. (parte I: AQUÍ )
Continuación:

Fue una gran sorpresa el saber que no era solo un juego de mis amigos, realmente había alguien observándome sin que me diera cuenta, no era nada más una persona que me veía hacer cualquier cosa sino un tipo de hombre enfermo que había ya gozado al verme masturbar y digo hombre, porque no me imagino una mujer haciendo eso. Empecé a recordar a mis vecinos, pero nadie se prestaba para semejante situación, no había notado ninguna rareza por parte de alguno de ellos, pero al menos ya sabía que debía bajar las cortinas y persianas por haber, mantener la casa cerrada y evitar salir si no había necesidad.

Llevaba mese sin tener encuentros sexuales puesto que había terminado con mi novio seis meses atrás, tenía demasiadas ganas y como solo me la pasaba en casa no tenía en qué distraerme. Me acosté para disponerme a ver porno y a continuación presioné play, me excito fácilmente así que quería masturbarme pero me sentía insegura a pesar de que no entraba nada de luz a la recámara, no podía el loco estar viéndome, sería imposible…me dejé llevar y empecé a tocarme los senos que tuve que dejar de fuera, después metí mis dedos a la boca para introducirlos debajo de mis calzoncillos y jugueteé  con mi clítoris alrededor de seis minutos, gemía de lo rico que era, estaba a punto de orgasmearme cuando tocaron la puerta principal fuertemente...
Rápidamente tomé el control de la situación y salí apresurada a abrir la puerta, pensé que podía ser mi vecina que necesitaba algo para cocinar porque cuando le era necesario no dudaba en ir y pedírmelo pero no fue así, al abrirla no vi absolutamente a nadie y es que tampoco hacía aire como para que lograra golpear la puerta y crear tremendos ruidos. Empecé a preocuparme más  cuando vi un sobre arriba de la maseta…

-Mapachita

domingo, 5 de noviembre de 2017

Noche de terror.
Parte I.

Escuchaba música en mi habitación mientras bebía un té, la televisión mostraba cómo un fantasma asechaba a una familia, la misma típica película de siempre así que la apagué. Terminé mi té y decidí salir a pasear a unas cuadras de casa, aún no había oscurecido, el reloj marcaba apenas las seis de la tarde. Pasé a comprar un snack y observaba a la gente, vaya aburrimiento el mío, regresé a casa y me metí a bañar. El agua estaba helada y me estremecí del frío que hacía, mi piel no lo soportaba y mis pezones estaban demasiado rígidos, salí envuelta en la toalla, me acomodé bajo la cobija entumecida quedándome dormida. Desperté hasta en la madrugada, sentí que había dormido lo suficiente entonces chequé el celular, tenía dos mensajes de un número desconocido que decían lo siguiente:

Mensaje 1: “Te veías linda” (8:03 pm)
Mensaje 2: “Sé que estaremos juntos Corina” (8:12 pm)

Me pasó por la mente a mis amigos que seguramente estaban haciéndome una estúpida broma, sabía que no tardarían en cuestionarme sobre “el enamorado secreto”. Reí un par de veces antes de dirigirme hacia la cocina ya con la pijama puesta, comí un cereal con frutas al momento que atendía mis redes sociales, no dormí más y noté en unas horas  los rayos del sol alumbrar el departamento, había amanecido.

Sábado con la puesta del sol pero un aire estremecedor, por la ventana podía ver a mis pocos vecinos salir de casa, uno que otro niño jugando y a los perros ladrar. Me llamó la atención ver a una pareja besándose, ella era como de mi edad, tenía como unos 24 años y él  posiblemente dos años mayor, la besaba de una manera excitante al tiempo en que sus manos rodeaban su cintura para bajar por sus caderas y con derecha subir nuevamente pero hasta llegar a su pecho. ¡Qué suerte la de ellos!, y qué pena conmigo, haciendo de voyerista.

La verdad es que sí me calenté un poco, bueno, mucho más que eso, me sucede siempre. Entonces me di a la tarea de acostarme en mi cama y usar mi masajeador aplicándolo directamente sobre mi clítoris, imaginaba sobre mí a mi vecino el cual era muy atractivo, lo veía besándome el cuello y el resto de mi cuerpo para posteriormente darle la espalda y escogiera el orificio que se le antojase penetrar.

Pasaron unos minutos y terminé. Es una delicia sentir un orgasmo pero más rico es sentirlo uno tras otros, terminas extasiado, sudado y las piernas faltas de energía y sentido. Tuve que arreglarme para salir a comprar unas cosas que me hacían falta. El día era fresco y el aire relajador, saludé un par de amigos y quedamos de vernos dentro de unos días,  regresé a casa y al ver el celular vi que tenía una llamada perdida y un mensaje del mismo número “anónimo” que decía: “Qué rico te masturbas...”
Continuará…

-Mapachita

domingo, 15 de octubre de 2017

Él dormía, descansaba de un largo día de trabajo, habían pasado como unas seis horas aproximadamente y el sol se encontraba cerca de su total desaparición para dar lugar a la oscuridad. Los rayos se colaban por la persiana mal acomodada, su piel era sol, calor y deseo, deseo que me atraía a tocarle y hacerle gruñir entre sueños.  

Tenía ganas de tenerlo por completo así que me acerqué, toqué su entrepierna y qué maravilla de su gran sexo, estaba fuerte y erecto, seguí tocándolo hasta sentir cada vena y mi impulso aumentaba, solo quería sacársela de su ropa interior para verla y seguir acariciándola, al tenerla ya desnuda en mi mano comencé a agitarla un poco, meneándosela para ver si despertaba excitado o siquiera manipular sus sueños y me viera en ellos masturbándolo excitada. La sujete desde el tronco mientras me subía a la cama abriendo las piernas echando la cabeza hacia abajo frente a su pene; primero pasé mi lengua alrededor de su miembro para lubricarlo, después lo introduje a mi boca para chuparlo, ligero sabor salado. Empezó a moverse mas no despertaba, su frente sudaba y sus manos estaban inquietas. 
Realmente me urgía cogerle así que hice a un lado mis bragas dejando de fuera mi vulva posicionándome sobre él, me senté en su pene al momento que lo sujetaba con mi mano y metí el glande, gemí de lo estimulante que era, lo saqué y lo volví hacer de la misma manera hasta que por fin me dejé caer de lleno, movía mis caderas, mi pelvis, mis glúteos y mis labios al abrirse para emitir gemidos casi callados pero existentes y él seguía sin despertar aunque me pasó por la mente que igual y se hacía el dormido, no importó la realidad porque estaba en lo mío, fue placentero, apreté mis pechos, masajeé mi clítoris y lo seguí cogiendo.   

-Mapachita

miércoles, 11 de octubre de 2017

Estoy masturbándome pensando en ti…
Y te pienso tanto, que las ganas de estar a tu lado son exageradas; el querer tocar tu piel, besarte, seducirte y verte excitado. Voy sintiendo con mis dedos los lugares que te imagino tocándome, me siento demasiado excitada, caliente y lista para ti, para ser toda tuya, para que palpes mi cuerpo, lamas mis mejores partes y que conozcas mi lado más perverso.

Gimo suavemente y empiezo a fantasear lo siguiente: Me veo subiéndote a tu coche en una noche cálida y llena de deseos. Te saludo como de costumbre y al estar cerca a tu oído comienzo a besarte el lóbulo, bajo hasta a tu cuello para volver a subir, procurando que sientas mi aliento, mis besos, mi lengua, misma que empieza a lamerte detrás de la oreja y más abajo que empieza a originarte placenteras sensaciones y lo sé porque estás moviéndote, sé que estás inquieto y sé también lo que pasa por tu mente porque por la mía quizá sea exactamente lo mismo. Me apeteces tanto, te quiero dentro, muy profundo de mí.
Me retuerzo en la cama de lo excitada que estoy manteniendo en mi cabeza tu imagen, nuestra imagen. Sigo en tu cuello dibujando con mis labios caminos perpendiculares y paralelos que me dirigen a sentir escalofríos en mi cuerpo, a necesitarte y el que tú me requieras para cumplir tus deseos. Me atraen tus pantalones y coloco mi mano derecha sobre ellos, sabía que estabas alterado y lo reafirmo al tocarte, tu pene aclama que lo deje salir y lo hago, ese es el punto al que quería llegar desde antes de subirme a tu coche, porque tenerlo en mis manos me crea un vicio, el vicio de metérmelo a la boca y chuparlo con las mismas ganas que tengo de subirme sobre ti y hacerlo duro y mágico. Pero justo aquí, solo quiero lamerlo, comerlo y disfrutar de tu goce, de lo delicioso que ha de ser para ti el que mi boca pruebe de tu miembro y está rico, realmente disfruto hacerte sexo oral. Mi vagina está presentando contracciones, no sales de mi cabeza  y entre más figuro tu rostro disfrutando de mis labios y mi saliva más se acorta mi respiración y más me acerco a tener este mismísimo orgasmo al cual por cierto…ya llegué.
-Mapachita

martes, 26 de septiembre de 2017

Tu lengua en mi orificio trasero hacía que liberara pequeños gemidos de placer, podía sentir tu saliva en mi ano y tus manos sobre mis nalgas...

Me encanta tanto el juego previo pero soy tan desesperada que solo con sentirme excitada pido a gritos que me penetren por más que esté disfrutando un delicioso sexo oral o unos traviesos dedos . Y me excita que sigan jugando con mi cuerpo y tarden en hacerme suya.

Seguías tocándome, sabías qué era lo que me prendía y comenzaste a meterme los dedos por atrás, me contraía y sentía tus dedos atrapados ahí, los soltaba, los sacabas y los volvías a introducir. Disfrutabas de mis jadeos, qué gozo has de sentir el saberte experto en satisfacer mis deseos y ser dueño de la excitación que libero. Me fascina que me lleves al punto en donde corto la respiración y las sensaciones en mí parecen ser más que magníficas.
No fue lo único rico que me hiciste, me recostaste para abrirme las piernas, notaste cómo mi vagina palpitaba de deseo y te sumergiste en ella, lamiendo mis labios y por último mi clítoris; el centro perfecto para rendirme en orgasmo y jadeos.
-¡Ya bebé!. Te dije. Me urgía tu pene en mi vagina, estaba tan mojada que era momento de que la metieras. Me tomaste con cero delicadeza para posicionarme de perrito y al sentir tu glande me estremecí, es tan grueso que no gemir es imposible, de pronto al percibirla por completo la adrenalina llenó cada parte de mi cuerpo, deliciosa la fricción ocasionada por tu pene enorme y el deleite de tus perfectos movimientos.

-Mapachita

sábado, 9 de septiembre de 2017

El papá de Armando
Parte final (IV)

-Guarda silencio mi amor, me susurró Ernesto un poco asustado. De estar excitada pasé rápidamente a sentirme nerviosa, aseguraba que Armando su hijo se daría cuenta y le contaría todo a su madre, se enfadaría conmigo y lo peor de todo era que no iba a volver a ver a Ernesto, estaba completamente lunática por él. Ernesto salió de la recámara y escuché cómo le hablaba enfadado a su hijo, quien recién llegaba, estaba echándolo de la casa, pronto noté el porqué de su gran enfado, pues Armando había llegado borracho a hacer algo de escándalo en la sala, claro, además porque le convenía que se volviera a ir pero no pudo con él así que Ernesto regresó conmigo, me contó que él se había ido a su cuarto, que seguramente caería como piedra y la razón por la que había regresado era porque había peleado con uno de sus amigos. Yo no me sentía cómoda al estar en la casa de mi amigo teniendo encuentros con su padre estando los dos ahí,no estaba segura de que pudiéramos seguir con lo nuestro y le pedí me llevara a casa o que mejor, me diera algo de pasta para coger un taxi y poder llegar a mi casa pero él prefirió llevarme antes que tomar un taxi e ir con un “desconocido”, celoso se había vuelto Ernesto conmigo a menos eso creía.

Llegué a casa, no había nadie y la locura de Ernesto hizo que entráramos juntos a la fuerza, me llevó hacía mi cama, me tiró sobre ella, lograba percibir su furia y desespero por hacerme suya, me despojó de mis ropas, quitó mis bragas y estremecí el sentirlo entre mis piernas, hundió su lengua en mi vagina pero como si de tiempo se tratara, pasó a penetrarme, así, sin más. Como si estuviera molesto o frustrado me hizo garras, en vez de besos eran mordidas y en vez de romance, solo era sexo animal.
No se vino sobre mi cara ni mis hermosos pechos, los expulsó dentro de mí, quedó exhausto, me hizo a un lado e intentó dormir unos minutos. Escuché que tocaban a la puerta principal y me  coloqué una bata que tenía colgada a la vista con la cual dormía por las noches, salí de mi recámara, y por la ventana vi que estaba el carro de Armando aparcado justo detrás del de su padre, al primer pensamiento supe que en ese momento él ya lo sabía todo. No quise abrir la puerta pero como no estaba cerrada con seguro por la prisa en la que habíamos entrado a causa de las ganas de Ernesto; se abrió, ahí estaba Armando, borracho y enfocado en mí. No mencioné nada, se abalanzó a mi cuerpo y me sentó en el sofá, quise escapar de sus brazos y de su boca, la cual desprendía un olor a cigarro y alcohol. Pero no pude, me besó el cuello, sobre la bata sus manos deleitaban mis curvas e hizo que le tocara su pene y me forzó a quitarle el pantalón, lo hice. Me sentía asustada. Empujó mi cabeza entre sus piernas, de pronto, mi boca se encontraba llena, empecé a succionarlo recibiendo el movimiento de su mano sobre mí. Ernesto salió de la recámara, estaba desconcertado, en eso Armando notó su presencia y le generó una gran confusión, puesto que no había notado con anterioridad el carro de su padre afuera de la casa y Ernesto molesto le exigió que siguiera forzándome a darle sexo oral a quien era su hijo, Armando hizo caso, no sé si era el alcohol lo que le producía la irracionalidad o que eran un par de enfermos, pero en el caso de Ernesto ¿Realmente qué sucedía con él?, volteé a verlo y se estaba masturbando mientras nos miraba, me pareció perturbador y enfermizo, empezó por acercarse y me tomó del cabello para llevarme nuevamente a la recámara junto con Armando, ahora los tenía a los dos ahí, justo delante de mí, semidesnudos, con sus miembros de fuera ganosos de mi cuerpo, lucían eufóricos, chorreaban de pre seminal y sus miradas me penetraban seductoramente… se acercaron a mí y empezaron a tocarme, me llenaban de su saliva y sus aromas, sentía que uno mordía mis pezones mientras el otro acariciaba mis nalgas, querían follarme y mis sensaciones eran ambiguas. Me dejé llevar cuando Ernesto lamía mis labios vaginales al momento en que Armando metía su dedo en mi ano, se sentía demasiado delicioso que solo me solté. Después de manosearnos, Ernesto me atragantaba con su pene y Armando me penetraba enérgicamente, mi vagina ardía y mi mandíbula se tensaba cada vez más. Entonces dejé de comérmela toda y me giré, estaba sobre Armando quien seguía dándome muy duro, su padre se acomodó por detrás para metérmela por el ano y antes de hacerlo pasó su lengua para que hubiera lubricación al embestirme, grité cuando por fin entró después de varios intentos pero los dedos de armando sobre mi clítoris hicieron que lo disfrutase todo por completo, eran tantos los efectos provocados que jadeé de orgasmo tras otro orgasmo que juré, lo volvería a repetir cuantas veces me dieran ganas.
-Mapachita


jueves, 24 de agosto de 2017


El papá de Armando
Parte III.

Ernesto, padre de  mi amigo Armando solía marcarme a altas horas de la noche mientras su esposa dormía y yo tenía que mantenerme despierta para poder escucharlo, decía que me quería y le encantaría pasar una tarde conmigo, solo nosotros dos, me contó que su esposa saldría un fin de semana a visitar a sus padres y él por el trabajo no podría acompañarla así que era una oportunidad perfecta para llevarme a su casa, pero pensé en Armando, mencioné que sería un problema arriesgarnos tanto puesto que podría darse cuenta de lo que estábamos haciendo. Al final de la conversación dijo que se encargaría de él, no lograría molestarnos en nuestro encuentro sexual y tarde de romance. Le envié miles de besos y colgamos…

Al principio era una atracción meramente sexual pero conforme lo seguía viendo y más uníamos nuestros cuerpos, surgía algo especial, así que empecé a verlo de una manera distinta, me gustaba demasiado y podría decirse también, que lo quería por más cursi que resulte ser.

No sé, pero Armando estaba más interesado en mí que lo que era normal, me invitaba a salir, venía a casa, me contaba cosas personales y cumplía ciertos caprichos que yo tenía, estaba confundida porque ese olor del perfume de su padre penetraba en mi mente dando lugar a un anclaje; a recordar y pensar en Ernesto quien olía igual. Y bien saben que el olfato tiene gran impacto en nosotros como seres vivos. Es por eso que ciertas veces soñaba con  Armando, otras con su padre, pero de algo estaba segura y era que quien me tenía completamente loca, era Ernesto. Amaba las líneas que contorneaban sus gruesos labios, sus manos toscas y su mente sucia, ¿a quién no le gustan sucios en la cama?, estaba endiosada con todo lo que me daba en cuanto a satisfacciones sexuales. El fin de semana se acercaba y Armando quería que fuera a su casa, no pude darle una falsa y alargada excusa, solo le dije que no tenía ganas.

Ernesto había planeado darle dinero a su hijo para que saliera con sus amigos a donde quisiera y mantenerlo lejos de mí y de su propia casa, fue buena idea, pensé. Pasó por mí, nos dirigimos directamente a su recámara para comenzar a tocarnos. Me embriagué de su saliva, lo besé empapada en deseo, sentía el cosquilleo entre mis piernas, lugar donde sus dedos preparaban ya su guarida, me subió sobre él quitando la blusa para besarme los pezones, delicioso momento estaba saboreando, podía percibir su excitación desde sus pantalones, me meneaba una y muchas más veces, a pesar de que no estábamos desnudos, nuestros sexos sentían la fricción, lo tenía muy duro y seguía moviéndome forzando mi pelvis contra él, mi mente se ahogaba en pensamientos indecentes. Nuevamente su olor me seducía, besaba su cuello, su boca, mojé sus dedos con mis labios mientras miraba sus ojos, ambos estábamos en un círculo de inmoralidad pero era el mejor libertinaje, al menos lo era para mí.
Era gustoso sentirlo sobre mis hombres, llenándome de calor con su aliento y respiración agitada, me sujetaba el cabello para saborearme el cuello sin que estos estorbasen.  -¿Quieres que te la meta, mi amor? Me dijo con ese tono de voz que hace que me moje, no pude contestarle ya que los ruidos provenientes de la sala sugerían que Armando se encontraba en casa…

-Mapachita

martes, 22 de agosto de 2017

Mis sueños y el bosque...
Parte II.

-¡Cógeme!, le dije. Alzó la vista para mirarme extasiada y urgida, acto seguido, se perdió entre mis piernas con su boca, hambriento devoraba mi clítoris y sus dedos inquietos penetraban mi vagina; de inicio a fin. No era lo que había pedido pero gemía de excitación, la mejor sensación de todas era lo que pensaba en ese momento. Nuevamente la inquietud me dominó, pensé en su pene, quería verlo, sentirlo y tocarlo unas cuantas veces para terminar poniéndomelo dentro. Sentía deseo de percibirlo entrar, gozar su fricción, la sensación y mi falta de respiración al ser llenada por su miembro. Realmente estaba muy caliente, me hervía la piel, mi vagina se contraía de placer, esperando la llegada de su presa, mis músculos querían apretarlo, así que de solo pensarlo, mis ojos se ponían en blanco. 

En un abrir y cerrar de ojos se liberó de la presión de sus pantalones y ropa interior, lo dejó salir y quedé perpleja, podía ver por completo su glande, las venas que resaltaban por el color de su sangre, su miembro lucía grande y delicioso, el vello púbico estaba recortado lo cual me pareció de muy buen ver, goteaba de excitado así que bajé de la mesa y me coloqué justo delante, inclinándome para metérmelo todo en la boca, lo toqué como una niña a su nuevo juguete, era tan firme y lo puse sobre mis labios, los abrí para sacar mi lengua y saborearlo, el sabor salado inundó rápidamente mis papilas, lo llené por completo de saliva, concentrada solo en su glande, dos minutos más lo introduje hasta mi garganta, me excitaba chupárselo y sentirlo cada vez más tieso y chorrearme de saliva.

Tocaron la puerta y nos miramos sin saber qué hacer, recién habíamos comenzado como para terminar con el jugueteo que me estaba provocando demasiado placer, aún no culminábamos nuestro acto, pero, alguien tenía prisa, eso era seguro tras oír el fuerte golpe a la puerta después de ignorar los primeros, los cuales habían sido más suaves.

Nos vestimos como pudimos y me senté en unas de las sillas que rodeaban la mesa, la mesa donde deberíamos estar tirándonos con todas las fuerzas que nos eran posibles. Él, que por cierto, su nombre es Gustavo, se dirigió hacia la puerta y abrió controlando su respiración, adoptando una postura normal, llena de tranquilidad y saludó con gusto a un hombre a quien alcancé a ver, quedé sorprendida al notar el gran parecido con el dueño de mis pesadillas, el que aparecía sobre mí quitándome la respiración, el que llenaba de miedo mis noches, quien me hacía suya con enferma lujuria, quien me dominaba y me sometía…

-Mapachita

jueves, 17 de agosto de 2017

Mis sueños y el bosque...
Parte I.

Las uñas de sus manos terminaban por encajarse un poco en mi cuello, no era fácil respirar ni soportar su mórbido cuerpo sobre el mío, el sudor de la frente caía en la suave piel de mis senos  haciendo contacto con mi transpiración.














Eso sucedía en mis sueños y despertaba asustada, parecía demasiado real que eran capaces de quitarme la tranquilidad que requería tener todas las noches. No había motivo para que aparecieran tales cosas tan desagradables en ellos, pero, sin embargo, seguían perturbándome las noches, sus manos eran fuertes y mi cuello débil. Siempre despertaba dando casi el último aliento, era como si volviera a vivir porque si no volviera en sí, moriría en mis sueños y supongo que también lo haría en vida, ese era mi mayor miedo, no quería ahogarme en mis propias pesadillas. 

Tres días por semana iba a pasear al bosque, raramente me encontraba con gente que también disfrutaban de una tarde rodeada de la naturaleza o simplemente despejar la mente para después regresar a una realidad agotadora y hasta triste. Yo lo hacía porque me generaba estabilidad emocional, me sentía tan libre pero a la vez tan encerrada en ese bosque pero eso me hacía sentía feliz lo fuera o no. Las familias paseaban sonriendo, jugueteando entre ellos y a veces hasta con el perro, también lo hacían parejas de novios, se les notaba enamorados, sus manos parecían estar encadenadas la una a la otra, niños corrían de un lado hacia otro y los ancianos seguían su camino con pasos lentos por la edad o el cansancio. Yo los veía y me llenaban todos de gusto, teníamos algo el común, íbamos al bosque a ser felices aunque fueran a veces por pocos momentos pero ahí estábamos, conectándonos con la vida espiritual, con la naturalidad de los árboles, aves, agua y con nosotros mismos. Era maravilloso. Otras ocasiones se encontraba el bosque vacío, si había suerte aparecían aquellos que salían a correr para mantenerse en forma, me sentía bien si lograba ver a las personas pero si solo era yo, de todas formas tenía que aprovechar el momento, el aquí y el ahora. 
Conocí un hombre interesante y al pasar unas semanas lo invité a mis tardes solitarias, él accedió. Caminábamos mientras platicábamos alegremente, nos mirábamos y sabíamos que entre nosotros había nacido una atracción, era estúpido si lo negábamos así que un día nos besamos, el aire pegaba en nuestras caras unidas, su saliva lubricaba mis pensamientos de lujuria, mismos que se habían desencadenado de tan pasionales labios y excitantes caricias. Fuimos a su casa un sábado, él estaba observando mi cuerpo, quería quitarme la indumentaria para hacerme gemir de placer, no lo decía pero se le notaba y yo también quería, no podía privarme de mis deseos, además, me parecía tan sexual que necesitaba de su fuerza sobre todo mi ser, que demostrara lo tanto que yo le gustaba y las ganas que sentía por mí y hacerle saber las mías hacia él.

La mesa estaba desordenada, había platos, un vaso, dos tenedores, servilletas regadas y al resto se le podía denominar basura. Apartó todo de ahí para acostarme y palpar mis piernas que temblaban al instante de sus sensuales toqueteos, las cosquillas recorrían mi cuerpo y cada vez estábamos más cerca de fundirnos en el gozo del sexo. Sacó mis pechos del sostén, los besaba enamorado pero enloquecido de deseo, me lastimó los pezones, el dolor me hizo quererlo ya dentro, no aguantaba un minuto más sin que me penetrara hasta lo más profundo, se lo exigí con mis ojos a medio cerrar, jadeando y mi vagina lubricada quien esperaba ser penetrada...

-Mapachita

miércoles, 26 de julio de 2017

...No les he escrito por cuestiones emocionales.



No seré lo que busques ni tú lo que yo necesite.

lunes, 10 de julio de 2017


Ella se veía demasiado sexy, la blusa le entallaba a la perfección su cuerpo de diosa. Me agradaba mirarla en todo instante, siempre le encontraba un nuevo aspecto que terminaba por encantarme aún más de lo que ya me gustaba. Sabía que ella también encontraba en mí esa atracción pasional y lo sabía por sus miradas, poses y por sus coqueteos indirectos. Eso hacía sentirme segura, el saber que no tendría problema alguno de poseerla.

Durante la ducha fantaseaba con ella, el solo imaginar que le introducía mi lengua en su boca me estremecía, necesitaba probarla y hacerla mía. Entonces era así como la veía en mis sueños mientras caía el agua de la regadera, aparecía ella junto a mí, su cabello mojado, su sonrisa pícara y esos labios que comenzaban por devorar todo de mí, parecía tan real pero despertaba y lo único verdadero era el orgasmo que mi cuerpo desprendía de tan rico sueño.
Llegó el momento de de hablarle, me le acerqué y sin tantos rodeos la invité a mi casa, sabía las intenciones, no es que no fuera tonta, sino que yo había sido muy obvia al igual que ella. Y ahí estaba, en mi recámara con esa cara de traviesa que tanto me excitaba, la pasé al baño y quité su indumentaria mientras la besaba, metí mi mano en sus bragas para presionarle su clítoris y medio meterle mis dedos en su vagina, su vulva estaba mojada de tan caliente que mis dedos la ponían. Nuestros pezones rozaron y la energía aumentaba entre nosotras, sus labios ardían y los míos querían seguir probándola, estaba deliciosa como lo había deducido. Nos recostamos en mi cama sin ropa alguna, los besos no paraban, nuestros cuerpos hervían de lujuria y deseos, moría por enlazarme a ella y sentir mi clítoris contra el suyo, sería una sensación perfecta. Lo hicimos, coloqué mis piernas justamente como deberían para estimular mi clítoris como ella el suyo, sus jadeos eran impresionantes para mi oído.

Sentía que mi cuerpo perdía el control, mi sangre bombeaba y pude tener el orgasmo, lo alcancé antes que ella lo tuviera y al notarme extasiada lo tuvo con una fuerza espectacular, sudaba de satisfacción y gemía como ramera. Qué rica nena. No quería que aún terminara lo nuestro, pasé a sentarla tiempo después para enloquecerme con su vagina, la masturbé deliciosamente, la saboreé desde el cuello hasta sus pechos sin que mis dedos dejaran de moverse dentro de ella. Olía a puta y eso me encantó, sus fluidos recorrían su vulva y entre más jadeaba menos paraba de jugar con sus partes íntimas hasta que un orgasmo más se apoderó de su cuerpo, lucía en un colapso sexual, su mirada perdida, sus piernas tiesas y después sin fuerzas y con un último respiro, entonces, la besé intensamente. 

-Mapachita

martes, 4 de julio de 2017

...
Déjame bajarte la cremallera del pantalón, lo noto ajustado a tus partes, quiero liberarte de lo que tanto deseo para llenarla de besos , de saliva y frotarla con mis pequeñas manos. Quiero sentir su calor, su delicadeza y lo duro que se transforma a mi tacto, a mis movimientos, a mi boca.  La quiero sentir en mi cara, bendita suavidad y maligna la adicción que me lleva a necesitarla tanto; por todo mi cuerpo, por cada uno de mis orificios, me encanta poseerla y hacer con ella lo que me plazca, comerla, acariciarla, sumirla dentro de mí cuantas veces puedas y yo quiera.


La introduces en mi vagina y contraigo mis músculos para adaptarla mejor en mí, me hierve la piel y pido más, más fuerza, más metidas y es que me encanta, me vuelve loca, me droga, me excita, y esa mirada tuya me hipnotiza, el placer de ver que me fornicas me eleva a otros niveles, aumenta mi atracción, mi lívido, mis ganas y de todo lo que mi cuerpo desprende y de ti precisa.

Moja mi cara de tu esperma, deja que tu semilla encharque mi cara, antes de que me eyacules miraré tu rostro, después, cerraré mis ojos y sentiré lo caliente de tu semen, mi lengua saboreará de tus secreciones, me saciará la sed degustándote, lamiéndote, saboreándote. 



-Mapachita

sábado, 1 de julio de 2017


Parte II.
...
Román me embestía fuertemente y mis gemidos pasaban a ser gritos, cada vez que entraba su miembro en mi vagina, mi rostro describía dolor, temor, placer y confusión. Le pedía que se retirara, que no siguiera más pero eso le excitaba y continuaba haciéndome suya. Mis genitales desprendían calor, pulsaciones; algo de ardor. Desperté acelerada, mi corazón palpitaba precipitadamente y mis genitales seguían en su estado de excitación, había sido otro sueño más.

Tenía 2 llamas perdidas, eran de Lucero, le regresé la llamada, duramos como 5 minutos platicando, me marcaba porque me había conseguido una cita con un conocido de uno de sus novios. No tenía nada por hacer el siguiente día por lo que no le puse peros. Pero el hecho de imaginarme lo que había ocurrido con Gerardo aquella noche de alcohol me generaba nervios, no quería que esta cita llegara demasiado lejos porque no me sentía preparada por más que tuviera deseos pecaminosos. Quizá estaba exagerando pues solo sería una cita normal no era de que me fuera a prostituir la tarde siguiente. ¿Y si era feo?, miles de preguntas me venían a la cabeza.  

El día acabó, era ya la hora de vestirme para esperar a ese chico que Lucero había enviado a la casa y cuando por fin llegó, noté que no era de mi edad, sin embargo, no era tan viejo, además de que lucía muy pulcro y educado. Fuimos a comer, estuvimos riendo, contando chistes y conociéndonos, por supuesto. Me levanté para ir al baño y, ¡Oh, sorpresa!, me topé a Román, después de que pasaron días sin verlo, lo vi y fue tan cerca de mí, fue emocionante, tanto como para dejarme inmóvil. Me sonrió sutilmente a lo cual le respondí de igual forma, solo que más torpe. Entré al sanitario y miré fijamente el espejo, ahí lucía yo, con un vestido hermoso, cabello ondulado y ojos penetrantes, sonrojada por el momento que recién había pasado justamente afuera. Entré a orinar y al cerrar los ojos la piel se me estremeció, era imposible controlar todas las ganas que sentía por él, por experimentar, por conocer lo delicioso que se suponía que era el sexo pero él era inalcanzable.

Regresé a la mesa menos excitada y mi dialogo se volvió más soso de lo normal, mi acompañante, nombrado Everardo notó el cambio y decidió pagar la cuenta y llevarme a casa, durante el camino su mano acariciaba mi pierna, realmente es excitante el cosquilleo que se percibe pero me la quitaba de encima, aunque quería, debía abstenerme ante sus encantos y mis deseos. Al llegar y abrirme la puerta del auto para que bajara, se dispuso a retenerme sobre el lado de la puerta ya cerrada, queriendo probar mis labios y sus manos palpar todo mi cuerpo, su lengua era un torbellino en mi boca, me acarició sobre mis bragas, después las apartó y jugó con mi clítoris, sentía realmente rico, me estaba enloqueciendo con su perfecta manera de acariciarme, me zafé de él para que no prosiguiéramos a lo que tanto tenía ganas pero que evitaba y me arrastró hacia él, abrió la puerta del carro y me sentó, despegó mis piernas y hundió su cabeza en mí, la saliva inundaba mi vulva, me dejé llevar, pude disfrutar del oral que me estaba brindando, quería desprenderme de mi ropa y montarme sobre él, hacerlo delicioso sobre el auto pero no pasó de solo un oral. Dormí esa noche con una sonrisa en mi rostro, había avanzado ya un paso y los sueños con Román aún estaban presentes.

-Mapachita