Mi
nombre es Javier y me encanta el porno…
Veía
demasiada pornografía en mi tiempo libre, era excitante verle las caras a las
actrices mientras eran penetradas por sus parejas, observar cada facción de
ellas, escuchar cada gemido salir de sus tensas bocas y notar cómo sus pezones
cambiaban de color de acuerdo a su excitación; al principio eran grandes y
claros para después contraerse y oscurecerse, era ahí donde imaginaba mis
dientes acechándolos, quería comerlos y percibir su textura con mi lengua y
dientes.
Mi
vecina estaba preciosa, la fantaseaba todas mis noches vistiendo lencería en
tono rojo chillante, la idealizaba entre las sábanas de mi cama como también
entre mis piernas haciéndome un oral, era casi de mi edad, tenía unos 42 años
pero se mantenía en forma al igual que yo, intercambiábamos miradas y una que
otra palabra en los pasillos del edificio, cuando compartíamos el elevador me
la comía con la mirada y parecía no incomodarle, quizá porque ella sabía que
era guapa y a eso uno se acostumbra.
A solas le dedicaba mis orgasmos, quería desvestirla y llenarle el
cuerpo de esperma.
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Me
gustaba la pornografía donde podía verlas suplicar por su libertad, en donde el
control lo tenía el hombre, con sus bocas cerradas sin poder hablar, siendo
maltratadas como si solo se tratasen de un objeto sexual, un simple cuerpo a
disposición de un hombre hambriento de lujuria, cada vez tenía más ganas de
hacerlo realidad, debía tomar ya la iniciativa pero el miedo o la timidez me lo
impedía.
Fue
aquel 27 de Julio que por primera vez no la vi a solas, iba con una adolescente
de unos 17 o 18 años, ¡vaya sorpresa! Era muy hermosa, quedé perplejo, las
saludé amablemente y me la presentó como su hija, ahora iba vivir con ella. Me contó que antes era con su padre con quien vivía y no con Irene, su
madre, nos despedimos y quedé satisfecho de poder saludarlas pues no tenía
mucha comunicación con mi vecina pero no pude ignorarlas, lucían tan bellas y
moría de ganas por probarlas, aunque fuera solo a una de ellas. Ya no sabía si
era Irene o su hija quien me motivaba más para víctima de mis deseos carnales.
Pasaba más tiempo masturbándome solo imaginando situaciones sexuales. Era
momento de actuar.
Una noche decidí afrontar ese
maldito sentimiento de ganas e ira, salí de mi habitación y me dirigí hacia
casa de Irene, toqué la puerta en tres ocasiones hasta que pude ver como la
puerta estaba a punto de abrirse, mi corazón palpitaba rápidamente, ya no sabía
que se suponía que debería de decir, me arrepentí en ese momento pero era
demasiado tarde, abrió la hija.
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Y lo hizo, era fascinante la
sensación de que estuviera lamiéndome al momento en que sus lágrimas caían por
sus rojizas mejillas, estaba cumpliendo mis órdenes, no porque quisiera sino porque
no tenía otra opción mejor y eso me encantaba. Le pedí se dirigiera a su
recámara a gatas y la seguí, entramos y la acosté sobre la alfombra, quise que
siguiera devorándome. Tantas habían sido mis fantasías que debía aprovechar el momento, por segundos me preocupaba de que Irene irrumpiera en el departamento estropeando nuestro momento placentero, entonces debía apurarme y a la vez no quería.

El tiempo era un factor muy importante, sabía que era un iluso si
me disponía a cumplir la mayoría de fantasías que había pasado por mi mente en
mis tiempos de holgazanería en un determinado tiempo, entonces la arrojé hacia
la cama, la puse de espaldas y para pronto la despojé de sus prendas como de
las mías, había llegado el momento de penetrarla , entró en seco, no estaba lubricada
y se notaba en la fricción y el dolor que se presentaba pero el simple hecho de
saber que la estaba lastimando me provocaba más, se lo hice con lozanía y ella
no paraba de quejarse y sus quejidos eran alimento para saciar mi
perversidad, estaba al tope, quería eyacular, realmente no me sentía lleno, aún
estaba ese vacío acechándome pero era peligroso pasar más tiempo ahí en casa de Irene, decidí terminar y me vine dentro, su vagina ardía y yo estaba perdido en ese efímero orgasmo,
mismo que esta vez no había sido impulsado por una estúpida masturbación y el
porno de a casi diario. Me vestí, le aconsejé se vistiera de prisa y cerrara su
boca a menos que yo le pidiera se hincara entre mis piernas. Regresé a mi
habitación a ducharme y a volver a fantasear, esta hambre no había aún acabado, al parecer apenas estaba por comenzar.
-Mapachita








Te quedo genial, me encanta como se genera la situación.
ResponderEliminarOye, disculpa mi atrevimiento, podriamos en algun momento tener una charla por telefono, me gustaria platicar contigo. :)
Saludos
Hola Elías, gracias por leerme.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarGuau Corina... que buena fantasia en esta historia. Me identifica bastante con esto... yo sueño y pienso lo mismo en hacerlo pero contigo Mapachita... ojala te lo haga de la mejor manera dominandote. Sé que lo quieres y lo deseas... ojala te hable y puedas divertirme con ganas
ResponderEliminarMe agradó el relato... sigan publicando más
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