PARTE II
Bajo candado permanecía dentro de mi departamento
escuchando una de las magníficas composiciones de Chopin, me sentía extasiado mientras observaba la figura de Irene
sobre la alfombra, estaba hecha mierda. Me he tirado a su hija y ahora también
a ella, ¿quién iba decirlo? Soy afortunado, me la he rifado como el hdp que soy y eso hasta cierto punto me
enorgullece. Después de haber irrumpido en su departamento a follarme a su
niñita he sentido cómo una fuerza en mí se ha apoderado, fue una puerta hacia
un potencial de violencia sexual con el que he vivido reprimido pero hoy me
siento libre y durante la mañana he aprovechado la oportunidad de que la hija
ha salido a la escuela e Irene se había quedado en casa sin ir a trabajar,
estuve muy al pendiente desde temprano, pues no había podido conciliar el sueño
de tanto imaginar perversidades; la invité a casa a beber una taza de café para
charlar, no se imaginó que mis intereses realmente eran otros, tal vez sí pero
no a tal grado ni mucho menos con semejante violencia. Terminando el café hice lo
incorrecto, a menos para el resto, porque no para mí.
La golpeé con la taza en la cabeza pero no fue
suficiente, así que la bofeteé con dureza para que quedara semi inconsciente,
la ve que estuve en su apartamento robé el uniforme de su hija que más de
universidad parecía de colegiala de bachillerato, no era el único conjunto que
había así que qué más daba tomarlo, en ese momento no supe ni por qué lo hice
pero ahora pensándolo mejor sí que funcionaría.
Le quité la ropa para ponerle la de su hija, se veía
preciosa con uniforme, la llevé a la cama y me excité al levantarle la faldita
para follarla como perra en celo, la até de las manos mientras la penetraba
fuertemente, poco a poco comencé a sentirla más húmeda lo cual me volvía aún
más loco.
Quedó desnuda completamente en un abrir y cerrar de ojos,
la dominé por completo al tiempo en que me daba su cálida espalda, suave como
el algodón, mordía cada centímetro de ella y jadeaba de deseo y dolor. Cansado
de tal posición la acomodé de lado y continué penetrándola, la sensación era
alucinante, tanto que quería eyacular pero esperé, en momentos paraba y después
continuaba haciéndola mía, era un maravilloso espectáculo, tirándome a la buena
de mi vecina, aquella que parecía inalcanzable por tan sofisticada que se veía
pero ahora era mía al igual como ya lo había sido su hija. Preciosas las dos; quejumbrosas pero suertudas al tenerme a mí de amante llenándolas de satisfacción.
Se lo hice en la cama, en el suelo, en el sofá, mantenía
controlado mi pulso, mi respiración, no quería acabar tan rápido porque me
encanta disfrutar cada segundo y cada respiro desde su nariz y aliento.
Cada movimiento, cada gesto, cada reproche, cada beso,
todo me parecía perfecto, mi pene estaba caliente de tanta fricción junto a su
vagina, el sudor caía por mi rostro, sus lágrimas mojaban sus ojos, y solo
quería venirme ya, empaparle su cara o venirme dentro, cualquier opción era
buena.
No sé si era solo mi imaginación o era una magnífica
realidad pero parecía estar gozando. Siempre he creído que una violación
comienza algo violenta para la víctima pero está en ella que siga siendo
incómoda, dolorosa, terrible u optar por disfrutarla, porque es un placer que nos brindó la naturaleza, no tiene que ser tan malo y su cara me lo demostraba, sus jadeos
pasaron a ser gemidos y su vagina estaba súper lubricada; ya no mordía mis
labios al besarla, creo que sí era ya un hecho de que me estaba gozando como
yo estaba gozándola a ella. Y ahí estaba disfrutándolo Irene, mi delicioso postre después de que su hija
fue mi cena.







Me entraría tenerte en mi cama bocabajo con las manos atadas a la espalda y amordazada con duct tape y metiendotela por tus enormes pompis.
ResponderEliminarMe entraría tenerte en mi cama bocabajo con las manos atadas a la espalda y amordazada con duct tape y metiendotela por tus enormes pompis.
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