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martes, 18 de abril de 2017


Carlota es mi mejor amiga, acudí con ella a las pruebas de vestido de novias, le quedaban divinos, su figura es hermosa y cualquiera que se probaba se le veía asombroso. Regresamos a su casa para pasar a comer ya que toda la mañana anduvimos ocupadas, en ese mismo año contraería matrimonio con Armando, un hombre serio, seguro y muy alto. Así que mi amiga necesitaba de mi apoyo pues los preparativos iban a ser exhaustos. Preparamos un pollo al vapor acompañado de verduras, dialogando sobre cómo iba todo, me contaba que estaba enamoradísima de su prometido a pesar de tantos años juntos, 7 para ser exactos. Su relación era perfecta, se llevaban bien y era el momento justo para jurarse amor eterno dándose el Sí. Suena bonito ¿no?, todo un cuento de hadas. La verdad es que eran el uno para el otro y les deseaba toda la felicidad, yo por el contrario no había podido establecer ninguna relación, me encontraba soltera y sin interés alguno ya en buscar pareja.

Al terminar de comer me dirigí a la casa y al acostarme para descansar me entró una llamada de Armando, lo que me pareció raro, en fin, respondí y me preguntó si podríamos vernos en media hora, que pasaba por mí a la casa, le dije que estaba bien. Llegó y lo recibí afuera, nos sentamos a dialogar y me contó lo nervioso que estaba por la boda, la fecha se acercaba y estaba dudándola pero aún sabiendo que era lo correcto el casarse con Carlota. Le dije que era normal sentirse así pero si se veía con ella a futuro y la amaba pues todo iba a estar bien. Que solo era miedo a lo desconocido pero ya una vez que pasara iba a sentirse muy feliz. Se calmó un poco y me dio las gracias por brindarle la atención pues no tenía amigos cercanos para hablar sobre el tema. Le sonreí y me miró un largo tiempo, me sentí extraña pues no habíamos tenido esa cercanía y era demasiado atractivo. Me pidió el baño y lo hice pasar a casa. Me senté a esperarlo en el sofá mientras pensaba en ciertos pendientes que me tocaba realizar al día siguiente, también tomaba una copa de vino. Salió y me levanté enseguida para despedirlo, me dio un abrazo y al retirarse intentó darme un beso pero logré quitarme empujándolo hacia atrás. Pidió disculpas y se marchó.

Sé que fue rara la situación, sin embargo, dejé de lado ese momento, no debía darle tanta importancia pero también pensaba en que podría ser que no era el hombre adecuado para Carlota, en fin, así suelen ser la mayoría de los hombres y no les juzgo tanto; su instinto animal les domina.

Cené una fruta con un vaso de agua para no irme a acostar con el estómago tan lleno.

Caí en un sueño, sueño del cual empezaría un deseo carnal. Armando estaba besándome los labios y me decía al oído lo excitado que estaba de sentir mis pechos pegados a su cuerpo. Yo me sentía húmeda pero en eso aparecía Carlota y se llenaban sus ojos de lágrimas al ser traicionada por nosotros. Desperté acalorada y con ganas de besarme con Armando sabiendo que no era lo ideal. Volví a dormir.

Al día siguiente no dejé de recordar ese sueño, estaba consciente de que había ocurrido por la razón de que él intentó besarme esa noche y a pesar de que estuvo mal el sueño, no me lo quitaba de la cabeza. Esa tarde lo volví a ver pero ya lo observaba diferente, la química había aumentado y como es muy guapo no podía pensar en otra cosa que no fuera ese sueño nocturno con él. Lo saludé con normalidad, olía delicioso, vestía elegante, limpio y sus labios me incitaban al placer. Estuve muy atenta a lo que platicaba Carlota y en esa felicidad de Armando al escucharla también.

Pasaba gran tiempo con mi amiga y de vez en cuando me tocaba ver a Armando pero no a solas. Mis sueños me perseguían cada vez más figurándome a Armando sobre mí, yo sobre él o acostados de lado calentándonos nuestro cuerpo, por más que rechazaba esos sueños en mi cabeza, no se iban. Después tuve que evitar salir con Carlota si Armando estaría presente, no quería verlo porque ya las sensaciones me parecían muy incómodas, no podía sobrellevarlo.

Armando no me escribía, no me llamaba, actuaba como todo hombre debía de actuar estando en esa posición de compromiso y estaba bien pero ¿Por qué había intentado besarme aquella vez?, igual y se dejó llevar un poco y él sí pudo dejarlo de lado, no como yo, que me era imposible dejar de imaginarlo.

La fecha de la boda se acercaba y Carlota más me necesitaba, solía quedarme a dormir en su casa, charlábamos horas, reíamos, comíamos juntas y a veces me tocaba escucharla discutir con  Armando, pero dentro de lo normal, ambos estaban muy estresados lo cual era completamente entendible. Un miércoles salí a correr muy temprano, di unas cuantas vueltas al parque, disfrutaba de la naturaleza y esa mañana alegre y fresca, otras personas caminaban, algunas también corrían, las aves cantaban y mi sudor ya por mi cara escurría. Llegué a la casa, me dirigí a la regadera para tomar un baño, bajé mi ropa al igual que me deshice de la ropa interior, dejé al descubierto mi desnudo cuerpo, solté mi cabello y me hundí en esa agua hirviendo, el chorro de agua llenaba toda mi piel de calor, vapor y profundos deseos. Pasé mis manos por mis pechos, masajeándolos con delicadeza, bajé mi mano derecha y con mis dedos palpaba mi clítoris que con el agua caliente había ya endurecido, estaba demasiado excitada que no pude contenerme por masturbarme, introduje mis dedos en mi vagina pensando en que Armando lo hacía y no yo. Terminé en orgasmo, cansada y aún con enormes ganas. Me recosté sobre la cama.

Estaba boca abajo sin sostén y en bragas, había dejado la puerta abierta y es por esa razón que Armando pudo entrar sin ningún problema, sus dedos tocaban mis pies, subían por todas mis piernas hasta quedarse en mis ingles formando figuras irregulares con sus yemas, la sensación era placentera, mi respiración aumentaba y paró al momento en que hizo de lado mi ropa interior, en ese instante me giré hacia él, metió un dedo que predeterminadamente había saboreado con su lengua, gemí y pude sentir ahora dos, la fuerza ascendía y no me mantenía callada, mis gemidos podían traspasar las paredes, lagos, montañas. Tres dedos me penetraban y su lengua sobre mi clítoris ya se posicionaba, lo mordía con sus labios al mismo ritmo que me masturbaba. Son esas ambas cosas las que me matan, por consiguiente vino el orgasmo, mis piernas perdieron su fuerza, mis paredes vaginales se contraían entre sí y mi clítoris hinchaba en dolor… descansé un par de minutos. Sus pantalones estaban ya abajo, pasé mis dedos sobre sus bóxers, acariciándole la erección, no aguanté más y se la saqué, estaba dura, muy lista para ser lamida por mi boca, se la lamí por todos los lados con objetivo de lubricarla, con mi mano derecha la sujeté y empecé a masturbarlo, noté como el pre seminal comenzaba por salir de la uretra, volteé a verlo, sus ojos miraban hacia arriba y su boca entre abierta jadeaba un poco, metí su glande en mi boca para succionarlo con una ligera fuerza, mi lengua giraba alrededor de su cabeza, mi mano tiró hacía atrás su prepucio y su miembro se adentró más en mi boca, se lo chupaba al tiempo en que movía la piel que cubre todo su pene, el sabor era rico y sus jadeos me calentaban más. Lo hice más rápido y fuerte y entonces sentí su descarga, el semen se derramaba por mis labios y mi garganta pasaba el resto del esperma expulsado.

Desperté con mis partes íntimas calientes palpitantes, y sí, estaba sobre la cama, semidesnuda pero sin él. Había sido otro más de esos sueños que estaban atormentándome, me toqué las bragas y como era de esperarse estaban muy húmedas.

Era tanto el deseo de estar con él que pensé en llamarle e invitarlo a casa, pero la moral me inmovilizaba.

Se llegó el día de su boda, y Carlota ahí estaba, luciendo ese vestido color mármol, bien entallado y lujosa pedrería. ¿Qué decir de Armando?, bien peinado, vistiendo traje oscuro, zapato impecable y una sonrisa encantadora. Sus manos lucían impacientes, le sonreí de lejos, Carlota seguía en su habitación frente al espejo y yo ya la esperaba afuera, Armando estaba por irse pues tenía que llegar antes que su prometida, me acerqué a él después de la sonrisa que le brindé a distancia, no pude decirle nada pervertido, ni contarle esas ganas incontrolables que tenía de estar junto a él perdidos en la perversión, así que solo le abracé y le di las felicitaciones. Nuevamente las fantasías aparecieron al sentir su brazo pasar por mi cintura, otra vez percibir su olor y más que nada me alteraba la cercanía, podíamos estar en ese momento en mi recámara haciéndonos garras pero no, estábamos en situaciones diferentes y no éramos el uno para el otro;  Carlota era para él y Armando para ella. Era así de simple.

¿Podría seguir con esos pensamientos inmorales?, debía hacer algo puesto que el deseo se acabaría en el momento de realizarlo o peor aún, terminarían por desatarse aún más los deseos y jamás llenarlos. Lo triste es que el mal ya estaría hecho.
   


-Mapachita

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