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sábado, 8 de abril de 2017

Mi vecino
Esa noche él entró mientras yo estaba en la cocina
no me percaté de ningún ruido ya que picaba verdura para la cena
por lo que el ruido que yo provocaba no dejaba que me diera cuenta
de que mi vecino se las estaba ingeniando para entrar.
De unas semanas atrás él ya me echaba miradas sugestivas,
una ocasión se acercó a mi patio para hacerme una pregunta
demasiado boba, pero amablemente le respondí,
a veces me daba miedo verle a altas horas de la noche
cerca de mi jardín pero como somos vecino no quería
pensar que podría  robar cosas de mi casa, quizá andaría ocupándose
de cosas suyas en su patio que está junto al mío.
Su piel morena como la noche, bien formado, ojos penetrantes,
de esos que intimidan y más sabiendo que cuenta con un cuerpo
fornido y algo ejercitado, podría jurar que era raza de descendencia africana,
¡MALDITAS ETIQUETAS!, al parecer vivía solo y no llevaba mucho tiempo ahí,
solía salir sin playera, sin embargo, no captaba tanto mi atención,
prefiero los güeros para ser honesta además de que me daba desconfianza,
no por su color sino por esa actitud que cargaba consigo; altanero y algo enfermo.
Entró a la casa y lo supe cuando me sujetó por detrás, se pegó a mí susurrándome
palabras que no podía comprender de lo bajo que las decía, su aliento calentaba mi cuello
y orejas, no hice ningún movimiento, sus manos se colocaron sobre mi cadera,
se acercaba tanto a mi trasero que podía sentirlo caliente…
tocaba todo mi cuerpo estremecido por su presencia,
seguía yo inmutada, mi mente estaba pensando en cómo
quitármelo de encima pero era suficientemente fuerte como para que yo pudiera
pelear contra él. Grité en el momento que me jaló el cabello, mordió
mi espalda y me volteó hacia él, sus ojos me comían en el primer par de segundos
que los vi, tomó el cuchillo de mi mano y lo pasó entre mis labios,
reía en silencio quizá pensando en que me moría de miedo,
pidió me desabrochara la blusa pero no lo hice,
de pronto el cuchillo empezó a hacerlo, rasgándola hasta
que me dejó en sostén.
Los apretó con sus enormes manos, me quejé y quise zafarme de él,
 entonces fue ahí donde me hizo un ligero corte en la cara
como muestra de su poder, de que era capaz de hacer cualquier cosa
si intentaba hurí de él, me quedé quieta y sus manos seguían jugando
con mis senos, bajó mis pantalones y me acercó sus partes bajas,
podía percibir una exagerada dureza como un grande tamaño,
solo pensaba en que si me violaba quizá podría dejarme adolorida,
puesto que tenía ya tiempo sin mantener relaciones sexuales así que
estaba desacostumbrada, me tenía muy pegadita a él, estaba disfrutando
el tener a su presa de frente, su sonrisa era  grande con esos dientes color marfil,
con unos labios carnosos, comenzó a besarme, no de la manera que muchos acostumbran,
eran muy suaves y de buen sabor, sus dedos se colaron por mis bragas para masturbarme
y el momento en que me sintió lubricada vino lo impresionante,
sacó de sus pantalones su gran miembro; había visto penes grandes y hermosos
pero el de él, era gigante y demasiado grueso, él bien sabía que me iba asombrar
ya que en el momento en que me veía, llevaba el ego en su mirada.
¡Date la vuelta!, me ordenó con fuerte voz. Le di la espalda y su brazo hizo el trabajo de
acomodarme a su mayor comodidad, bajó mi ropa interior y su pene lo agitaba pegando en
mis nalgas, la verdad es que lo único que pensaba en ese momento era en que
estaba por penetrarme un trozo muy grande, oí que escupió sobre su mano
acto seguido, la pasó por mi vulva la cual tal vez y no queriendo tanto ya estaba en espera
de recibirlo…pujé en el instante en que intentó penetrarme,
mi vista comenzó a nublarse un poco por la razón de tensarme por el esfuerzo
que mi vecino estaba ejerciendo en mi vulva y vagina. Le dio con mayor fuerza
y es como pudo entrar la primera parte de su pene, esa fricción era increíble, 
a pesar que dolía un poco, el saber que la tenía grande, provocaba excitarme hasta que pude sentirla toda dentro de mí fue cuando la excitación pasó a ser demasiada, lo hacía delicioso,podía sentir sus testículos hirviendo golpeándome  al compás de su movimiento,
estiraba mi cabellera cada vez más fuerte, mis gemidos se potencializaban
impresionantemente, me llevó hacia el suelo poniéndome boca arriba con mis piernas sobre
sus hombros y seguía dándome duro, sus manos pellizcaban mis pezones, pasaba su lengua
por mi boca hasta descargarse por completo en mi cara.
No satisfecho con eso, regresando del baño y al paso de unos minutos
me mandó a peinarme y hacerme dos coletas, volví y justo en la sala me hincó,
metió su pene en mi boca para que se lo chupara mientras me sujetaba con sus manos
las dos colitas que me había hecho ya en el cabello, su miembro estaba delicioso,
con un sabor dulce, lo masturbaba con mis manos mientras mi boca
también jugaba el mismo rol, mi vecino, qué rico estaba el tipo.

-Mapachita




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