Fantasía lésbica
PARTE I.
Me había gustado
desde que la vi, su cabello era sedoso, sus manos pequeñas y una sonrisa que me
llevaba a imaginármela riendo sobre mis sábanas. Quería tocarle las tetas sobre
la blusa y percibir esos gemidos ocasionados por el placer de mis manos y el
cosquilleo de mi lengua. Era demasiado excitante y a la vez inocente, a sus 15
años ¿qué podía tener de experiencias sexuales?, si aún ni entraba a la prepa. Le llevaba tres años y muy apenas hablábamos,
yo suponía gustarle y quizá era eso la razón por la que empezaba a fantasear
con ella; seamos realistas, siempre estamos fantaseando en busca de nuevas
experiencias y más si nos sentimos deseados por los demás.
Ideaba mis
labios junto a los de ella, ambas besándonos sintiendo ligeramente nuestras
lenguas al tiempo en que mis dedos se entrelazaban en su cabello y sus manos rodeaban
mi cintura. Deseaba tenerla. Un par de noches me recosté sobre la cama, la inventaba en mi cabeza, veía cómo sus manos acariciaban mis pezones y mientras lo creía yo me masturbaba, me acariciaba el clítoris mientras me mordía los labios de tan extasiada que estaba.
Fui a su casa a
pasar solo a saludarla, puesto que vivía a solo unas cuadras, me inventé un
motivo, creí sería buena idea llevarle un trozo de pastel, su madre me dejó
entrar y me dirigió hacia la recámara de su hija, ella se levantó de la cama y
me saludó con gusto, tenía cuadernos tirados, un plato de comida, servilletas
sucias, realmente un desorden de puberta. Nos saludamos de beso y su mamá pasó a
retirarse, me senté en un pequeño sofá junto a su cama y ella alegremente me
contaba algunas situaciones que había recién tenido y sonreía; como lo dije
antes, me parecía exageradamente linda, vi como sus piernas me invitaban a
acariciarlas y al subir la mirada notaba su falda a cuadros, tenía ganas de
quitársela y perderme en su ropa interior, saborear lo que había ahí en su
centro de vida, recorrer lo que nadie aún recorría para después deshacerme de
toda su ropa, moría horriblemente por estar sobre ella, besarle toda, probarla
entera, masturbarla con delicadeza, ya no sabía lo que decía, cada instante la escuchaba menos, estaba perdida
fantaseando con ella, pensando en hacerla mía, quitarle la inocencia, mojarme con ella, más que fantasía ya era una puta urgencia…
-Mapachita




Tienes un relato tuyo siendo atada y amordazada,algo como un captor que tiene la fantasia de atarte y hacerte el amor.
ResponderEliminarTengo una idea si hacemos un relato los dos? yo el captor y tu la damisela a quien voy atar?
ResponderEliminarEl amor por la carne es el reconocimiento de la otredad. Es la forma más sincera del hombre para entregarse al mundo. Si hay divinidad en nosotros la carnalidad es la expresión de ella. Dichosos sean los frutos del cuerpo.
ResponderEliminartodos los relatos son 100% tullos?
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